Aunque Argentina se mantiene alejada de las estadísticas de violencia armada escolar que se registran en otros puntos del continente, la memoria colectiva guarda cicatrices profundas. El uso de armas de fuego por parte de alumnos dentro de instituciones educativas argentinas no es una tendencia, pero sí un síntoma de fallas en las redes de contención y en la custodia de armamento civil.
A continuación, un recorrido por los antecedentes que marcaron un antes y un después en la seguridad y la salud mental escolar del país.
La tragedia de Carmen de Patagones: el quiebre definitivo
El 28 de septiembre de 2004, la Escuela de Enseñanza Media Nº 2 “Islas Malvinas” fue el escenario del hecho más grave de este tipo en la historia nacional. Un alumno de 15 años, conocido como “Junior”, ingresó a su aula y, sin mediar palabra, abrió fuego contra sus compañeros con una pistola 9mm perteneciente a su padre, miembro de la Prefectura Naval.
El saldo fue devastador: tres adolescentes muertos (Sandra Núñez, Evangelina Miranda y Federico Ponce) y cinco heridos. El caso desató un debate nacional sobre el bullying, la salud mental en la adolescencia y la responsabilidad de los adultos sobre las armas de fuego. Junior fue declarado inimputable y el hecho transformó para siempre los protocolos de intervención ante conflictos escolares.
El Colegio Nacional de La Plata: una herida reciente
En agosto de 2017, la comunidad del Colegio Nacional Rafael Hernández de La Plata se vio sacudida por un episodio de extrema crudeza. Una alumna de 15 años, que previamente había manifestado sus intenciones en redes sociales, sacó un revólver calibre .38 en plena clase de Geografía.
A diferencia del caso de Patagones, el ataque fue dirigido hacia ella misma. La joven se disparó en la cabeza frente a sus compañeros y falleció días después. El hecho puso la lupa sobre la detección temprana de conductas suicidas y la presión académica y social en las escuelas secundarias de elite.
Olavarría: el primer alerta
Hacia atrás en el tiempo, en 1997, la Escuela Nº 4 de Olavarría registró un incidente que hoy se lee como un presagio. Tras una discusión en el recreo, un alumno de 15 años hirió a un compañero de 14 de un disparo. Si bien no hubo víctimas fatales, fue el primer gran llamado de atención sobre la presencia de «armas en la mochila» dentro del sistema educativo bonaerense.