Este sábado 21 de marzo, Rosario amaneció con un color particular en sus esquinas. A pesar de que las hojas secas empiezan a alfombrar las veredas del Parque España y el termómetro anuncia la llegada del otoño, el amarillo es el protagonista indiscutido. No es una cuestión climática, sino un fenómeno cultural que une generaciones: el día de regalar flores amarillas. Claro que la intensa lluvia no deja ver el color como si el día esttuviese soleado, pero probablemente es color pueda renacer cuando la lluvia termine.
¿De dónde viene la tradición?
Para entender por qué se buscan estas flores, hay que viajar dos décadas atrás. El ritual se originó en la serie juvenil Floricienta (2004), cuya canción principal, «Flores Amarillas», narra el deseo de la protagonista de recibir este gesto como una prueba de amor profundo y eterno.
Si bien la fecha coincide con el inicio de la primavera en el hemisferio norte, la potencia de las redes sociales —especialmente TikTok e Instagram— globalizó la tendencia. Hoy, el 21 de marzo se transformó en una «festividad» digital donde regalar flores amarillas es sinónimo de declarar un interés romántico o de celebrar una amistad luminosa.
Las opciones más buscadas son:
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Girasoles: Los favoritos por su tamaño y presencia visual.
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Fresias y Rosas amarillas: Para quienes buscan un aroma intenso o un detalle más clásico.
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Crisantemos y Gerberas: Alternativas más accesibles que ganan terreno ante la alta demanda.
Más allá de la televisión
Fuera del fenómeno pop, el color amarillo en el lenguaje de las flores tiene un significado propio. Simboliza la alegría, la inteligencia, el optimismo y la energía. En un contexto donde la actualidad suele ser gris, el estallido de color en las manos de quienes caminan por la ciudad ofrece un respiro visual y un gesto de ternura que, aunque nacido en la ficción, se volvió una realidad palpable en cada rincón de Rosario.