La industria textil atraviesa uno de sus momentos más delicados en la provincia de Santa Fe. Según advirtió el presidente de la Cámara de Indumentaria santafesina, David Bargut, las fábricas trabajan actualmente a menos de un cuarto de su capacidad productiva debido a la caída del consumo, el aumento de costos y la acumulación de stock.
En diálogo con Radio UNR, el dirigente aseguró que el sector registra una capacidad ociosa del 77%, lo que deja a muchas plantas funcionando apenas al 23% de su potencial.
“El principal factor de esta parálisis es la falta de consumo”, sostuvo Bargut, quien explicó que la crisis impacta de lleno sobre la industria de la indumentaria y golpea tanto a pequeñas como grandes empresas.
Según detalló, existen fábricas que cuentan con decenas de máquinas textiles pero actualmente mantienen operativa solo una mínima parte de la estructura. “Hay empresas con 50 máquinas de tejido trabajando apenas con cuatro”, ejemplificó.
El panorama económico se agrava además por el derrumbe de las ventas. Desde la Cámara señalaron que las ventas de mostrador cayeron entre un 50 y un 60 por ciento respecto del año pasado, mientras los costos fijos continúan aumentando.
“Los alquileres, la energía y los fletes siguen subiendo. La ecuación es cada vez más difícil de sostener”, indicó el dirigente empresario.
En paralelo, el sector enfrenta un importante excedente de mercadería debido a proyecciones de demanda que finalmente no se concretaron. Muchas empresas intentan actualmente liquidar stock antes de volver a producir.
Bargut también cuestionó las declaraciones oficiales sobre los precios de la ropa y el debate en torno a la apertura de importaciones. “Las críticas del gobierno son cachetadas para la industria nacional”, afirmó.
En ese sentido, defendió la competitividad del sector textil argentino y sostuvo que el problema principal es la falta de previsibilidad económica. “La industria nacional es creativa y competitiva si tiene reglas claras”, aseguró.
Además, alertó sobre el impacto laboral y social de la crisis. Según explicó, no solo está en riesgo el empleo directo en grandes hilanderías y talleres, sino también la continuidad de oficios especializados históricos del sector textil.
“El riesgo es perder oficios como el de camisero o sastre, que después son muy difíciles de recuperar”, concluyó.