Rosario, sábado 14 de febrero de 2026
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Rosario, sábado 14 de febrero de 2026

Carlos Capella, ese hombre de las mil aristas

Hace unos pocos días falleció, a los 66 años, el poeta y traductor rosarino Carlos Capella, quien residía en Alemania desde hace mucho tiempo, pero había publicado sus últimos libros en su ciudad natal, los que llevan el título de "Mácula" (2024) y "La noche hospitalaria" (2025), ambos en PcH editora, a cargo de Paola Chinazzo, quien lo recuerda a continuación
Carlos Dante Capella

Paola Chinazzo / especial para El Ciudadano

Con profundo dolor el viernes 6 de febrero recibimos la noticia del fallecimiento del poeta Carlos Dante Capella, gran artista y amigo, traductor y diseñador gráfico, residente en Kreuzberg-Berlín (Alemania). Carlos D. Capella nació en 1960 en Puerto San Julián, Patagonia (Argentina), pero se radicó en la ciudad de Rosario (Santa Fe) hasta 1989, año en el que decide vivir en Berlín.

Como poeta, en el año 1980, dio a conocer algunos poemas en una plaqueta titulada De remansos con mi nave tormentaria. En esta época creó y dirigió la revista literaria experimental La Muda (desde 1982 a 1984). Más tarde, sus poemas y traducciones fueron publicados, por ejemplo, en las revistas Mirto, Último Reino, Diario de poesía, Humboldt (Instituto Goethe), Alba, Lateienmerika lesen (Berlín), La Jornada (México), y además en antologías del festival de poesía berlinés Latinale.

Entre los poetas que tradujo del alemán al castellano se encuentran Swantje Lichtenstein, Monika Rinck, Tom Schulz, Norbert Lange, Mikael Vogel, Dominic Angeloch, Florian Voss; y del castellano al alemán, Xavier Valcarcel (Puerto Rico), destacándose la traducción del poemario Estigia, de Else Lasker-Schüler (Editorial Tres Molins, Barcelona 2020) y, en el género del ensayo, Cervantes-El despertar del ser humano moderno (Helnut Luft, Editorial Brandes & Apsel, Frankurt, 2020).

Luego de los poemas de juventud, sobrevino un período de «silencio poético» hasta el año 2010 cuando volvió a compartir sus escritos en diversas lecturas realizadas en Berlín y Rosario. En el año 2024 publicó Mácula y en el 2025, La noche hospitalaria (ambos en Paola Chinazzo Editora), presentadas por referentes de nuestra ciudad como Roberto García, Héctor Piccoli, Roberto Retamoso y Armando Vites.  Sobre estas ediciones querría mencionar, por un lado, la postergación, y no la urgencia, en la publicación de los textos que Carlos iba escribiendo; el carácter de aplazamiento que le sobreimprimía a lo impreso.

Por otro lado, cuando decidió editar sus poemas, el expreso deseo de publicar en Rosario por el afecto y el sentimiento que lo ligara desde siempre a cada rincón de la ciudad, a su familia y a sus amigos que aquí residen. Pensando en Mácula, diría que esta obra parece ir tras la expresión estética acabada: el trabajo particular con la forma (gráfica, estructural) que se le concede a los poemas (contenidos visualmente por extensas y angostas cajas) encuentra puntos de fuga en distintos fragmentos donde el sonido (la repetición de ciertos sonidos, palabras o frases a lo largo y a lo ancho del poema) trama significaciones con el significado de las palabras para lograr la belleza en su confluencia y en la sugerencia de los nuevos sentidos que se proyectan. Es su presentación formal, porque como mencionara Carlos D. Capella dejando de lado los juicios valorativos “un poeta es quien sacó un libro”.

Respecto de su trabajo, en diálogo con Armando Vites, él decía:  “Mi poesía puede ser que abreve en la prosa, en la narrativa, pero por sobre todas las cosas yo creo que donde verdaderamente se nutre es en el ensayo y en los textos de ciencias naturales, allí donde se habla de la medicina o de la biología o de la botánica o de la antropología.” En cambio, en La noche hospitalaria se intenta la condensación de una escritura inmediata a la experiencia con una enfermedad terminal y sus consecuencias: se llega a la síntesis vida-escritura en el momento preciso que invaden el desvelo y la ignominia, y, a pesar de todo, se vislumbra en la escritura un camino a seguir (pero, ¿la noche está ahí para su consuelo y es hospitalaria?, ¿se puede encontrar alivio físico si acompaña la creación poética? o ¿la noche en un hospital será solo el último refugio, un tiempo y un lugar donde el poeta sabe que la vida concluirá?).

Ciertamente, este libro tiene un tenor que lo diferenciará de muchos otros: cambia el tono de la voz poética, es monotemático y testimonial, aunque el formato de los poemas retorne, seguramente con otras significaciones. El contexto ofrecido al lector es el pabellón neumológico de un hospital situado en el extremo sudoeste de Berlín, donde el río Havel se demora en una boscosa serie de lagos concatenados y como trasfondo, la noche; los estados vividos (el pronóstico optimista ante la enfermedad, el insomnio por la espera, la angustia y la incertidumbre); la premura de la escritura del poema, escribiendo al pie de la crisis que lo motivaba; una confesión: la disposición a percibir, durante las experiencias más duras, ramalazos de belleza (como gesto de distanciamiento, de escapismo estético para moderar la angustia, señalaba Carlos) y su conclusión de que la escritura y la relectura le brindaban cierto alivio y compañía ante la calamidad.

Hace poco, comenzamos a trabajar con su tercer libro, Bicicletero; elegíamos el color de la tapa y la disposición de los textos. Intentando organizar su prolífica producción que incluye cientos de dibujos, también me envió por email otro poemario del cual esperaba comentarios y, en su generosidad, prometió leer mis últimos estropajos desde su aguda y constructiva lectura. Quienes lo valoramos y hemos querido, lo recordaremos como ese hombre dispuesto a experimentar con la vida, alguien que lo apostaba todo para inventar, interesado en la literatura, la música, el dibujo, el saber. Carlos D. Capella siempre serás ese amigo entrañable, ese poeta demorado, ese hombre de las mil aristas.