Desde hace algunos años, Hijos de Roche, el grupo cuyos destinos comanda la talentosa directora, dramaturga y docente Romina Mazzadi Arro, viene hablando del fracaso como algo inevitable, inherente a un concepto de argentinidad que, siempre metaforizado, ha sido estructural en todos estos años de trabajo que ya suman más de un cuarto de siglo.

No descansa nunca, de 2024, último trabajo estrenado a la fecha por el grupo, es una cita imperdible con una de las piezas clave del teatro local del presente, porque condensa muchas de esas ideas a partir de un texto y de dos actrices formidables, que desde este sábado 4 de abril regresa a la cartelera de Espacio Bravo.
“En un barrio demorado, que podría ser nuestro país, hay una escuela flotando entre el pasado y el presente. En el patio ya vacío, que podrían ser nuestras calles, las quejas se han detenido. Las voces y la tarde se fueron juntas, y la noche avanza firme. El silencio dejará dormir a algunos y desvelará a otros. Pero mañana a primera hora sonará el timbre y estaremos todos arriba, mirando el cielo”, escribe la creadora a modo de presentación de un material que en términos temáticos pareciera correrse, aunque quizás no del todo, de eso que no funcionaba en Esta máquina no era dios para pensar y cuestionar la educación como matriz de muchas otras cosas en estos tiempos violentos y de modernidad líquida.
Hijos de Roche: un cuarto de siglo activando el sentido en la producción teatral rosarina
“Todo esto arrancó a partir de los relatos de mi vieja, que tiene 80 años, hablándome de sus profesoras del colegio con un amor… me hablaba de esas profesoras del racionalismo, del cientificismo, de esas profesoras de los libros. Y a partir de allí me enganché con dos personajes de los cuales ella me hablaba mucho, Coca y Mangacha, dos docentes que ella quiso mucho y que siempre me dijo que «escucharlas era como escuchar música». Una tarde se puso hablar más en profundidad de ellas y sentí que esos eran los personajes de mi próxima obra, más allá de que después, en términos de años, de épocas, terminó estando todo cambiado. Lo que se sostiene es que son dos docentes del racionalismo frente a esta posmodernidad desatada que fueron pasadas a tareas especiales porque no están bien, están locas como chivos (risas). Es importante decir que vengo de familia de docentes: mi madre, mi tía, mi abuela, y yo también lo soy”, contó Mazzadi Arro al momento del estreno original acerca de este nuevo trabajo que cuenta con escenografía de Margarita Wells, edición de sonido y diseño gráfico de Martín Fumiato, fotografía de Juana Del Montón y producción general de Hijos de Roche y Espacio Bravo Teatro.
“No descansa nunca”: una metáfora delirante acerca del fracaso de un viejo proyecto educativo
En escena, Coca y Mangacha desnudan conflictos del pasado en un diálogo jugoso, por momentos sensible, pero sin fin, mientras permanecen en el tiempo en esa sala especial destinada a tareas especiales, nunca muy claras ni definidas. Es un depósito de la escuela (“donde se guardó lo que quedó de otro tiempo”) transformado en oficina, donde estas mujeres, desde la incomodidad y la costumbre, recuerdan, se sostienen, se apuntalan, se reclaman, se facturan, gritan, se callan, ocultan deseos, ven desear a los demás, toman tecitos, guardan rencores, se ríen, lloran, se ahogan, se enferman, se mienten, fingen y reclaman a los gritos un poder que ya no tienen.
En el mismo sentido, y desde un lugar por momentos desopilante y muy Hijos de Roche, No descansa nunca también se pregunta hasta qué punto resiste una amistad en el tiempo cuando se observan acuerdos pero sobre todo disidencias silenciadas, y qué les queda a esas mujeres que parecieran haber olvidado el deseo, en un lugar sin hombres, más allá de que siempre las esté rondando.
También, como interrogantes, aparecen qué es el trabajo, qué representa; cómo la vida, en algunos casos, se ata al trabajo y no se sabe si es “optimismo o ansiedad” esa necesidad de volver sobre lo rutinario que oculta todo lo demás en esa “encomiable” convivencia con la soledad.
Para agendar

No descansa nunca, con dramaturgia y dirección de Romina Mazzadi Arro, actuaciones de Elisabet Cunsolo y Paula García Jurado, escenografía de Margarita Wells, edición de sonido y diseño gráfico de Martín Fumiato, fotografía de Juana Del Montón y producción general de Hijos de Roche y Espacio Bravo Teatro, se presenta los sábados, a las 21, en Espacio Bravo (Catamarca 3624). Descuentos de dos por uno para docentes, estudiantes y jubilados. Las reservas se realizan a través del WhatsApp +549-341- 5876600. Más info, ACÁ.