Pedro Almodóvar propone en Amarga Navidad, un retrato “poco complaciente” de sí mismo a través del personaje de un director de cine, “ese pequeño Dios que lo pide todo” y al que “se le pueden cuestionar muchas cosas, porque algunas de ellas pueden no ser legítimas”, dijo a la agencia de noticias EFE en las horas previas del estreno del film en España de este viernes 20 de marzo.
En su nueva película, que llegará a la Argentina entre abril y mayo, el director narra la alternancia de dos historias, entre la realidad y la ficción, que funcionan como un juego de espejos. Elsa (Bárbara Lennie) es de algún modo el alter ego de Raúl, que recurre a la autoficción como solución a una larga temporada de sequía creativa. Y este último, interpretado por el actor argentino Leonardo Sbaraglia, es a su vez una especie de reflejo del cineasta.
“Yo no soy literalmente Raúl”, dijo Almodóvar al respecto, pero sí que conoce muy bien a un personaje que pronuncia “muchas de las frases que yo digo”, señaló, y con el que decidió ser crítico hasta casi convertirlo en el villano de la película.
“Es su manera de demostrar que el escritor es un ser egoísta con respecto a las ideas que tiene” y de cómo puede imponerlas a otras personas. “Creo que los escritores somos peligrosos”, reconoció, aunque él, para evitar cualquier “efecto secundario adverso”, en una obra como Amarga Navidad, “donde la inspiración viene del dolor de los demás”, prefirió dar a leer el guión a su entorno antes de rodarlo.
Respecto a por qué optó en este momento asumir ese riesgo y esa exposición, Almodóvar respondió que es algo que no ha decidido él mismo. “Parece un poco paranormal, pero son las historias las que te eligen a ti. Para mí hubiera sido más cómodo no meterme con este personaje, pero bueno, todo empezó por la adaptación”, en referencia a uno de sus relatos del libro El último sueño (2023).
A partir de ahí, terminó dando rienda suelta a una historia llena de matices, interpretada también por Aitana Sánchez-Gijón, Patrick Criado, Victoria Luengo y Milena Smit, entre más, en la que todo acaba por encajar en un guión redondo que una vez más habla mucho de ser cuidador, un papel en el que cada vez él mismo se ve más ubicado.
“Sí, de hecho es algo que me está brotando sin que deliberadamente yo lo esté buscando”, destacó. Y sobre lo que viene reflexionando desde hace años en películas como La habitación de al lado (2024), pero también en Julieta (2016) y en Hable con ella (2002).
Para Almodóvar, “realmente hay un momento en que lo máximo que podemos hacer por alguien que queremos es acompañar sin pedir nada a cambio, sin ni siquiera hablar, estar simplemente”, un ejercicio generoso pero no exento de egoísmo, advirtió, porque ayudar puede ser también “muy balsámico”, como él mismo por ejemplo vivió junto a la siempre recordada cantante Chavela Vargas.

Por su parte, el actor Leonardo Sbaraglia, tras componer el personaje que refleja al director, cree que Almodóvar está “muy interesado en revisar sus afectos; creo que hay un intento de parte de él de pensar en qué otro lugar se puede poner que no sea ese lugar de jefe, ese lugar de creador, en ese lugar donde todo el mundo tiene que hacer caso, o cómo puede hacer para perder un poco el control”, remarcó el destacado intérprete argentino.
Por su parte, Aitana Sánchez-Gijón reconoció que para su papel de una asistente del director de cine “que también es capaz de desarrollar una gran crueldad”, miró mucho a la recordada Marisa Paredes, porque cree que es un personaje que ella podría haber interpretado.
“Pedro también tiene una serie de personas a su alrededor que ocupan esos lugares que le acompañan desde hace mucho tiempo. Pero yo no he querido entrar en lo personal, es algo privado que Pedro habrá reflejado hasta un punto u otro en la historia”, concluyó.