Fotos: Juan José García
—¿Si queda algo en mí de los ochenta? Sí, todo. Yo soy punk y cada vez más. Soy totalmente antisistema y más en este sistema. Alguna vez me he corrido un poco a coquetear con la fama, pero volví. Volví, no me quiero ir de ahí. Me gusta, me gusta estar en el otro lado, me gusta ser crítica, ser ácida. Me gusta ver si se puede aportar una mirada en esta sociedad a las cosas que me parecen que hacen daño y sobre todo a las mujeres y los niños.
Con esta carta de presentación, al lado del río Paraná al que no puede parar de admirar y de señalar —“esta ciudad me encanta, no me digan que no es genial estar acá mirando el río”—, Maitena habló en conferencia de prensa en la previa de la inauguración de la muestra que recorre más de treinta años de carrera: “Las mujeres de mi vida” se podrá visitar en el CEC (Paseo de las Artes y el río) de jueves a domingo de 15 a 20, hasta el 20 de julio. La entrada es libre y gratuita.
Codo a codo con las y los trabajadores del Centro de Expresiones Contemporáneas, Maitena está detrás de los detalles. A su alrededor, todos están embelesados por su presencia. También por su amabilidad y por cómo se vuelca al laburo fuerte cerca del deadline. La inauguración fue el miércoles 29 de abril y la artista estuvo presente firmando libros y recibiendo a los invitados —lectoras, sobre todo—.
Maitena Burundarena nació en Buenos Aires en 1962. Padre vasco, madre polaca. Empezó a trabajar como humorista gráfica muy joven, en los ochenta. Es madre de tres hijos y abuela de una nieta. Es parte de la generación dorada del humor gráfico en Argentina: publicó en las revistas Humor, SexHumor y Fierro. Sus tiras Mujeres alteradas, Superadas y Curvas peligrosas la volvieron más popular aún. Esos y otros trabajos fueron traducidos y publicados en diarios y revistas de más de 30 países latinoamericanos, europeos y asiáticos.
Maitena publicó tiras eróticas, fue transgresora casi sin darse cuenta: publicó minas calientes, cambió quiénes eran los sujetos de deseo también y quiénes los objetos. Pasó por diarios y revistas argentinas en ediciones diarias, cerquita de la coyuntura. Sus tiras se transformaron en libros pero también escribió libros sin dibujos, sin viñetas. Maitena navega las distintas formas de la comunicación escrita con disciplina y entrega apasionada. Anuncia a este medio una noticia: dejó su trabajo diario en Clarín:
—Fueron dos años y medio donde el mundo se puso muy picante, muy, muy picante. Y es duro, porque pensás en hablar de algo doméstico o en alguna cosita del día, ¿no? Como yo siempre hice. Y al lado de las cosas trágicas que están pasando te cuesta mucho que la cabeza pueda enfocar en algo que pasó en la cocina, en algo que hizo el perro. Es muy difícil porque tengo un lugar importante en un diario importante, entonces, ¿de qué voy a estar hablando? ¿De la pulga del perro mientras explota el mundo? No sé. Están vendiendo los glaciares. No puedo hacer un chiste. Ya está.

“Soy de las que escucho las conversaciones de la gente por la calle”
En conferencia de prensa, contó que además de encontrar las series Mujeres alteradas, Superadas y Curvas peligrosas, publicaciones de Fierro y SexHumor, hay originales a tinta y acuarelas. “Hay una sala muy interesante de proceso creativo. A mí me encanta mostrar cómo se hace esto, cómo se trabaja, desacralizar la idea del artista y demostrar que es un oficio y que cualquiera lo puede hacer si está dispuesto a dedicarle 10 horas por día durante 20 años”.
Evocó una y otra vez el nombre de Quino, maestro. También al Negro Fontanarrosa: “Participé en Rosario en una muestra colectiva en los años 80 con la revista Humor. Me acuerdo que vinimos todos, que el Negro nos hizo un asado en la casa. Fue espectacular, yo era muy joven y es un recuerdo imborrable. Me encanta venir a Rosario, me gusta mucho la ciudad y creo que tiene una vida cultural muy, muy fervorosa y la gente va a las cosas y les importa. Entonces, me encanta estar acá. El CEC me parece increíble, alto lugar, la curaduría que ha hecho la gente del CEC es de primera. Y es muy impresionante estar al lado del río”.
Enumeró los artistas que más le gustan: “Me gusta mucho pero mucho Jazmín Varela. Su último libro Campeón es impresionante, es muy bueno, fuerte, fuerte, fuerte y muy impactante, muy impresionante. Me gusta mucho Power Paola. Me gustan Flavita Banana y Catalina Bu. Y no mucho más, no soy una gran consumidora y hace muchos años que sobre todo miro a las chicas. Bueno, me gusta mucho Pancho Pepe, de los chicos me gusta mucho él y un chico que se llama M1seria, que hace unos memes dibujados y es espectacular. Creo que tenemos algo en común. Él se ríe cuando se lo digo, me dice, ‘¿¡Qué?!’ Es que es un pibe de 25 años. Pero en su trabajo tiene cosas que tiene el mío, tiene humor, tiene poesía, tiene ternura, tiene acidez. Hay una mezcla y una manera de mirar el mundo en la que me parece que conectamos”.
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¿Quién marcó su vida? Claire Bretécher, historietista de París, nacida en 1940. “Fue la dibujante que me cambió,. me cambió la cabeza. Fue un impacto enorme encontrar su trabajo, yo tenía 19 o 20 años y me crucé con una historieta llamada El cordón infernal que salió en Super Humor. Y quedé, guau. Dije: yo quiero hacer esto. Siempre fui una lectora de historietas, leí a El Tony, D’Artagnan, Patoruzú, La Pequeña Lulú: todo escrito y dibujado por hombres y sobre temas que escriben y hablan los hombres. Muchas historietas de aventura, que también me gusta. Pero un día me encuentro con esta historieta que hablaba de los vínculos y de las relaciones personales, madre, hija, hermanos, pareja. Y dije, guuuaaau, es posible”.
Aquello dejaría una marca indeleble en su trazo y las líneas de diálogo de sus personajes: por eso dijo que le encantaría que a la muestra vayan amigas, madres e hijas, parejas. Entonces, contó cuál es la fuente principal de sus ocurrencias: las conversaciones de desconocidos que escucha por la calle: “Mi proceso creativo en lo que es el guion es tratar de estar atenta, con la red prendida las 24 horas para escuchar, sobre todo. Escuchar lo que dice la gente, escuchar lo que pasa, ver lo que está a mi alrededor. Yo soy de las que escucho las conversaciones de la gente por la calle, en los restaurantes, en el subte. Donde veo algo jugoso los miro, me acerco para ver qué dicen. Robo de ahí, sí. Observo la realidad, siempre hay que reescribirla más corto. También lo que hablo con mis amigas, tengo seis hermanes, mujeres y varones y desde chica siempre escuchando lo que les pasaba a ellos”.
«Además, en algún momento entendí que eso que me pasaba a mí le pasaba a otras. Entonces, no traté de buscar grandes temas ni cosas muy especiales. Capaz que un día me levantaba con un pelo acá así, me sentía horrible y decía, bueno, vamos a hablar de eso. Y eso era lo que le pasaba a las otras. Entonces ese feedback hizo que ellas se identificaran conmigo y que yo me animara a contar cada vez más cosas. Y es lo que estuvo tan bueno».
De las conversaciones de esta época, después de casi cuatro décadas de olfatear la realidad, dijo: “Hoy la gente conversa menos. Noto que la gente va en el subte mirando el teléfono aunque vaya con una amiga. Van las dos mirando el teléfono. Es fuerte”.

Una de las periodistas en la sala le preguntó: “¿Se considera una mujer alterada, superadora o con curvas peligrosas?”. Maitena respondió: “Ya no me considero ninguna de esas y todas de esas porque fui todas. Ahora estoy en un momento de mi vida que me siento como la druida de la tribu, la vieja que da consejos y sustancias para que todos sean felices, que es un poco la magia de ser la druida de la tribu. Y eso me gusta. Ya no estoy alterada, la verdad que la vida me trató muy bien y estoy muy contenta y agradecida y muy enamorada y eso es enorme, es un regalazo de la vida”.
La muestra se montó por primera vez en 2022 en el CCK, en Buenos Aires, con la curaduría de la reconocida periodista, guionista y dramaturga Liliana Viola. Maitena elegía sus trabajos según las ilustraciones, Viola en cambio se dedicó a leer en detalle las viñetas. Le hizo ver esto: decía cosas que nadie decía en esos contextos en los que publicaba. Entonces, bajo esa curaduría se le dio forma a esta colección que resume lo mejor de su trayectoria.
“La expectativa que tengo es de darle algo a la gente para devolver un poco de todo lo que me dio a mí”, sintetizó a modo de invitación para visitar la muestra en el CEC.
Finalmente, en diálogo con El Ciudadano, la artista habló sobre su presente.
—¿Cambiaron las cosas que te hacen reír?
—Cambiaron las cosas que me hacen reír. Sí. Yo me río ahora con los comentarios de Instagram. Es difícil que el humor gráfico me haga reír. Me hace reír mi nieta. Me hacen reír mis amigas, pero ya de humor me cuesta más. Me río en el teatro. Me gusta ir al teatro a ver cosas de reír, ¿no? fui a ver Pundonor de Andrea Garrote y me reí. Pero es tremenda. A mí me gusta siempre la tragicomedia, no me río fácilmente, pero cada vez te reís menos cuando vas creciendo y eso es una pérdida muy grande, las otras me gustan, hay más sabiduría, hay más madurez, hay una cosa de sufrir menos y estar más tranquila, pero también te reís menos y eso no está bueno.
Yo escucho a las adolescentes cómo se ríen, cómo se juntan con las amigas, no paran de reírse y yo me acuerdo que me pasaba eso hasta bastante grande me pasó eso. Ya me pasa menos y lo extraño un montón.

—Antes dijiste que te nutrís mucho de las conversaciones de desconocidos, también te reís con los comentarios de Instagram. ¿De qué más te nutrís? ¿Teatro, libros, para tu trabajo?
—No, para mi trabajo sobre todo me nutro de la actualidad. Y la actualidad puede estar en las noticias, pero también está en la calle. Está en ver a la gente, escuchar a la gente, ver lo que está pasando, ver de qué hablan. Tratar de estar atenta. sobre todo. Si estás atenta, enseguida te das cuenta qué es lo que está pasando.
—Nombraste la amargura, la tristeza que olfateás. ¿Cómo te impacta eso en tu ánimo, tu espíritu para trabajar?
—Muchísimo y por eso dejé mi trabajo en el diario Clarín. Me impacta muchísimo y la verdad, no quiero hacer eso. No quiero estar tan cerca de la actualidad, no solo nacional sino internacional porque me hace daño de verdad. Me arruina mucho la vida y no es que no quiero saber y no voy a estar informada, pero no quiero estar tan informada, no quiero estar tan cerca porque después es es muy duro de remontar y porque yo intento hacer el humor que hago para abrazar y acompañar a las personas, pero a veces me parece que que soy medio amarga.
Quino dice que con los años te volvés menos graciosa y más reflexiva y a mí me pasa mucho eso. Entonces, me doy cuenta que cada vez hago viñetas menos graciosas. Y no quiero hacer eso, prefiero hacer libros de animalitos. Tengo otros proyectos para hacer otras cosas. Está difícil hacer humor hoy. Humor de actualidad es casi un oxímoron.

“Las mujeres de mi vida” se podrá visitar en el CEC (Paseo de las Artes y el río) de jueves a domingo, de 15 a 20, hasta el 20 de julio. Gratis.