En el marco del descrédito de las mediciones del Indec, una consultora privada relevó los precios durante la primera semana de este febrero y expuso una aceleración de incrementos que ponen en jaque el principal activo comunicacional del Gobierno. Según el trabajo de LCG, el ítem alimentos y bebidas pegó un salto del 2,5% en apenas siete días. Se trata del incremento semanal más elevado desde marzo de 2024.
La decisión oficial de postergar la entrada en vigencia de una metodología actualizada de medición de precios le jugará en contra al Ejecutivo.
Es que la fórmula ya obsoleta que el presidente Javier Milei ordenó mantener, en base a ponderaciones de consumo determinadas hace 22 años, le asigna mayor peso en el índice general al rubro de los alimentos. Y por eso, si no media nueva intervención sobre el ente estadístico que se supone independiente, la disparada de comestibles impactará con fuerza en el número final de la inflación del segundo mes de 2026.

El rubro Alimentos y bebidas no alcohólicas ya había aumentado por encima de la inflación general en diciembre: 3,1% contra el promedio del 2,8%, según el Indec. Otros rubros que subieron por encima del nivel general, que la fórmula vigente subregistra respecto de los consumos actuales, fueron Transporte (4%), y Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (3,4%). Una tendencia.
Los que más aumentaron

El desglose del relevamiento de LCG sobre la primera semana de febrero muestra aumentos muy por encima del promedio en rubros sensibles de la canasta básica.
El ranking de los primeros siete días del mes fue liderado por:
- Bebidas e infusiones: Se dispararon un 7,3%.
- Panificación, cereales y pastas: Registraron un alza del 6,0%.
- Lácteos y huevos: Aumentaron un 2,3%.
En la vereda opuesta, los únicos rubros que mostraron deflación y ayudaron a moderar el promedio fueron los aceites (-0,1%) y las frutas (-0,9%).
Presión sobre el índice
El informe advierte que, si esta tendencia se consolida en las próximas semanas, sumará una fuerte presión al IPC de febrero, que ya carga con el impacto de los aumentos en las tarifas de servicios públicos por la quita de subsidios.
La aceleración de precios en góndola contradice la expectativa de desaceleración lineal y expone la volatilidad que aún persiste en el mercado de consumo masivo, justo cuando el Indec quedó en el centro de la tormenta política por la suspensión de su modernización estadística.