Desde la tribuna, por David Ferrara, con fotos de Juan José García
Arrancó Central. La descomunal jerarquía de Ángel Di María tiene un efecto sanador para las dudas que acosaron al Canalla en el inicio del torneo. Cuando Fideo encuentra su ritmo, su fútbol, ya no importa qué planteo escoge Almirón, si pone cinco o cuatro atrás, si mete triple cinco o si va con dos nueves y uno de ellos es Copetti. La gente así lo entendió y por eso bañó de aplausos a todos, a los que ama y a los que mira de reojo.
Un plantel de calidad como tiene el Canalla no podía tardar en adaptarse a los planteos y poco a poco a pesar del vaivén permanente de esquemas y los cambios o no cambios de su DT, halló su forma, encontró sus maneras, y, claro, disfruta de sus fuera de serie.
Esta vez volcado hacia los costados, sobre todo por la derecha, Di María fue una pesadilla para Barracas en el desborde, la diagonal al centro y la conducción. ¿Lo malo? Sin Campaz o un delantero por afuera, todo Central juega por él, para él y desde él, pero es una tentación irresistible.
La velocidad de Ovando y Ávila ayuda a ocupar espacios y por ahora no se siente la falta de altura en la pelota parada, mientras que Ibarra se ganó el cariño absoluto de la gente y pasó a Veliz en el ránking de aplausos que encabeza el Fideo. Lo de Franco es impresionante, sin dudas el mejor volante central del fútbol argentino en la actualidad (lamebotas de Paredes abstenerse).

La pelota no quiso entrar en el primer tiempo, los mil pases filtrados de Di María no encontraron una diagonal resolutiva y Miño (se acuerdan???) pudo contener siempre.
Pero en el segundo tiempo Central fue una pesadilla, terminó de borrar de la cancha a Barracas, que se la dio de guapo y de hacer tiempo (Insua es el prototipo de jugador odiable, desde el pelo hasta los botines), pero esta vez nada los salvó. Lo que no pudo Di María con el olímpico y el remate al travesaño, lo concretó al fin Copetti, que en lugar de festejarlo con Angelito, eligió hacerse el picante con la platea en una muestra más de su impericia en todo campo que intenta recorrer.

Pero incluso esta afrenta inconcebible de un jugador proporcionalmente bien tratado (se fue aplaudido) a pesar de su pésimo rendimiento quedaría en el olvido absoluto por la magia de Di María y su hipnótica actuación, tal vez la mejor de un jugador cualquiera en el torneo y absurdamente reiterada. Tan reiterada que si Scaloni lo llama para jugar el Mundial nadie podría siquiera dudarlo.
Fideo la estaba rompiendo, pero su antológico gol por encima del arquero terminó de armar la medianoche de locura canalla, que cumplió con las ovaciones, mostró el repertorio en la previa del clásico, y le mojó la nuca a un Barracas que fue una sombra. Sólo faltó Veliz para sumarse a la fiesta, pero lo mejor está por venir. Arrancó Central, ponga lo que ponga y cómo los ponga Almirón. En la cancha juega Ángel.