Rosario, domingo 26 de abril de 2026
Search
Rosario, domingo 26 de abril de 2026

Tecnofascismo y control de voluntades: las claves del proyecto oficial para criminalizar la libertad de expresión

La alianza estratégica con la empresa Palantir, propiciada por el gobierno argentino, es una amenaza concreta contra las libertades individuales que, se supone, Javier Milei vino a promover. El hostigamiento a la prensa, las nuevas atribuciones y presupuesto para la SIDE, la persecución a las disidencias y la quita de asistencia a los sectores más vulnerables, pretenden ahora sostenerse con un sistema de vigilancia algorítmico que no solo sabe de todos y cada uno, sino que además puede moldear las conductas ciudadanas
Tecnofascismo y control de voluntades: las claves del proyecto oficial para criminalizar la libertad de expresión

Por: Mauro Federico – Ivy Cángaro / Fuente: www.dataclave.com.ar 

La imagen de la periodista Luciana Geuna esposada, con el traje naranja que utilizan los presidiarios en Estados Unidos y la leyenda en su ropa de “Espía y operadora” fue, por supuesto, creada con inteligencia artificial; una mas de las miles que circulan a diario por redes sociales, y que hoy puede generar cualquier persona en solo unos segundos. Las razones del estigma son una anécdota menor: no hay motivo para la cultura del odio que cientos y miles esgrimen con orgullo y superioridad en estos tiempos, hasta que esa bravata termine tomando carnadura y de las redes pase a la calle.

A la gravedad del asunto, que de otras maneras hubiera sido justificada como “solo una cuestión de trasnochados de redes sociales” hay que sumarle la legitimación de la amenaza por parte del presidente de la Nación, quien la republicó en sus redes sociales. No es, por supuesto, la primera vez que hace una cosa así, sino que es parte de su cotidianeidad de largas horas diarias dedicadas a navegar por X e Instagram, desde donde insta a “hatear” a la prensa con el slogan “No odiamos lo suficiente a los periodistas”. Todo muy lejos de aquellos viejos tiempos de campaña cuando el mantra repetido por el presidente era eso de “el liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el PRINCIPIO DE NO AGRESIÓN (con mayúsculas en el original publicado en el perfil de X del presidente) y en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad.”

 Javier Milei llegó al poder gracias a su constante exposición mediática, que lo mostró como un fenómeno disruptivo y divertido casi sin prever la peligrosidad de tal construcción de imagen. Ahora, ya apoltronado en el sillón de Rivadavia, sostiene que el 95% de los periodistas son “ensobrados” y le caben acusaciones que llegan hasta la “traición a la Patria”. El otro cinco por ciento se supone está compuesto por algunas caras visibles a las que sigue concediendo entrevistas complacientes, ajenos -por ahora- al hostigamiento, la persecución, el señalamiento o el carpetazo.

La SIDE, ese mundo ideal para que todo marche acorde al plan

El 31 de diciembre de 2025 Milei, Manuel Adorni como Jefe de Gabinete, y los ministros Diego SantilliPablo QuirnoCarlos PrestiSusana Monteoliva, y Luis Caputo firmaron el DNU 941/2025 que se publicó en el Boletín Oficial el 2 de enero de 2026. El decreto reestructura el sistema de inteligencia, otorga más facultades a la Secretaría y crea el Servicio de Inteligencia Argentino (SIA), la Agencia Nacional de Contrainteligencia (ANC) y la Agencia Federal de Ciberinteligencia (AFC). También establece que el Centro Nacional de Ciberseguridad (CNC) queda bajo la Jefatura de Gabinete para proteger infraestructuras críticas y el ciberespacio nacional.

En la Secretaría, que tiene su sede a pasos de la Rosada, se concentran entonces la conducción estratégica, la coordinación entre agencias pero también ahora nuevas corrientes de información obligatoria -ministerios, fuerzas de seguridad, organismos técnicos y registros administrativos que diluyen la frontera entre la administración pública y la inteligencia-, y la definición de prioridades a investigar, para luego hacer circular esa información del modo que crea conveniente.

Para sostener esa estructura se incrementaron, de modo sostenido y desde el inicio del gobierno, los fondos reservados de la SIDE. Cuatro decretos fueron necesarios para lograr que la Secretaría cuente con recursos para uso discrecional y secreto.

El secretismo también tuvo sus modificaciones: a partir de enero de 2026 todas las actividades del sistema de inteligencia son de carácter encubierto bajo el paraguas del “riesgo estratégico nacional”, axioma que contradice lo establecido desde hace casi tres décadas, cuando se debatió en el Congreso la ley anterior que decía que el secreto debía ser contenido, regulado y justificado.

Con el DNU es un principio normativo constante y blindado jurídicamente, a lo que se suma que el decreto también habilita a los agentes del servicio a cumplir funciones policiales como realizar “aprehensiones en flagrancia”; un recurso de por sí peligroso pero que a la luz de las nuevas y posibles decisiones de gobierno, convertirían al estado de derecho en un caldo viscoso.

El 29 de julio de 2024, mediante una resolución publicada en el Boletín Oficial, el Ministerio de Seguridad creó la Unidad de Inteligencia Artificial Aplicada a la Seguridad (UIAAS), orientada al análisis de grandes volúmenes de información mediante herramientas de inteligencia artificial. La iniciativa formalizó la incorporación de capacidades estatales para procesar datos a escala y generar patrones de comportamiento y fue en sintonía a los cambios provocados en la SIDE.

Estos recursos y atribuciones a la Secretaría de Inteligencia fueron de la mano del señalamiento de los funcionarios de gobierno con el presidente a la cabeza, a la prensa y a los periodistas críticos del poder de turno. Los casos de corrupción expuestos por medios y mediadores e incluso alguna pregunta incómoda fueron el motivo suficiente para poner en marcha el engranaje de creación de opinión pública adversa a través de la consigna “No odiamos lo suficiente a los periodistas”, repetida hasta el hartazgo por cientos de miles de tuiteros pagos y adláteres gratuitos; y de -en las sombras y no tanto- el “trabajo” de los agentes del Servicio.

Decenas de periodistas, incluso quienes firman este artículo, fueron y son víctimas de seguimientos, filmaciones, fotografías, escuchas. Según una fuente que transita los pasillos de la Agencia, la orden es concreta y explícita para ir contra determinados comunicadores, trasformados en “targets” de la SIDE: “Realizar vigilancia física y digital mediante seguimientos en movimiento y cobertura estática, junto con el análisis de metadatos de comunicaciones provenientes de SMS, aplicaciones de mensajería y correos electrónicos. Utilizar geolocalización en tiempo real a través de dispositivos y aplicaciones, complementada con una recolección intensiva de inteligencia abierta y cerrada, con especial énfasis en perfiles de redes sociales, contactos y patrones de desplazamiento. Como resultado de estas tareas, se elaborarán carpetas técnicas completas que incluyan reportes detallados de seguimiento, registros de actividad, cruces de bases de datos y abundante material audiovisual obtenido durante las acciones de vigilancia. El objetivo en los casos de los periodistas es detectar reuniones y fuentes , máxime de funcionarios públicos o legisladores oficialistas.”

Esas carpetas ya circulan en segundas y terceras líneas de agentes que las ofrecen por unos quince o veinte mil dólares. Los últimos días, por caso, los llamados a diversos periodistas ofreciendo “informes” sobre otros colegas estuvo a la orden del día. Seguramente, cuando sea otro colega quien esté circunstancialmente en el candelero mediático, aparecerá en oferta también su “informe”, facturado con la objetividad y el rigor de cualquier informante.

No sería la primera ni la última vez y hay antecedentes cercanos a los que echar mano: La figura más emblemática del sistema es Marcelo D´Alessio, el falso abogado y autoproclamado experto en seguridad, colaborador de Patricia Bullrich en su etapa macrista, que usó información de fuentes reservadas para extorsionar empresarios; pero también en los últimos meses pasó algo que no tuvo la suficiente repercusión: la megafiltración de un terabyte de datos de ciudadanos que comprendió sesenta millones de registros de ARCA, 75 millones de entradas del Registro Nacional de Propiedad Automotor, las bases de ANSES de los últimos dos años con teléfonos, correos electrónicos, direcciones, salarios y relaciones laborales de millones de argentinos, el registro completo de jubilados y de beneficiarios de subsidios del estado, y millones de números de teléfonos celulares y direcciones de correo.

Los especialistas consideran que esta filtración sería la más grande del país porque combina múltiples bases en un solo repositorio, permitiendo reconstruir perfiles completos de personas. SudamericaData, la empresa responsable de la filtración, ya había sido clausurada por orden judicial en 2023 por el uso y comercialización de información sensible, pero habría continuado operando bajo el nombre Work Management; el sitio estaba a cargo de un ex funcionario de AFIP despedido por robar datos pero que, curiosamente, tenía como cliente a la Policía Federal Argentina.

El dato de color -o no tanto- fue que la filtración se concretó en la dark web desde un perfil que tenía como avatar la foto de Ariel Waissbein caracterizado como el personaje “Joker”. Waissbein es el director ejecutivo del recientemente creado por decreto Centro Nacional de Seguridad que está bajo la órbita de la Jefatura de Gabinete.

Esta semana Adorni sumó otro espacio relacionado con dataciones que quedó bajo su estructura: el Sistema de Identificación Tributario y Social (SINTyS) es la red de datos más grande del estado Argentino y coordina el intercambio de información entre más de un centenar de organismos nacionales, provinciales y municipales, cruzando datos patrimoniales, tributarios y sociales de todas las personas físicas y jurídicas del país; por tal razón no fue de extrañar que a la conferencia de prensa última se presentó con carpetas de cada periodista que estaba en la sala.

Según relata el periodista Mauricio Caminos de Diario.Ar el jueves el ministro de Defensa Carlos Presti, recibió a una delegación encabezada por el subsecretario de Estado para el Control de Armas y Seguridad Internacional de EE.UU. Thomas Di Nanno, que lo visitó junto al embajador Peter Lamelas. Según la comunicación oficial, ambas partes avanzaron en la ampliación de la cooperación en áreas como ciberdefensa, equipamiento militar y adiestramiento conjunto.

También esta semana la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva puso en marcha el Centro Regional de Información y Análisis sobre Crimen Organizado (CRIACO), orientado a coordinar el intercambio de datos entre países frente al avance del delito transnacional. La iniciativa busca integrar información vinculada al narcotráfico y otras economías ilegales a escala regional. Y para todo ello se precisa desarrollo tecnológico.

Funcionarios e influencers argentinos en Silicon Valley

Ariel Waissbein es un funcionario formado en la ORT y Doctor en Ciencias Matemáticas por la Universidad de Buenos Aires, tiene un recorrido académico notable, pero también experiencia en la industria de la seguridad informática y en el universo de las criptomonedas como experto en blockchain y seguridad de proyectos cripto, al punto que cuenta con patentes relacionadas con criptografía aplicada a entornos descentralizados.

Le dicen “Wata” y en agosto de 2024 fue nombrado como director de la Agencia Federal de Ciberseguridad, por lo que cuando asumió como director Ejecutivo del Centro Nacional de Ciberseguridad ya llevaba más de un año como funcionario del estado en un cargo similar. Wata fue director de CoreLabs entre 2009 y 2012, la división de research de Core Technologies Security, una de las empresas pioneras en ciberseguridad en el mundo, al punto que aparece aún en su composición societaria.

Core Labs es la empresa que se encarga del almacenamiento de datos en “la nube”, y el mismo Waissbein lo explicaba así en La Nación:  «La diferencia esencial entre aplicaciones en la nube y fuera de ella es que en la nube las responsabilidades de seguridad se dividen entre usuarios y proveedores, mientras que en el modelo tradicional toda la responsabilidad está en el usuario»Al acceder a estos servicios el usuario administrador de la cuenta consiente las condiciones a través de un SLA (contrato de nivel de servicio) que especifica las condiciones en las que se almacena y procesa la información en la plataforma que se utiliza.

Con este servicio la privacidad de la información queda supeditada a la legislación vigente en el país desde el cual se ofrece el servicio, y existe la posibilidad de que por algún motivo de índole legal se exija compartir los datos, por ejemplo, con el gobierno. Que en el caso de Waissbein haya estado de los dos lados del mostrador, no es precisamente una garantía para empresas y personas que usen los servicios de Core Labs y su miríada empresarial que comprende Core Security, Sdi Corporation, Secureauth Corporation, Core Security Technologies Inc y Core Sdi Inc.

Los hombres que conforman estas estructuras empresariales de tecnología tienen su base en Silicon Valley, donde todos se conocen. La interacción entre ejecutivos de Core y de Palantir es una posibilidad concreta.

De todos modos, Waissbein no es el único en tener vínculo laboral y personal directo con los capitostes tecno norteamericanos. Demian Reidel es el otro hombre fuerte, ahora fuera del gobierno, con relaciones estrechas en ese universo. En ese alineamiento incondicional con los Estados Unidos, el deslumbramiento tecnológico y el énfasis en las relaciones personales con la cúpula política pero también con los CEOs tecnológicos el otrora jefe de asesores primero, y posteriormente presidente de Nucleoeléctrica S.A., posteriormente eyectado bajo la sombra de la corrupción tuvo -o tiene aún- un rol preponderante. Reidel no solo fue ensalzado como digno del Premio Nobel por el presidente, que también pretende conseguir la estatuilla, sino que fue fundamental también para gestionar los encuentros del presidente argentino con las figuras de Silicon Valley.

En este concierto de argentinos con anclaje en el poder de los Estados Unidos no se puede obviar el rol preponderante de los dos últimos años del empresario Leonardo Scatturice, de fuertes vinculaciones con los servicios de inteligencia. Cuando Sergio Neiffert aún era titular de la agencia de inteligencia, firmó un acuerdo en representación del Estado Argentino con una firma radicada en Miami, TACTIC, integrada por Scatturice y lobbystas yanquis quienes, además de integrar CPAC (la conferencia de acción política conservadora) en la que participa eventualmente Milei, y que tienen vínculos directos, amistosos y laborales, con los gobiernos de Estados Unidos y de Vietnam.

La empresa Tactic se creó, según los registros del Departamento de Estado de Florida y en el legajo del Índice de Entidades Comerciales de la División Corporaciones de esa entidad, el 26 de noviembre de 2024 y sus directivos son tres personas: Scatturice, Pamela Poveda y Laura Arrieta.

 El 12 de febrero de 2025, cuando Tactic apenas había cumplido dos meses y medio de existencia, la Secretaría de Inteligencia del Estado Argentino firmó un acuerdo en calidad de cliente, con la empresa norteamericana. En la primera página del contrato, dice: «El Cliente considera que el Contratista cuenta con las cualificaciones, la experiencia y las capacidades necesarias para prestarle servicios.» 

El acuerdo entre la SIDE y TACTIC dice: «Tactic Global servirá de enlace entre la Presidencia de la Nación de la República Argentina y sus homólogos en Estados Unidos. Coordinará reuniones entre ambos países y ofrecerá asesoramiento estratégico a la Secretaría de Inteligencia de Estado.» La empresa privada maneja desde entonces documentos e información de alto riesgo soberano, y cuya cúpula directiva tiene, además, claros vínculos político-empresariales con el gobierno de Donald Trump. 

En TACTIC no solo funge Scatturice, dueño de Fly Bondi y de empresas tech y de fondos de inversión, sino que Laura Arrieta saltó a la fama como “la valijera”, por entrar quince valijas sin control alguno de la Aduana. A TACTIC también pertenecen otros viejos amigos -o no tanto- de Javier Milei como los directivos de CPAC Barry Bennett, un exasesor de Trump, experto en campañas políticas, con influencia en el Partido Republicano; Matt Schlapp: Presidente de CPAC, exdirector de Estrategia Política de la Casa Blanca y su hija, Mercedes SchlappJosé Mallea, director de la empresa de servicios digitales Forward Global Miami, y ex empleado del Departamento de Estado y asesor del jefe de gabinete de la Casa Blanca, Andy Card, durante la administración Bush.

La imbricación entre datos y recursos de los servicios de inteligencia, la política de extrema derecha y el mundo tech es clara desde el inicio del gobierno libertario.

En paralelo, “Alec” Oxenford, el embajador argentino en Estados Unidos consignado por Milei, también proviene del mundo tech. Todos ellos, junto a algunos empresarios del círculo rojo como Martín Migoya y Guibert Englebbiene, fomentaron el cambio de paradigma capitalista que en principio promovía Milei por el del llamado “tecnofeudalismo”, que subsume al capital al territorio de los tech-lords, convertidos en señores feudales de la nube en la cual el stock de capital se conforma mediante los datos aportados por los usuarios.

Según consigna el investigador Santiago Yarcho Coscarelli en la Revista de Investigación en Política Exterior Argentina, la discusión en torno al rol de estas empresas, muchas veces directamente vinculadas con la personalidad de sus CEO, rige en buena medida la política argentina, también supeditada al hiperpersonalismo del presidente, quien desde siempre se dedicó en realzar la figura del empresario prometeico.

Estos actores le otorgaron la oportunidad al presidente de vincularse con Estados Unidos como horizonte aspiracional gracias a la coincidencia con la presidencia de Donald J. Trump. Milei tendió vínculos personales con Elon Musk (Tesla, X, Space X, Starlink), a la postre funcionario de primera línea de la administración Trump, “amigo” y colega de trinchera en la guerra cultural del presidente argentino; mientras que en simultáneo tuvo reuniones personales en Buenos Aires con Peter Thiel (PayPal, Meta, Palantir, Stripe), cercano a J. D. Vance, aportante de campaña de Trump y vínculo con ideólogos neo reaccionarios como Curtis Yarvin; y se encontró en reuniones durante sus numerosos viajes con Tim Cook (Apple), Mark Zuckerberg (Meta), Sundar Pichai (Google) y Sam Altman (Open AI): es decir, prácticamente la totalidad de la plana mayor de Silicon Valley.

Martin Varsavsky es argentino y posiblemente uno de los referentes más importantes del universo tecnológico, por tal razón es el único compatriota que fue tapa de Forbes, donde dice que le cuesta llevar la cuenta de todos los emprendimientos que fundó, muchos de los cuales se convirtieron en “unicornios” valuados en varios miles de millones de dólares.

Vive en Madrid, aunque sus vínculos y trabajos lo llevan a estar en Estados Unidos donde tiene, por caso, estrecha amistad con el actual vicepresidente J.D.Vance, el protegido de Peter Thiel y a quien Varsavsky conoció precisamente en su casa, junto a Elon Musk. Varias cosas unen a Varsavsky, Thiel y Musk: los tres construyeron refugios anti nucleares para sobrevivir con sus familias. El argentino, desde entonces, propone a sus amigos megamillonarios que inviertan en el mejor sitio del mundo para sobrevivir a un apocalipsis nuclear: la Patagonia.

De su vínculo con Thiel dice: “Su interés por Argentina es parecido al mío, por un lado un país curioso, diferente, contradictorio pero ahora muy bien encaminado con Javier Milei y además un refugio para la tercera guerra mundial nuclear que esperemos que no sea necesario pero que es siempre una posibilidad”. Como contó a Infobae, Varsavsky invirtió en un campo en Mendoza al que define como un refugio en caso de guerra nuclear y además, le recomendó al Gobierno cobrar una “visa de tranquilidad” para que extranjeros paguen para ingresar al país en medio de esa eventual emergencia global.

El modelo de Milei se sostiene sobre una tríada que redefine la política exterior argentina: el personalismo mesiánico, una ideología de cruzada civilizatoria y el tecnocapitalismo – o tecnofascismo- como contexto preferencial, y en ese panorama aparece Palantir en el horizonte.

Thiel, Palantir y el modelo de guerra algorítmica

La Argentina de Milei ha dejado de ser una nación soberana para convertirse en un «protectorado» ideológico y tecnológico de una nueva configuración de poder global. Este modelo se vincula con el tecnofascismo, un régimen que combina el disciplinamiento neoliberal con el control totalitario mediante algoritmos, inteligencia artificial y vigilancia masiva. El ingreso de este sistema se sella a través de decretos que demuelen la privacidad ciudadana y alianzas con magnates como Peter Thiel, cofundador de Palantir y referente de una visión apocalíptica donde la democracia y la libertad son incompatibles.

Thiel se reunió con Milei en tres ocasiones: una en Estados Unidos en 2024, la segunda en Argentina, cuando lo visitó en Casa Rosada en mayo de ese mismo año, acompañado por Oxenford, y la tercera esta semana que pasó. Thiel no llegó a Argentina, aparentemente, solo para eso: aterrizó en Ezeiza quince días antes junto a su esposo el ex vicepresidente de Black Rock, Matt Danzeisen y sus dos hijos, para conocer la mansión de Barrio Parque que compró por doce millones de dólares -la casa más cara de Buenos Aires- una minucia para quien cuenta con una fortuna personal de 40 mil millones. Luego, pasó unos días recorriendo la Patagonia en busca de inversiones, posiblemente siguiendo el consejo de Varsavsky.

La historia de Thiel, hasta hace días desconocida para el gran público, fue tema durante toda la semana. Un judío nacido en el seno de una familia adinerada de Manhattan que pasó su niñez y adolescencia moldeado por el apartheid y el nazifascismo imperante en la Sudáfrica que acogió a la familia en los 70 y 80, cuando aún en algunos colegios se celebraba el nacimiento de Adolf Hitler; la misma Sudáfrica que también cobijó a un futuro amigo de Thiel: Elon Musk.

Thiel es socio en Palantir de Alex Karp, un estadounidense doctorado en sociología, derecho y teoría social que estudió en Frankfurt y que conoció a Thiel cuando fueron compañeros en Stanford. Karp suele decír que le “encanta la idea de comprar un dron y rociar con orina y fentanilo a los analistas que intentan fastidiarlo”, o en conferencia de inversores afirmar que “está aquí para revolucionar y convertir las instituciones con las que colabora en las mejores del mundo. Y cuando sea necesario, para asustar a los enemigos, en ocasiones matarlos”. A partir de ahora una des esas “instituciones” es el gobierno argentino.

Los dos son declarados fascistas, admiradores de la escritora Ayn Rand quien, entre otras cosas, proponía que el mundo se divide entre los empresarios que generan riqueza y millones de alimañas humanas parasitarias, por lo que en su gran tratado “La Revolución de Atlas” propone, básicamente, que los pocos empresarios todopoderosos que manejan el mundo con total entrega y servicio, dejen de hacerlo, se aparten a un paraíso propio expresamente creado, y que el resto del mundo quede sumido en la destrucción. Algo mas o menos similar al universo apocaliptico de la película “Soy leyenda”, de la que también se dicen fanáticos. Nada raro es, entonces, que busquen locaciones, por caso en la Patagonia, como refugio antinuclear.

Por si quedan dudas, en sus prolíficos escritos Thiel dice, por ejemplo: “Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles”. Y agregó: “Estamos en una carrera mortal entre la política y la tecnología”. En ese mismo ensayo dijo: “El poder de lastimar es poder de negociación”.

 En ese plan y mientras en Buenos Aires esperaba a que Milei regresara de su gira por Israel, país al que Palantir asiste en la búsqueda de blancos a masacrar a través de la AI, Thiel y familia almorzaron con Santiago Caputo y Pablo Quirno un día, cenaron con Federico Sturzenegger el otro.

Palantir es hoy uno de los espacios de mayor poder del mundo, es de algún modo una empresa que todo lo ve, que todo lo sabe, y que trabaja para los grandes servicios del mundo como la CIA y el Mossad, el ejército de USA, el ICE y casi todas las fuerzas policiales de Europa. Una empresa que tiene un manifiesto propio, un código regulatorio moral, ético y de acción que está en contra de la justicia social y de la inclusión. Incluso del sistema democrático como tal y mucho más de la Doctrina Social de la Iglesia.

El control que establece es a través de la Inteligencia Artificial, que manejan grandes empresas tecnológicas, en este caso, vinculadas a Donald Trump. Con esa IA pueden manipular algoritmos para promover guerras que serán apoyadas por la población general porque podrán manipular masivamente las emociones y comportamiento de la gente; señalar por caso acciones contra “terroristas” que previamente marcaron, en sitios geográficos precisos en cualquier parte del mundo, como ya están haciendo en Medio Oriente.

Lejos de ser los delirios conspiranoicos de cualquier youtuber, estos postulados están discriminados al detalle en el manifiesto de 22 puntos llamado “La república tecnológica” y que puede leerse en la página oficial de Palantir; una declaración de principios que puede interpretarse como una declaración de guerra contra el progresismo humanista en todo el planeta, a cuyos integrantes marcan como “legionarios del anticristo”.

Para Milei quizá sea un mecanismo para luchar contra ese sector cada vez más difuso al que llama “casta”, o el imaginario “agenda woke”, o “izquierda”. El “nuevo eje” que pretende integrar a fuerza de docilidad, bailes y abrazos amistosos con Trump y Benjamin Netanyahu y que tiene su brazo ejecutor en la extrema derecha de Silicon Valey, pondrá a la Argentina como un laboratorio para el despliegue de estructuras de vigilancia que ya operan en escenarios de guerra y represión migratoria, de control ciudadano y censura a la prensa. Palantir Technologies, con quien está pronto a tejer una alianza, sumerge al país en el más claro ejemplo de tecnofascismo que requiere, además, de energía barata, climas fríos y ausencia de regulaciones para procesar la IA, por lo que la Patagonia es un espacio ideal.

Peter Thiel justifica estas infraestructuras de vigilancia bajo la noción teológica del «katechon», una fuerza que supuestamente contiene el caos y pospone el apocalipsis. Sin embargo, analistas advierten que este sistema es en realidad una «jaula de algoritmos» que limita la autonomía humana y criminaliza a sectores específicos de la población bajo el pretexto del antiterrorismo. La integración de la Argentina en este esquema tecnofascista no solo compromete la soberanía de datos al permitir que agencias extranjeras accedan a información sensible, sino que amenaza con liquidar el pensamiento crítico en favor de una dominación algorítmica donde la verdad no importa y los hechos se subordinan al control sistémico, todo a un año de las elecciones presidenciales.