En un mundo donde la brecha entre quienes tienen oportunidades y quienes apenas pueden aspirar a ellas se ensancha cada día, el Día Mundial de la Justicia Social irrumpe este 20 de febrero como un recordatorio incómodo pero necesario. No es una fecha simbólica más en el calendario internacional: es un toque de atención global.
La ONU advierte que, sin un compromiso real con la igualdad y la dignidad humana, el futuro de millones de personas quedará marcado por la exclusión y la precariedad.
Aunque Naciones Unidas instauró esta jornada para promover la igualdad de oportunidades, el contexto actual ha elevado su importancia a un nivel que pocos imaginaban hace apenas una década. Hoy, la justicia social no es solo un ideal ético, se ha convertido en un factor determinante para la estabilidad mundial. La ONU advierte que las sociedades que no garantizan derechos básicos, empleo digno y protección social están más expuestas a tensiones internas, polarización y conflictos prolongados.
Las sucesivas crisis económicas han dejado al descubierto la fragilidad de millones de hogares, incluso en países con altos niveles de desarrollo. La inflación, la precarización del empleo y el encarecimiento del acceso a la vivienda han ampliado las brechas entre quienes pueden sostener un proyecto de vida y quienes viven en una incertidumbre permanente. A esto se suman los conflictos armados y las crisis humanitarias, que desplazan a poblaciones enteras y saturan los sistemas de protección social de los países receptores.
Las sucesivas crisis económicas han dejado al descubierto la fragilidad de millones de hogares
La transformación del mercado laboral añade otra capa de complejidad. La automatización, la digitalización acelerada y la expansión de modelos de trabajo inestables —como la economía de plataformas— están redefiniendo qué significa tener un empleo digno. La ONU alerta de que, sin políticas activas de formación, reconversión profesional y protección laboral, millones de trabajadores podrían quedar excluidos de las nuevas oportunidades económicas.
A todo ello se suma el debilitamiento de los sistemas de protección social en numerosos países. La reducción de inversiones públicas, el envejecimiento de la población y la falta de cobertura universal han generado brechas que afectan especialmente a jóvenes, mujeres, migrantes y personas con discapacidad. Naciones Unidas insiste en que estas desigualdades no son fallos puntuales del sistema, sino problemas estructurales que se reproducen y profundizan si no se abordan con políticas integrales y sostenidas en el tiempo.
En este escenario, la justicia social se convierte en un eje imprescindible para garantizar cohesión social, estabilidad política y desarrollo sostenible. La ONU recuerda que no se trata solo de corregir desigualdades, sino de construir sociedades capaces de ofrecer oportunidades reales a todas las personas, independientemente de su origen, género o condición socioeconómica.
Compromisos renovados
Este año, la conmemoración está influida por los compromisos renovados en la Declaración Política de Doha, adoptada tras la Segunda Cumbre Mundial para el Desarrollo Social. En ella, los Estados reafirmaron tres pilares que la ONU considera inseparables: erradicar la pobreza, garantizar trabajo decente y promover la inclusión social. La organización insiste en que estos principios no pueden quedarse en declaraciones, sino traducirse en políticas públicas capaces de reducir brechas y proteger a quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad.
La ONU también subraya que la justicia social no se limita al ámbito económico. Abarca la igualdad de género, el acceso a la educación, la participación política, la protección de los derechos laborales y la eliminación de cualquier forma de discriminación. En un momento en el que la automatización y los cambios tecnológicos están redefiniendo el empleo, la organización advierte que millones de personas podrían quedar atrás si no se adoptan medidas inclusivas.
Más allá de los grandes acuerdos internacionales, la ONU recuerda que la justicia social se construye en lo cotidiano: en las aulas, en los centros de trabajo, en la distribución de recursos y en la forma en que las sociedades protegen a quienes más lo necesitan. La desigualdad, señala la organización, «no solo genera injusticia, sino también desconfianza institucional y tensiones sociales que pueden derivar en inestabilidad».
En este 20 de febrero, el mensaje es claro: la justicia social no es un ideal lejano, sino una urgencia global. La ONU llama a gobiernos, instituciones y ciudadanía a renovar esfuerzos para construir sociedades más equitativas, resilientes y cohesionadas. Porque, como insiste la organización, sin justicia social no hay paz duradera ni desarrollo sostenible.
Fuente: Revista Perfiles