¿Qué busca? ¿Qué quiere? Jorge Almirón no le encuentra la vuelta a Central, se consume en sus caprichos, en sus jugadores fetiche y en sus ideas que por ahora no terminan de dar resultado. El partido de Copa Libertadores debería ser un límite, un punto de inflexión para saber hacia dónde va y cómo.
Central perdió solidez, Central es imprevisible, pero de la peor manera, y lejos de potenciar a los jugadores todo termina en confusión. Ya se ha dicho en estas líneas, la frustración y la queja llega desde la abundancia, desde la sana costumbre de campañas positivas en el último tiempo.
No sólo hay grietas a la espalda del cinco, sino que los errores ridículos e incomprensibles se multiplican, en pibes y en veteranos, en todos. Y se tiran partidos a la basura, partidos que al menos podrían servir para darle minutos a los jugadores del club, que históricamente han sido la base para generar éxitos y sostener a la institución.
La realidad es que Central gana más de lo que pierde gracias al talento de Ángel Di María o de Jaminton Campaz, pero que hay sido muy pocos esos días en los que se puede resaltar un planteo inteligente o un cambio clave.
Si la salida de Holan fue anticiparse a algo que tenía fecha de vencimiento apostando a pelear la Copa, el partido del miércoles deberá ser un momento de análisis, de rendimiento y de resultados. Por ahora, perdió mucho más de lo que ganó en el cambio.