La atmósfera en el Cono Sur comenzó a configurarse de una manera particular, preparando el escenario para lo que podría ser uno de los eventos de calor más persistentes de este verano 2026. Es la estación, claro, pero la magnitud del fenómeno está asentada en la dinámica del aire sobre la región. En particular, la ciudad de Rosario.
El actual estado atmosférico se debe a una combinación de factores que funcionan «como una maquinaria perfecta de calentamiento«, describe el sitio especializado Meteored. Por un lado, las altas presiones posicionadas sobre el Océano Atlántico, que actúan como un «motor» que impulsa aire cálido de forma constante desde el norte hacia el centro del país.
El factor determinante, sin embargo, es la subsidencia. Este fenómeno ocurre cuando el aire en las capas altas de la atmósfera desciende. Al bajar, el aire se comprime debido al aumento de la presión atmosférica y, por un proceso físico llamado calentamiento adiabático, su temperatura aumenta.
Este aire descendente no solo calienta la zona cercana a la superficie, sino que también funciona como un «muro» o bloqueo atmosférico: impide que los frentes fríos que intentan avanzar desde la Patagonia se desplacen hacia el norte.
Cuidado con la deshidratación
A diferencia del calor húmedo, que «pega» el sudor a la piel porque la atmósfera está saturada de humedad y no lo puede absorber, el aire seco evapora la transpiración casi al instante. Este mecanismo refresca el cuerpo de forma eficiente, porque el cambio de estado de líquido a vapor del sudor le «roba» temperatura para producirse. Pero tiene una contra para la salud: el organismo pierde agua y sales minerales de manera acelerada sin la señal de alerta de estar «empapado».
Y al no sentir ese «agobio» del vapor, la señal de sed suele retrasarse. Eso facilita cuadros de deshidratación severa y agotamiento térmico antes de que la persona advierta el riesgo.
Calores secos, pero no por mucho
Además, este proceso de subsidencia favorece los cielos despejados, lo que en pleno enero se traduce en muchas horas de radiación solar directa sobre el suelo.
Por ahora, este descenso del aire mantiene la atmósfera seca en el centro del país, lo que evita que la sensación térmica se dispare por encima de los valores reales del termómetro. Y entonces, pese a todo, la alta temperatura es «seca y no tan incómoda».
Hasta este viernes inclusive, el foco de las temperaturas más extremas se mantendrá en el oeste y noroeste: Cuyo, Catamarca, La Rioja, La Pampa y el norte de Córdoba, junto con sectores del Litoral y el Chaco, verán máximas de entre 35 °C y 42 °C.
Sin embargo, el panorama se volverá más pesado durante el fin de semana. El centro de alta presión se desplazará levemente hacia el este, cambiando la procedencia del viento y permitiendo el ingreso de una masa de aire mucho más húmeda desde el trópico.
Lo que se viene

- Sábado, domingo y lunes: el calor húmedo se extenderá hacia la región pampeana y el norte de la Patagonia.
- Humedad en ascenso: la sensación térmica comenzará a jugar un rol clave, pudiendo alcanzar los 40 °C en zonas como el AMBA y el resto de la franja central.
- Noches tropicales: las mínimas no bajarán de los 24 °C o 25 °C, lo que anula la posibilidad de que las viviendas se enfríen naturalmente durante la madrugada.
El Servicio Meteorológico Nacional mantiene vigentes alertas por temperaturas extremas. Cuando estas alertas suben de nivel (amarillo a naranja o rojo), el riesgo para la salud ya no se limita solo a los grupos de riesgo (bebés y adultos mayores), sino que puede afectar a personas jóvenes y sanas.
El alivio real, aunque no sea un cambio de masa de aire rotundo, recién asoma para el martes 27 con el avance de un frente muy débil que podría traer tormentas y un descenso térmico moderado.
Cómo detectar un golpe de calor y evitar consecuencias graves
El golpe de calor es el cuadro más grave derivado de las altas temperaturas y ocurre cuando el sistema de termorregulación del cuerpo colapsa, elevando la temperatura interna por encima de los 40°C. Ante la incapacidad de enfriarse por sí solo, el organismo entra en una situación de emergencia que requiere atención inmediata.
Los síntomas suelen aparecer de forma repentina y pueden variar, pero los más frecuentes incluyen:
- Piel roja y caliente: a diferencia del agotamiento por calor, aquí la persona suele dejar de sudar.
- Alteraciones neurológicas: confusión, agitación, habla confusa o pérdida del conocimiento.
- Malestar físico intenso: dolor de cabeza palpitante, náuseas, vómitos y pulso rápido y fuerte.
Ante la presencia de estos signos, es vital llamar a emergencias. Mientras llega la asistencia, hay que trasladar a la persona a un lugar fresco y a la sombra, enfriar el cuerpo con agua fría (ducha, manguera o paños húmedos) y abanicarla para favorecer la evaporación. Si está consciente, se le puede ofrecer agua fresca, pero nunca suministrar medicamentos antifebriles, ya que no son efectivos para el calor ambiental y pueden empeorar el cuadro.