La congresista demócrata Ilhan Omar fue víctima de un atentado en el norte de Mineápolis, cuando un hombre identificado como Anthony James Kazmierczak, de 55 años, utilizó una jeringa para rociar una sustancia química de olor agrio sobre la legisladora. El ataque ocurrió frente a unas 100 personas durante una reunión comunitaria.
A pesar del incidente, Omar salió ilesa y reafirmó su compromiso con la comunidad al declarar: “Soy una sobreviviente, así que este pequeño agitador no me va a intimidar”.
Contexto: crisis migratoria y tiroteos recientes
El atentado se produjo en un ambiente de fuerte tensión social en Minnesota, marcado por la presencia creciente de agentes federales de inmigración, conocidos como ICE. La reunión buscaba informar a la comunidad tras dos asesinatos cometidos por agentes de inmigración, que dejaron como víctimas a la poeta Renee Good y al enfermero de veteranos de guerra Alex Pretti, ambos ciudadanos estadounidenses.
Minutos antes del ataque, Omar había elevado el tono político exigiendo la abolición del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) y el juicio político contra la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem.
Polarización política y antecedentes de hostilidad
La figura de Ilhan Omar, primera somalí-estadounidense en el Congreso desde 2019, ha sido un símbolo de la polarización política en Estados Unidos.
Entre los antecedentes más relevantes destacan:
- Amenazas de muerte: tras un video difundido en 2019 por Donald Trump que vinculaba a Omar con los ataques del 11 de septiembre.
- Retórica de deportación: en enero de 2026, Trump sugirió en redes sociales que Omar debería ser encarcelada o “enviada de regreso a Somalia”.
- Control migratorio como represalia: analistas señalan que el despliegue de agentes migratorios en Minnesota responde a una estrategia punitiva contra Omar y su base electoral.
Reacciones y condena pública
El agresor enfrenta cargos de agresión en tercer grado y justificó su acción alegando que Omar estaba “enfrentándonos”. Este hecho refleja cómo la confrontación política ha escalado hasta poner en riesgo la seguridad física de representantes públicos.
El alcalde de Mineápolis, Jacob Frey, condenó el ataque y subrayó que, aunque la discrepancia política es legítima, la violencia y la intimidación no tienen cabida en la ciudad.