Si la mirada pasara sólo por los resultados, por la bronca lógica de perder, el Central de Almirón estaría en un problema, porque en apenas un puñado de semanas en el club ya perdió la misma cantidad de partidos que su antecesor en toda su campaña en etapa clasificatoria. Pero claro, habrá que reconocer que desde lo futbolístico no hizo un mal partido ante Talleres y que a veces no se traduce en gol lo que se genera. Ahora, con el contexto completo, preocupa ser permeable, preocupa que pase seguido y preocupa la poca capacidad de reacción para un equipo con variantes y jerarquía.
Sería redundante analizar factores ya conversados en estas líneas, sobre todo porque el clima de bronca por la derrota mutó el alegría y emoción en la mañana del sábado con una noticia que bien podría haber salido del cajón archivado para algún 28 de diciembre. Pero no es broma, no es mentira, es ilusión. Marco Ruben se reactivó y volverá a ponerse la camiseta de Central. Los cómo, los cuándo y los dónde todavía están por verse, pero salvo algunos que elegirán acurrucarse en el costado de la lógica y vean con mala cara ponerlo tras dos años del retiro, el resto escogerá el amor y creerán. Y se sabe, Central suele estar siempre del lado de la pasión y el amor, y pocas veces en el de la lógica.
La conexión esperada con Di María parece que se dará, parece que se dará también en la Copa Libertadores y que ayudará a descomprimir, a ganar adeptos, a sumarle puntos a ese sueño inmenso.
Después, en lo terrenal, la falta de gol es una realidad que golpea, y perder seguido no es sencillo para un ambiente bien acostumbrado en el último tiempo a que sean casi todas buenas.
Pero imposible tener un fin de semana preocupado cuando el amor hizo su tarea con Marco.