La historia de Sofía Berea condensa, en primera persona, el impacto de la crisis sobre la industria textil y las pequeñas y medianas empresas. Durante ocho años trabajó en el rubro y durante tres sostuvo su propio taller, con una apuesta clara: producción nacional, empleo registrado y condiciones para sus trabajadores.
“Intenté cambiar, desde mi lugar, el rubro textil. Tenía a mis empleados en blanco, les hacía la comida. Era una forma de agradecerles lo que daban todos los días”, contó Berea, en diálogo con Víctor Hugo Morales en el programa radial La Mañana.
Su emprendimiento llegó a confeccionar mamelucos ignífugos utilizados en el sector petrolero, incluso vinculados a YPF, como los que suele usar el presidente Javier Milei. Pero ese crecimiento se frenó abruptamente con los cambios económicos de los últimos años.
El golpe final llegó con la apertura de importaciones. “Teníamos containers con telas ignífugas frenados en la aduana. Cuando se anunció que se abrían las importaciones pensé que eso nos iba a ayudar, que íbamos a poder trabajar mejor. Me creí lo que Milei dijo. Pero se pasó de la raya”, lamentó.
Según relató, durante los primeros meses del gobierno ultraliberal hubo un repunte de la actividad, pero fue efímero. “Tuvimos laburo a rolete, pero ya en diciembre de 2024 los pedidos dejaron de llegar. La producción empezó a importarse y nosotros no teníamos respaldo económico para competir”, recordó.
El deterioro fue progresivo y también humano. “Pasé de querer mejorarles la vida a mis empleados a no poder darles de comer. Algunos me pedían que les pague menos porque no había trabajo. Fue muy duro y desilusionante cerrar”, señaló.
Hoy, Berea trabaja como conductora en aplicaciones de transporte. “Hago DiDi. Probé con Uber, pero era inviable: había que hacer muchos viajes para cobrar y la demanda era baja”, explicó.
Sus jornadas hoy se reparten entre la mañana y la tarde, en un esquema fragmentado. También tiene clientas que la llaman para viajes, en mayor medida adultas mayores.
El destino de sus exempleados refleja una realidad extendida: reconversión forzada o precarización. “Una de mis empleadas ahora cuida adultos mayores, pero la echaron porque se fracturó el tobillo. El maquinista se hizo técnico en aire acondicionado. Otros sobreviven como pueden”, contó.
Berea también hizo una autocrítica sobre su decisión electoral. En las elecciones generales de 2023 votó a Javier Milei, atravesada por una historia personal dolorosa: la muerte de su padre durante la pandemia. “No lo voté por convicción ideológica. Estaba enojada, triste. No veía otra opción. Fue una decisión desde el dolor”, reveló.
Sin embargo, aseguró que rápidamente cambió su mirada. “En diciembre de 2024 me arrepentí. Hoy no lo volvería a votar, aunque venga con cualquier promesa”, dijo.
También cuestionó el clima social actual y la violencia en redes. “Me están hateando mucho. Que alguien te diga ‘te merecés que se te funda el auto’ es una maldad que no ayuda a nadie”, apuntó.
Su conclusión fue tan directa como contundente: “Lo que veo hoy no me gusta. No veo un futuro copado”.