Ante la jueza, el exfuncionario del MPA admitió haber desviado los $425 millones de cuentas judiciales para financiar su adicción al juego. Aseguró que no existía una «asociación ilícita» y que él «arrastró» a los demás implicados. La defensa de otro imputado coincidió: «No hay una banda, se conocieron en el casino por una enfermedad»
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