Rosario, jueves 02 de abril de 2026
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Rosario, jueves 02 de abril de 2026

“Dejá que sufro yo”: los padeceres del cuerpo en el centro de la escena, ahora de la mano del colectivo Ficción Física   

Marcelo Díaz y Alejandra Anselmo traen al presente una propuesta estrenada en 2000 por el grupo Ester Primavera, que este domingo regresa a la cartelera rosarina con nuevo elenco y una temporada en La Orilla Infinita
“Dejá que sufro yo”: los padeceres del cuerpo en el centro de la escena, ahora de la mano del colectivo Ficción Física   

Miguel Passarini

Hace un cuarto de siglo, aparecía en la cartelera teatral rosarina una pieza escénica que hablaba del dolor y el sufrimiento, con una impronta eminentemente física que, irónicamente, se llamaba Dejá que sufro yo, que años después, en 2015, tuvo una reposición con el mismo elenco. Allí eran cuerpos de mujeres que mostraban sus fisuras, el dolor como materia, el sufrimiento como destino ineludible, algo que además es inherente a la historia del país.

Como pasa casi con todas las expresiones artísticas cuando se intenta abordar su resignificación, el director de aquél proyecto, Marcelo Díaz, ahora en forma conjunta con Alejandra Anselmo, ambos creadores al frente del colectivo Ficción Física, revisaron y reponen este domingo 5 de abril, en La Orilla Infinita, aquel montaje, pero ahora son otros los cuerpos en escena.

Podría pensarse que Dejá que sufro yo construye un puente entre el 2000 y este 2026, a través de lo que sus creadores denominan “recomposición escénica”, considerando que el cuerpo pasó a ser el gran paradigma de este nuevo milenio, algo que por entonces ya se intuía.

“Una obra con historia, una historia que nunca termina. Los avatares del cuerpo que sufre, que intenta curarse. El cuidado, la ternura y el abandono. La precariedad que nos acecha se mezcla con el frenesí, el éxtasis o la derrota”, destacan ambos directores acerca de esta nueva pieza escénica en la que los cuerpos en escena los ponen los hombres.

“Dejá que sufro yo”: los padeceres del cuerpo en el centro de la escena, ahora de la mano del colectivo Ficción Física   

Recomposición escénica

“La versión original fue estrenada en el año 2000 por el grupo Ester Primavera, bajo mi dirección. Ahora, 25 años después, el colectivo Ficción Física revisita la obra a través de nuevas corporalidades, miradas y herramientas escénicas”, sostuvo Marcelo Díaz, quien destacó el trabajo perfomático de Diego Stocco, Ulises Fernández, Ignacio Vega Dávalos, Francisco Nakayama y Agustín Roberti, con asistencia de Analía Torti, escenografía de Francisco Nakayama, el vestuario Cristian Ayala y María Carolina Leali, ambiente sonoro de Pablo Páez, luces de Marcelo Díaz, gráfica de Diego Stocco y dirección general de Marcelo Díaz y Alejandra Anselmo.

Dejá que sufro yo, en sus inicios, es un material que surge de una frase familiar, en mi casa. Yo me cansé de escuchar en mi casa familiar, a mis tías y a mi abuela, decir los domingos al mediodía «dejá que lavo yo». Estábamos en tercer año del Profesorado de Expresión Corporal, y con mis compañeras habíamos hecho un ejercicio que llevaba ese nombre. Cuando terminamos cuarto año, con ese grupo de cinco mujeres, seguimos trabajando y cuando retomamos el material reemplazamos el verbo lavar por sufrir. Eso fue porque me di cuenta que atrás de ese verbo había otro mucho más importante, mucho más occidental, muy propio de la cultura judeo-cristiana, mucho más paradigmático de toda nuestra cultura en general, y así llegamos a Dejá que sufro yo”, destacó Marcelo Díaz.

Y respecto del interés de volver a pensar aquella construcción y del desafío en términos de analogías que representa, sumó: “En este cuarto de siglo pasaron muchas cosas, mucha agua por debajo del puente; cambió mi visión acerca de las artes escénicas. Y puedo reconocer que cuando vuelvo a revisitar la obra, el germen del trabajo que nosotros hacemos ahora con Alejandra y con Ficción Física ya estaba instalado ahí. Yo anoto mucho durante los procesos creativos y llevo bitácoras de todo lo que hago. Y leyendo la bitácora de Dejá que sufra yo del año 2000, encuentro cuestiones que ya aparecían como como germen, de cosas que yo ya nombraba de una determinada manera que me sorprendió que hace 25 años ya las definiera de ese modo”.

Respecto del cambio en el género de aquellas protagonistas, dado que hoy son cinco varones los que aparecen en escena, y de un tiempo donde la diversidad de género borró ciertos bordes particularmente en las escénicas, Díaz analizó: “Hay algo que cambia que lo vamos a descubrir ahora, con el público. Yo la vengo descubriendo, la venimos descubriendo con Alejandra, porque es realmente otra cosa lo que pasa en estos cuerpos. Pero sobre todo, el cambio está en las cuestiones de género que fueron determinantes en estos 25 años. Ahora tiene un peso la autopercepción, cambió la manera de entender qué es un hombre y qué una mujer, hay otros límites en esos rótulos notablemente más difusos”.

Y destacó: “De todas maneras, en estos cuerpos aparece otra clase de sufrimiento, otra clase de dolor, otra forma de llevar esas mismas marcas en los cuerpos porque las marcas aparecen de otra manera. Obviamente que es otra cosa y por eso hablamos de una «recomposición» del material, dado que tampoco tenía sentido volver a montar la misma obra; por lo tanto, nos propusimos hacer un nuevo planteo desde la mirada que nosotros tenemos actualmente de las artes escénicas”.

Lo que puede un cuerpo

Ficción Física trabaja la fisicalidad desde la vastedad de recursos que propone el cuerpo, entendiendo su presencia como herramienta narrativa, identitaria, biológica, filosófica, de una potencia inusitada e incluso estratégica, validando la afirmación del filósofo Baruch Spinoza que sostiene (aunque quizás nunca lo escribió de ese modo) que “nadie sabe lo que puede un cuerpo”, en relación con sus potencialidades, muchas de ellas aún desconocidas.

“Dejá que sufro yo”: los padeceres del cuerpo en el centro de la escena, ahora de la mano del colectivo Ficción Física   

“El tiempo es cíclico, pensar en esto que descubrimos y experimentamos hace tantos años a mí me vuelve a llevar a la frase de Spinoza o a su pensamiento, respecto de que en realidad «nadie sabe lo que puede un cuerpo», porque eso es algo absolutamente presente en la obra. Nadie sabe lo que puede un cuerpo, nadie sabe hasta dónde puede sufrir, hasta dónde puede padecer, hasta dónde puede aguantar el dolor, hasta dónde puede ser convertido en un objeto, hasta dónde puede ser maltratado, hasta dónde puede ser beneficiado por otro u otros. Eso es un poco lo que nosotros ahora, 25 años después, redescubrimos de aquella experiencia, vemos todo mucho más claro, desde un impulso temático mucho más intenso. Un cuerpo se vuelve algo impredecible; un cuerpo está lleno de ficción, el cuerpo es casi una ficción en sí mismos, con todo lo real que es, pero eso real está impregnado de ficciones. Por eso decimos que es tan impredecible no sólo para el público sino también para nosotros. La gran pregunta es siempre: «¿Adónde va a ir a parar lo que nosotros proponemos en el imaginario de cada espectador o espectadora?» Trabajamos a partir de un concepto que parte de la idea de un público que venga a hacer su trabajo de espectador. De otro modo, se establece una relación muy capitalista, que parte de la idea de pagar una entrada y que te den algo a cambio. «Yo pago la entrada, vos dame entretenimiento». Nosotros no vamos por ahí. Nosotros te proponemos qué mirar, pero vos vas a tener que trabajar un montón porque la propuesta que hacemos es para que te impacte y para que impacte sobre tu historia y sobre tu imaginario como espectador; entran a jugar allí un montón de factores, de subjetividades que hacen que cada uno hago su propio recorrido”.

Finalmente, como en toda reposición, la historia y sus protagonistas no desaparecen sino que se transforman en otra cosa a partir de un nuevo proceso. “Ésta es una historia que en lo personal a mí me toca muy de cerca. Las tres personas a las cuales yo homenajeé en la obra hace 26 años la pudieron ver y hoy ya no están. Entonces esta obra tal vez habla más de cierto contacto con la agonía o de cierto contacto con eso familiar y por lo mismo se vuelve también extraño para mí porque cada uno de los intérpretes ha puesto mucho de sí en esta  recomposición. No solamente hemos tomado el guión o la partitura y hemos repetido un proceso. Cada uno también en su momento, en su escena, en las escenas de conjunto,  trabajaron cuestiones muy particulares que gestaron una identidad propia para este nuevo material”, cerró el artista.

Para agendar

“Dejá que sufro yo”: los padeceres del cuerpo en el centro de la escena, ahora de la mano del colectivo Ficción Física   

La nueva versión de Dejá que sufro yo, bajo la dirección general de Marcelo Díaz y Alejandra Anselmo, se conocerá este domingo 5 de abril, a partir de las 20.30, en La Orilla Infinita (Colón 2148). Las entradas anticipadas se pueden adquirir ACÁ.