El destacado actor Julio Chávez, siempre cercano a los grandes desafíos, llega a Rosario con La Ballena, la obra teatral de Samuel D. Hunter, que fue llevada al cine por Darren Aronofsky, y reconocida mundialmente dado que fue el film que devolvió a Brendan Fraser a un primer plano, tras ganar un Oscar por su elogiado trabajo.
Aquí en su versión escénica bajo la dirección de Ricky Pashkus al frente de un gran equipo artístico y técnico que entre más cuenta con la escenografía de Jorge Ferrari, vestuario de Gustavo Alderete de La Polilla, música de Diego Vainer y maquillaje FX de Germán Pérez y Marianela Moldavsky, la obra relata la historia de Charlie, un profesor de literatura que da clases desde su casa. Está enfermo, tiene obesidad mórbida, ha decidido no atenderse y atraviesa sus días acompañado de su amiga Ana. Así, conoce a Tomás, un joven religioso que lo lleva a enfrentar su historia. Y frente a la certeza de sus últimos días decide reencontrarse con Ellie, su hija, a la que no ve desde hace ocho años.
En ese encuentro con ella, intentará reparar un vínculo marcado por recuerdos, silencios y rencores. Es por eso que La Ballena es la historia de un final. Los últimos días en la vida de un hombre que lleva en su cuerpo el daño que se ha hecho, que ha hecho y que le han hecho. Los últimos días de un hombre que intenta reparar algo impulsado por una esperanza en el mundo. Perdonar y ser perdonado es una forma de darle una nueva oportunidad al ser humano.

Según publica la agencia Noticias Argentina, Chávez describió el efecto inicial que busca generar la puesta en escena durante la obra: “Se trata de la morbidez, para mí, que era justamente el atractivo que tiene el espectáculo: que se prende la luz y ves a una persona de 230 kilos. Es un elemento que dice: «Che, hagamos silencio; quiero que eso que está ahí adelante me cuente una historia»”.
“Tenemos una pieza más empática de lo que me dicen que es la película, en el sentido de que ubica a Charlie en un lugar mucho más humano, cercano, tierno y con humor, porque, para nosotros, tiene aspectos sórdidos, pero no hay que comunicar el drama a través de la sordidez”, continuó, al tiempo que dejó en claro que prefirió no ver el film.
Sobre el impacto posterior en el público, Chávez sostuvo que el objetivo es correrse de lo meramente físico: “Cuando se termina el espectáculo, Charlie deja de ser solamente un hombre con una situación mórbida en su cuerpo, sino que es un ser humano; se une a la humanidad en lugar de mantenerse siempre como un fenómeno”.
En esa línea, remarcó que los conflictos que atraviesa el personaje, “no le pertenecen a Charlie, son problemas que le pertenecen a la humanidad”.
El intérprete también se refirió a los desafíos técnicos del rol, en especial al uso de una prótesis que en sí misma es un enorme desafío: “La confección del traje fue tremenda porque no tenemos la posibilidad del cine”.
Sin embargo, destacó mucho el resultado de lo que se ve en escena: “Me llevé una sorpresa enorme, porque el traje es extraordinario”.
En cuanto a la experiencia de habitar el personaje, admitió: “A veces te preguntás cómo voy a hacer para vivir así y después decís cómo voy a hacer para dejar de vivir así. Entonces, ese traje para mí es Charlie y, si no lo tengo puesto, no lo podría habitar”.

Por otra parte, Chávez habló acerca de que, con estas funciones en el Broadway, retoma su vínculo con Rosario, una plaza que definió como clave en sus comienzos: “Rosario es casi una de las primeras plazas que yo hice cuando inicié las giras teatrales. Cuando llegué dije: «Madre mía lo que es este teatro, porque es hermoso»”, en alusión a su primer desembarco en la ciudad.
Finalmente, al ser consultado sobre la relación entre prestigio y popularidad, el actor fue contundente: “La popularidad que pude haber conseguido me estimula enormemente para obligarme a ser mejor en mi oficio. Y ser bueno en mi oficio a veces me lleva a decisiones que pueden hacerme perder mi popularidad. Es un problema ético-estético constante”.
Para agendar
La Ballena se presentará en el Teatro Broadway (San Lorenzo 1223), viernes 10, sábado 11 y domingo 12 de abril, siempre a las 21. Las entradas se venden en la boletería del teatro en horarios habituales o bien a través del sistema online ACÁ.