Un nuevo ajuste en los precios de los combustibles volvió a impactar en las estaciones de servicio de la región y consolidó una seguidilla de incrementos en pocos días. La nafta súper ya se ubica por encima de los 2.000 pesos por litro y genera cambios en los hábitos de los conductores.
La última actualización en los surtidores se suma a otras recientes y configura un escenario de subas consecutivas que se aceleraron durante marzo. El incremento no solo afecta la movilidad cotidiana, sino también los costos de transporte y logística.
Tras la modificación, los valores de referencia quedaron en torno a los 2.018 pesos para la nafta súper y superan los 2.100 pesos en sus versiones premium. En tanto, el gasoil también se ubica por encima de los 2.100 pesos, mientras que el GNC se mantiene considerablemente más bajo.
Este contexto comenzó a reflejarse en una mayor demanda de alternativas más económicas. En particular, se registra un crecimiento sostenido en el interés por la conversión de vehículos a gas, impulsado por la diferencia de costos frente a los combustibles líquidos.
En talleres especializados, el nivel de consultas aumentó de forma marcada en las últimas semanas. A su vez, se observa un cambio en la conducta de los usuarios, con decisiones más rápidas a la hora de avanzar con la instalación de equipos.
El costo de conversión ronda actualmente el millón trescientos mil pesos y los turnos presentan demoras debido al incremento en la demanda. En muchos casos, la capacidad de trabajo diaria ya se encuentra cubierta.
En términos de rendimiento, un tanque estándar permite recorrer alrededor de 150 kilómetros con una carga de gas que resulta significativamente más económica en comparación con la nafta. Esta diferencia se convierte en un factor clave al momento de evaluar gastos mensuales.
Con precios en constante actualización y valores que ya superan los 2.000 pesos por litro, el GNC vuelve a posicionarse como una opción elegida por quienes buscan reducir el impacto económico en el uso diario del vehículo.