Rosario, lunes 09 de marzo de 2026
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Rosario, lunes 09 de marzo de 2026

Ni héroe, ni villano: la “novela” de Nahuel Gallo que puso al desnudo la inoperancia gubernamental y la interna entre Karina y Bullrich

Las desprolijidades del cabo de Gendarmería y el error oficial de autorizar el viaje “para visitar a su hijo en Venezuela”, derivaron en un absurdo conflicto diplomático entre ambos gobiernos, cuando la relación ya estaba rota
Ni héroe, ni villano: la “novela” de Nahuel Gallo que puso al desnudo la inoperancia gubernamental y la interna entre Karina y Bullrich

Por: Ivy Cángaro y Mauro Federico / Fuente: dataclave.com.ar 

En diciembre de 2024 el gendarme Nahuel Gallo decidió pedir permiso a sus superiores para viajar al extranjero. Por entonces era parte del Escuadrón 27 de Uspallata, custodiaba el paso fronterizo entre Chile y Argentina y gozaba de una licencia anual, por lo que con tiempo libre, puso proa a los impulsos del corazón que, en su caso, parecen ser muchos. Por redes sociales había conocido a una venezolana con quien el intercambio por chat era insuficiente. Como su pareja también es de esa nacionalidad y por entonces estaba en su país de origen junto al hijo de ambos, que mejor que matar dos pájaros de un tiro y viajar él también para conocer a una y reencontrarse con la otra.

El primer obstáculo fue que no era probable que le dieran permiso para viajar a un país con el que el gobierno había quebrado relaciones diplomáticas solo seis meses antes, luego de que Javier Milei denunció un supuesto fraude en las elecciones y el gobierno bolivariano expulsara al personal diplomático argentino. Para diciembre ambos países vivían el epítome de una escalada de bravatas entre Nicolás Maduro y el presidente argentino.

Gallo sabía que los aviones nacionales tenían vedado el espacio aéreo venezolano, por lo que para llegar hasta Caracas debía pisar, primero, suelo colombiano. Gallo siguió los pasos procesales que involucran a por lo menos cuatro jefes, y ninguno preguntó mucho acerca del motivo de su viaje, por lo que con el aval firmado de Germán Carlos Wacker, Director Nacional de Personal de Gendarmería, el 7 de diciembre llegó a Cúcuta en un vuelo de Avianca, desde donde se dirigió al paso fronterizo “Simón Bolivar”, con la intención de llegar a Venezuela por el puente internacional que une ambo países.

Con su mochila cargada de ilusiones intentó cruzar el puente, para supuestamente reencontrarse con su familia. Sin embargo, Gendarmería lo había autorizado para salir del país, pero no para ingresar a otro con el que Argentina no tiene relaciones diplomáticas y con el que transitaba una fuerte tensión política. Por eso, al intentar pasar por los controles migratorios esgrimió un motivo personal y presentó una “carta de invitación” firmada por María Alexandra Gómez García -madre de su hijo- donde se notificaban los motivos del viaje.

Los agentes de migraciones lo retuvieron y revisaron sus pertenencias, entre ellas, su teléfono celular. Allí encontraron varios mensajes con la madre de su hijo que le decía: “Nahuel, el país se está yendo a la mierda. Tenemos un Gobierno horrible. Tenemos una dictadura”.

Según fuentes con acceso a la investigación abierta en Venezuela, los intercambios que más llamaron la atención fueron los que mantuvo con otra mujera quien seguramente quería deslumbrar diciéndole que debía llegar a Venezuela para cumplir una misión encomendada por el gobierno argentino;  a los que se sumaron mensajes con otros miembros de su fuerza, de menor, igual y mayor rango, incluyendo el permiso de Wacker.

Tomó la posta la Dirección General de Contrainteligencia Militar, teniendo en cuenta que Gallo es gendarme y lo trasladaron en una camioneta del organismo desde San Cristóbal -a treinta kilómetros de Táchira- hasta Caracas. Más de doce horas de viaje por ruta empezaron a desmoralizar al gendarme argentino, que no terminaba de entender qué le había pasado. Para Venezuela Gallo era un espía. 

La idea tenía sentido: en ese momento en la sede de la que había sido la embajada argentina se alojaban seis disidentes del régimen de Maduro, que llevaban más de nueve meses en el edificio sin luz ni agua. Liderados por Pedro Urruchurtu, el coordinador internacional de la campaña de María Corina Machado y Edmundo González, vivían en la precariedad diplomática Magalli Meda, la directora de campaña; Omar GonzálezClaudia Macero y Humberto Villalobos, colaboradores del partido Vente Venezuela, que lidera Machado; y Fernando Martínez Mottola, exministro y asesor de la Plataforma Unitaria Democrática que por esos días decidió acordar con el gobierno de Maduro algún tipo de colaboración que le permitió el regreso a su casa, donde falleció poco tiempo después. Mottola habría declarado que dentro de la embajada había agentes de fuerzas extranjeras operando contra la soberanía venezolana, lo que avaló de alguna manera las supuestas acciones del gobierno argentino.

Algunas fuentes relacionadas a la seguridad argentina adhieren a la idea de que Gallo fue enviado específicamente por Patricia Bullrich a hacer tareas de inteligencia en las cercanías de la Embajada, a la que nunca pudo llegar: la entonces ministra presumía que dentro de la sede podía haber algunos argentinos e, incluso, agentes del gobierno de Israel, y quería estar al tanto de lo que allí sucedía y, en lo posible, poder colaborar en un operativo de “extracción” para difundir propagandísticamente esas acciones.

Se hablaba, incluso, de un contacto local con el que Gallo debía reportar, apodado “El Reno”, quien sería el encargado de impartir las instrucciones para el supuesto operativo de rescate. Bullrich misma se encargó de desmentir la especie, aunque nunca se sabe cuanto de verdad hay en sus declaraciones. Puntualmente dijo una semana después de la aprensión de Gallo: “Él fue de visita después de siete meses que no veía a su hijo. Entonces realmente de ahí poder inferir que era un espía de la Argentina que manda un gendarme por un paso legal diciendo que es gendarme con sus credenciales de gendarme, es una estupidez. Seríamos muy malos en inteligencia si hiciéramos eso”. 

Para entonces el edificio estaba rodeado de agentes de las fuerzas de seguridad locales, que incluso incursionaron en casas vecinas, que desalojaron para tener mayor control de la zona. Nada ni nadie ingresaba ni salía de la sede diplomática que no contaba con servicios básicos, y donde la comida era severamente requisada en su ingreso.

Por tal razón, cuando el Gendarme apareció en el radar, la idea de que fuera un agente de espionaje tenía total sentido si no fuera porque Gallo y todo el andamiaje que permitió que llegase hasta Venezuela no fuera más digno de una novela de Osvaldo Soriano que de las más altas cumbres de la inteligencia internacional.

Quince meses en la prisión de El Rodeo, a pocos kilómetros de Caracas, pasó Gallo debatiéndose entre sus sueños de libertad, los vaivenes amorosos que salieron a la luz, la interna entre su propia familia y, sobre todo, el desvelo por saber si el gobierno argentino estaba haciendo por él algo más que posteos en Twitter. Poco sabía y no tenía las luces suficientes como para intuir que él se había convertido en un grano purulento que nadie quería reventar, pero que era incómodo para todos.

Dentro del gobierno y especialmente de Gendarmería, los recelos y la puja de intereses estaban a la orden desde el primer día, y se hicieron evidentes cuando el gendarme, entre gallos y medianoche, llegó a la Argentina minutos antes de que Milei iniciara las sesiones en el Congreso, sin que ni él ni nadie tuviera la menor idea del regreso gestionado por la diplomacia parlamentaria -encarnada en el rol que cumplieron la diputada Marcela Pagano y el exembajador Oscar Laborde- y los directivos de la Asociación Argentina de Fútbol (AFA) que pusieron a disposición de la repatriación los buenos oficios de la diplomacia deportiva y un avión privado.

La mayoría sostiene que el gobierno no tenía ninguna información de esta negociación previa que culminó con la llegada del Gendarme, para opacar el momento estelar de Milei. Otros, en cambio, afirman que no solo algunos integrantes del Ejecutivo y ahora también del Legislativo estaban al corriente sino que, además, hicieron todo lo posible por evitar el traslado pues preferían a Gallo silenciado. 

La construcción de un Frankestein libertario

Si Gallo no fue hasta Venezuela por motu propio sino motivado por una acción de inteligencia o de acción directa, resta saber no solo cuál era esa misión sino y sobre todo, quién se la encomendó y por qué. 

Una fuente de amplia experiencia del Edificio Centinela asegura que Gallo era un mensajero que debía llegar a la embajada bajo la pantalla de ser el marido de una venezolana quien, además, es militante de algunas organizaciones antichavistas y actuar como pivote entre el interior de la sede y el afuera, para generar disturbios de falsa bandera con el fin de una intervención militar como las que en otros tiempos hizo Estados Unidos, por ejemplo, en Irán.

Siempre según esta versión, Gallo debía coordinar acciones con un equipo liderado por el comisario exiliado Iván Simonovis (El Reno) para llevar a cabo esa supuesta operación entre el 13 y el 25 de diciembre. Y habría aceptado la misión por varias razones: mejorar su capacidad económica, totalmente depreciada por un sueldo cada vez más escaso, ambición de poder, y una característica que casi todos los que lo conocen destacan: su escasa capacidad deductiva, que lo hace fácil presa de la manipulación. 

Si el rescate sucedía, él se convertiría en héroe para varias naciones y Patricia Bullrich, quien -siempre según esta fuente-  habría ideado la trama, una mujer valiente a quien el Ministerio ya le quedaba chico. Claudio Brilloni, el director de Gendarmería y alfil bullrichista, habría estado de acuerdo.

En ese cuadro de situación el silencio de Gallo, si el plan era exitoso, estaba asegurado a fuerza de ascensos y dinero. Pero salió mal, o mejor dicho nunca se concretó y el gendarme estuvo 448 días preso presumiendo que nadie reclamaba por él porque lo preferían muerto o eternamente bajo rejas.

Para colmo de males sucedió un imprevisto, algunos se metieron por la ventana y negociaron su rescate, digno nuevamente de una novela de Soriano: Gallo regresó a Argentina en un vuelo financiado por la AFA luego de la negociación por su liberación entre el máximo dirigente argentino de esa institución,  Claudio “El Chiqui” Tapia, y su par venezolano Jorge Jimenez, que resolvieron el asunto directamente con la presidenta venezolana, Delcy Rodríguez, y la mediación de la diputada argentina Marcela Pagano. Llegó acompañado por el presidente del Club Deportivo Armenio Luciano Nakis y por el ex presidente del Club Estudiantes de Caseros, Fernando “El Gaucho” Isla Casares, ambos integrantes de la Asociación Argentina de Fútbol, luego de varias horas de viaje en las que hasta tomó mate con los pilotos. “Todo lo que entorpecieron desde Cancillería lo desactivamos desde el sentido común” , dijo la diputada Pagano.

Mientras, en Argentina, la estupefacción del gobierno ante la noticia difundida por un posteo de la AFA en X, hizo que el eje de atención se corriera de la apertura de sesiones al aeropuerto internacional de Ezeiza, donde ya esperaban al gendarme desde las dos de la madrugada su esposa María Alexandra Gómez García y su niño y la madre de Gallo, Griselda Heredia.

Las dos mujeres no tienen buena relación. Si bien la pareja -no están casados oficialmente- fue un factor importante en el lobby por la liberación y llegó a reunirse con la líder opositora venezolana Elisa Trotta y el embajador norteamericano en Argentina Peter Lamelas; la madre desconfió siempre de los vínculos de su nuera y prefirió recurrir a Patricia Bullrich y al gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, quien habría ejercido una influencia sobre la mujer, al aconsejarle no viajar ni hacer nada por su cuenta sin considerar que podría morir o terminar presa en el intento.

Gómez García es venezolana, no está casada con Gallo y por ende no pudo cobrar los sueldos de Gendarmería mientras él estuvo preso; de todos modos la fuerza compensó la falta con un puesto en el Casino de Suboficiales de Gendarmería, donde cumple tareas administrativas y con un DNI argentino expedido a toda velocidad ni bien llegó desde Caracas, vía Bogotá, traída por el gobierno.

A las cuatro de la mañana, cuando el avión pisó suelo argentino, ya estaban en la pista la senadora Bullrich, la ministra Monteoliva, Claudio Brilloni, el Canciller Pablo Quirno, el gobernador Jalil -que vino en un avión particular junto a la madre de Gallo- y una larga custodia de Gendarmería formando un pasillo de honor mientras la banda de la fuerza daba un marco musical al recibimiento.

Mientras, subrepticiamente alguien subió al avión para que Gallo, que venía con una camiseta de la Selección con las tres estrellas en su pecho, con la que se había fotografiado, se cambiara y se pusiera el uniforme flamante de gendarme, con el que finalmente descendió de la aeronave.

«Nahuel Gallo viajó desconfiando todo el viaje, no le dijeron nada, no sabía si lo traían a la Argentina, venía asustado en el avión, no sabía con quien estaba» decía mientras tanto Bullrich a la prensa, que ya difundía las primeras imágenes de Gallo tomando mate y sonriendo con los pilotos en pleno vuelo.

Al descender, fotos, aplausos, saludos, abrazos, el reencuentro veloz con su hijo y no mucho más, pues Gallo fue eyectado del lugar para ir directamente al Edificio Centinela donde permaneció confinado. Fue alojado en lo que se conoce dentro de la fuerza como “El piso blindado”, a donde solo unos pocos pueden acceder luego de pasar severos controles. La cuestión del blindaje no es un eufemismo, está literalmente protegido, no se puede entrar con teléfonos ni cámaras o micrófonos. Pasa las noches en el despacho del subdirector de Gendarmería, Aníbal Bronzetti, quien estaría ya un poco fastidiado por la invasión: en su espacio Gallo hasta cena en familia, tal como puede verse en las fotos que difundió el gobierno, con el fin de demostrar total armonía.

Con el argumento de controles médicos, cuando en el lugar no hay ni un tensiómetro, retienen a Gallo en el Edificio Centinela con guardias armados detrás de la puerta, para impedir que salga siquiera a ver el sol. Lo visitan psicólogos cada cuatro horas, como una forma de controlar la evolución de lo que muchos consideran “aprietes” de la plana mayor de Gendarmería, del ministerio de Seguridad y hasta de una senadora para que Gallo se atenga al relato oficial a cambio de promesas de sueldos de por vida, un departamento en el barrio de Colegiales, y hasta el mismo cielo de una candidatura a diputado, todas cuestiones muy por encima de las reales posibilidades de un gendarme como era Gallo hasta diciembre de 2024. La codicia suele tener un poder que no tienen otras causas más nobles.

También padecería algunos interrogatorios: algunos paranoicos del gobierno creen que Gallo puede ser un traidor que pactó con dos grandes enemigos del mileismo más duro, la diputada Marcela Pagano y sobre todo, los directivos de la AFA, blanco elegido por el gobierno en los últimos meses como eje de todos los males. Mientras tanto, se hacía imperiosa alguna declaración pública del gendarme liberado, y ahí se abrió una nueva brecha.

Mientras Karina Milei, desde el minuto uno, quiso bajar la difusión del caso para que pronto caiga en el olvido y que no haya preguntas que finalmente deriven en alguna verdad; la senadora Patricia Bullrich, que parecería estar ya en campaña presidencial para el 2027, promueve todo lo contrario, una megaexposición del caso que la instale mediáticamente como una heroína o algo similar. Cuando finalmente se organizó una conferencia de prensa, grande fue su enojo al darse cuenta que había quedado fuera de la foto.

El 5 de marzo se hizo una parodia de conferencia en el mismo edificio Centinela, en la que la prensa no pudo hacer preguntas. En una tarima y detrás de una mesa se veía a Gallo en el centro, rodeado por la ministra Monteoliva, el jefe Brilloni y el canciller Quirno, quien agradeció a Estados Unidos y a Israel por las gestiones (que nunca hicieron) para lograr el regreso a casa.

Luego fue el turno del cabo Gallo que arrancó diciendo “yo pedí hacer esta declaración” y por las dudas repitió: ayer, hablando con la ministra, con mi jefe, yo pedí dar mi palabra, mi testimonio”como para que no quepan dudas de que sufrió algún tipo de presión, sin contar que toda su vida, hoy, depende de lo que decida el gobierno sobre su futuro y quizá por eso, y no por otra razón, no mencionó en ningún momento a la AFA, pero sí agradeció profundamente toda la labor de gestión del gobierno para su liberación, que fue ninguna.

Aquí se abre otra disyuntiva porque si bien hoy el gobierno tiene todo el poder sobre Gallo, éste tiene una carta de negociación en función de sus propios intereses: en breve será citado a declarar como testigo, una figura que le impide mentir en sus dichos, en el Juzgado Federal 1 de Mendoza como consecuencia de la denuncia que hizo Brilloni en el momento de la detención en Venezuela; el otro as en la manga ya no le pertenece a él sino a la Justicia de Venezuela, que tiene en su poder el contenido del teléfono celular de Nahuel Gallo, con el que podría -o no- demostrar algún tipo de plan pergeñado desde el gobierno y con el gendarme, y que tiraría por tierra la versión oficial argentina.

Quizá de todo esto la única consciente fue Karina Milei, que siempre pretendió acallar el caso, a diferencia de Bullrich y Monteoliva que se desesperan por exposición mediática al punto de contradecirse, de tan atolondradas por las cámaras. En esta entrevista la Ministra cuenta que Nahuel Gallo habló con “Chiqui” Tapia cuando abordó el avión en Venezuela, por lo que siempre supo quién lo trajo a la Argentina y da por tierra con la versión de Bullrich, el temor y la ignorancia.

Bullrich, que quedó fuera de la foto en la conferencia aparentemente por orden de la hermana presidencial, citó a Nahuel en su despacho del Senado, y el gendarme fue trasladado hasta allí con fuerte custodia para reunirse con la senadora, aceptar un libro de regalo y tomarse muchas fotos en un abrazo sostenido. La senadora necesita tener a Gallo cerca para evitar “que cante” o hable más allá de lo preciso; le contó que negoció una condecoración de manos del mismo presidente de la Nación por su coraje y servicio a la Patria (ya había hecho lo mismo durante el macrismo y con Chocobar), una clara contradicción con su propio relato, pues ¿qué servicio a la Patria prestó alguien que solo iba a visitar a su familia?. Fue en ese momento en que además le habría propuesto ser parte de la lista de diputados de La Libertad Avanza para 2027, con la certeza de entrar al Congreso y ocupar una banca.

Mientras esto sucedía en el Senado y Gallo baraja pros y contras en un momento único de negociación, el Comandante General Claudio Brilloni controlaba lo que pasaba dentro de Gendarmería, con la amplia experiencia que acumula en sus espaldas a la hora de ejercer el poder, el mismo que detentó como Ministro de Seguridad de Omar Perotti en Santa Fe o como colaborador de la DEA -aunque se le haya perdido un cargamento de varios cientos de kilos de cocaína-.

Brilloni y Monteoliva, siempre según una alta fuente de Gendarmería, serían los encargados de insistirle para que acepte la oferta, entre presiones y beneficios (Gallo cuenta con personal de servicio, chofer y otros lujos solo de los altos mandos). La promesa, también, es que si es diputado y aunque la ley no lo permita, no tendrá pase a retiro y seguirá cobrando su sueldo. No dejan de ser palabras al viento para conseguir silencios que no opaquen su poder de mando: Brilloni no solo quiere mantener su cargo al frente de Gendarmería, sino que aspira también a un rol político efectivo. Peso en la toma de decisiones ejecutivas ya tendría, se comenta en los pasillos que en función de su supuesto romance con la ministra Monteoliva, influye sobre ella algunas cuestiones de diversa trascendencia.

La historia de Nahuel Gallo no deja de ser una historia de pasiones descontroladas, ansias de poder, aprietes y negociaciones dignas de una telenovela, precisamente, venezolana de clase B. El tiempo -breve- dirá quienes saldrán beneficiados y quienes no en este culebrón donde se abren y cierran puertas, muchas de ellas de utilería.