Con la avalancha de prendas chinas a precios muy convenientes, mas la caída del consumo, la industria textil argentina está viviendo momentos muy complicados. Marixa Balli contó que debió cerrar un local de zapatos e indumentaria que tenía en el barrio de Flores. No es la única, Benito Fernández y las personas que trabajan con él, también sufren la crisis.
“Yo cerré mi Prêt-à-porter el año pasado. Por tercera vez en mi país me fundí: en el 2001, en 2020 y en 2025. Me quedé con la alta costura. Y a mí me gusta ser popular, entonces mantengo las licencias de mi marca, que son los perfumes, las zapatillas, muebles, además de un edificio con mi nombre”, reveló en declaraciones a A24.
En este local, empleaba a 14 personas y trabajaba con 8 talleres. “Es imposible producir en este país. Hace cuatro gobiernos que nos vienen destruyendo” y agregó “Que Argentina se haya abierto tanto a importar me da pánico. Las marcas que están en los shoppings van a bajar los precios porque traerán todo de China, pero los perjudicados serán los talleres y las marcas chicas”, manifestó el diseñador en diálogo con Net. Y agregó: “La ropa china está destrozando el mercado local”.
Fernández remarcó que no reclama subsidios, sino un Estado que acompañe al sector, como ocurrió en países como España o Brasil, que hoy son potencias en la moda tras políticas de apoyo sostenidas.
Alta costura, bajo riesgo
El diseñador explicó que su refugio en la alta costura fue, en gran medida, una movida estratégica para esquivar las complicaciones del Prêt-à-porter, donde el ritmo de los pagos lo asfixiaba. Según sus propias palabras, el sistema anterior le exigía pagar las colecciones por adelantado para luego cobrar las ventas en cuotas de hasta 90 días, mientras sus proveedores le acortaban los plazos a él. “Había un desfasaje financiero muy importante y no tenía esa cintura”, remarcó Benito Fernández sobre aquel momento crítico.