Rosario, miercoles 29 de abril de 2026
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Rosario, miercoles 29 de abril de 2026

Crisis en la cadena láctea: menos consumo y más concentración

Las empresas Sancor y Verónica son referencias en la producción láctea de Argentina. Y reflejan la crisis de un sector donde confluyen la caída del consumo, la situación económica del país, la imposición de precios por un puñado de empresas y los malos manejos empresarios. En la localidad de Lehmann (Santa Fe) hay acampe y corte de ruta frente a la planta de Verónica por los más de 700 puestos de trabajo
Crisis en la cadena láctea: menos consumo y más concentración

Por Mariángeles Guerrero / Tierraviva

El cierre o la paralización de empresas como Sancor y Lácteos Verónica evidencian una crisis en la cadena láctea, tanto en su sector primario (cría del ganado y ordeñe) como industrial (procesamiento y elaboración de productos como quesos, cremas o postres). La histórica Sancor anunció su quiebra y Verónica atraviesa un momento de incertidumbre que tiene a 430 trabajadores sin percibir salarios y a los dueños sin dar respuestas. Del lado de las Pymes también se siente el cimbronazo: “La crisis de rentabilidad y la amenaza de desaparición está sobre el pequeño productor, que coincide con el que en general está cooperativizado”, dice Martín Echavarri, presidente de la cooperativa láctea Dos Hermanos de Serrano e integrante de la Federación de Cooperativas Federadas (Fecofe).

El Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA) informa que, entre 2023 y mayo de 2025, cerraron 1.024 tambos en la Argentina. En otro relevamiento, de marzo de este año, asegura que entre 2010 y 2026 los tambos de menos de 2.000 litros de producción diaria redujeron «significativamente» su importancia en la producción de leche. En cambio, los tambos de más de 10.000 litros diarios quintuplicaron su participación en la producción. Esto obedece, explica, a las dificultades de los tambos pequeños por falta de acceso al financiamiento y de incorporación de tecnología, entre otros factores.

La cooperativa Dos Hermanas se ubica en Serrano (Córdoba). Nuclea a 33 socios, 35 tambos de pequeña y mediana escala que producen, en total, 100.000 litros de leche diarios. La producción se vende a la empresa Punta del Agua. La cooperativa cuenta además con 26 trabajadores en relación de dependencia en una planta de alimentos balanceados, un supermercado y en el área de administración, de recolección y transporte de leche y de picado de forraje. “La cooperativa sigue siendo un instrumento de ayuda al pequeño productor”, plantea Echavarri.

Para Echavarri, cada industria láctea tiene una realidad distinta y varían, en cada una, los orígenes de la crisis. Considera que los problemas en Sancor comenzaron hace 20 años. Alude al acuerdo con Venezuela, firmado en 2006, como un de las razones. En 2017, por el default, ese país dejó de abonar a la empresa y contrajo una deuda millonario. También menciona «una estructura pesada y malas decisiones».

Pero, en líneas generales, subraya que hay una crisis de rentabilidad que se explica por la caída del consumo. Apunta que hay una “primarización del consumo”, en el que el consumidor elige productos con menos valor agregado, que son los que le dan “mayor margen a la industria”. Y detalla que el 80 por ciento de la leche se destina a productos con poco valor agregado.

Agrega que, si bien en Argentina la industria está “bastante atomizada”, más del 50 por ciento de la producción está en manos de cuatro o cinco grandes. Y que esas empresas están en proceso de venta, de fusiones, de inyección de capital externo. Tal es el caso de Saputo (con marcas como Ricrem o La Paulina) que acaba de vender el 80 por ciento sus activos al Grupo Gloria, que opera en Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú.

Mientras que el precio de la leche subió un seis por ciento durante 2025, los costos de producción se incrementaron hasta el 70 por ciento en algunos casos, compara. Los costos incluyen combustibles, insumos para el tambo, fertilizantes, productos veterinarios y arrendamientos. “Más del 60 por ciento de la producción de los tambos se hace sobre tierra arrendada. Y el costo de la tierra, que se alquila en quintales de soja, es una carga pesadísima para los tambos”, grafica. Y señala que hoy reciben entre 475 y 480 pesos por litro de leche entregado, con un costo de producción de casi 500 pesos por litro.

Sobreoferta en las góndolas y depresión del consumo

La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) informó en 2025 una recuperación de la producción primaria de leche y de sus derivados. Indicó, con base en datos oficiales, que la producción conjunta de queso, yogures y leches fermentadas, leche en polvo, dulce de leche, crema y manteca totalizó 389.700 toneladas en el primer cuatrimestre del año, lo que implicó un crecimiento del 13 por ciento respecto al mismo período de 2024.

Explicó que, en 2023 y parte de 2024, el sector lácteo en Argentina atravesó diversos problemas debido a “una de las sequías más severas del último siglo y un contexto macroeconómico complejo”. Pero destacó una recomposición desde mediados de 2024 por una mejora en los precios internacionales y la eliminación de las retenciones en agosto de ese año. Además, el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) lanzó una línea de créditos específica para el rubro.

Pero el consumo no acompañó ese proceso. El OCLA destaca que las ventas de lácteos en general cayeron fuertemente en 2024. Si bien en 2025 se dio una recuperación parcial, esta no fue acompañada por una recuperación en valor «debido a que la sobreoferta de productos lácteos ha generado un crecimiento de los precios por debajo de los niveles inflacionarios generales».

Echavarri coincide en que 2024 fue un buen año para el sector, pero que luego “se deprimió el consumo por baja del poder adquisitivo de la gente y eso impactó de lleno en la cadena”.

Lácteos Verónica: 700 familias sin sustento

Uno de los exponentes de la crisis láctea es la situación que atraviesa Lácteos Verónica. Fundada en 1923 y radicada en la provincia de Santa Fe, desde 2017 atraviesa dificultades económicas que se agudizaron en 2025. Hoy amenaza con cerrar sus tres plantas en las localidades de Lehmann, Suardi y Classon. Según datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA), Lácteos Verónica acumula una deuda por 14.000 millones de pesos por cheques rechazados desde febrero de 2025. Debe a bancos como Macro, Santander, Municipal de Rosario, Nuevo Banco de Santa Fe, Galicia y Banco de la Ciudad de Buenos Aires.

Pero la deuda con los bancos no es la única: debe salarios y aportes patronales desde enero. Pese a esto, sus 430 trabajadores continúan yendo a las fábricas. No obtienen respuestas por parte de la familia Espiñeira, dueña de la firma. A quienes continúan activos se suman otros que llegaron a un acuerdo de retiro voluntario pero a los que tampoco se les pagó la indemnización. Suman, en total, 700 familias afectadas. Además, se les debe también a los tamberos y a los proveedores: la deuda con la cadena productiva asciende a 60 millones de dólares.

La situación llevó a los trabajadores y a sus esposas e hijas a manifestarse a través de un acampe frente a la planta de Lehmann y cortes de ruta. Las mujeres se unieron para visibilizar el conflicto: son más de 60. Juntaron 1.200 firmas en menos de una semana para pedir al gobierno de Santa Fe que intervenga como tercero interesado en el conflicto. Hasta el momento fueron recibidas por legisladores de diversos partidos políticos.

Los Espiñeira obtuvieron en septiembre un acuerdo con el Ministerio de la Producción y de Trabajo de Santa Fe. El mismo estableció un contrato de fasón (en la que una empresa entrega materia prima a otra) con firmas lácteas cordobesas, que les permitió seguir produciendo leche en polvo y otros derivados. Ese acuerdo venció el 8 de enero. Desde entonces no hubo más respuestas.

El 6 de marzo los trabajadores recibieron un telegrama en el que se les informó una reducción de la carga horaria y por ende de los salarios. Pero no hay una declaración preventiva de crisis aprobada que avale legalmente esta medida. En otras palabras: no está probado que la empresa no cuente con los recursos para sanear la crisis. El 9 de marzo los empleados de los depósitos de la empresa en Boulogne y Mar del Plata encontraron las instalaciones cerradas. Una situación similar ya habían vivido los trabajadores del depósito de Rosario.

Desde 2017 la empresa está en crisis afectando la estabilidad de los empleados mediante el pago de los haberes en cuotas. “Esta crisis terminó explotando el año pasado cuando se nos fueron todos los tambos y por eso la provincia nos consiguió el fasón. Estamos tratando de cuidar esta fuente de trabajo porque no queremos que cierren”, expresa el trabajador José Anriquez, desde el acampe en Lehmann.

“Hay empleados a los que se les adeuda noviembre, a otros diciembre, aguinaldo, enero febrero, marzo y estamos finalizando abril. Las familias tenemos deudas y la situación económica no ayuda”, señala Berra.

Vanesa Díaz es esposa de uno de los trabajadores de la planta de Suardi. Expresa: “El principal problema es la ausencia, el abandono, no saber a quién recurrir porque ellos desaparecieron. Nunca más dieron la cara en ningún lado”.

El gobierno provincial le dio 15 días a la empresa para regularizar la situación. El plazo vence esta semana. Lo que sigue vía es la judicial.

Tres localidades afectadas

Anriquez, Berra y Díaz coinciden en que la crisis de Verónica va más allá de los trabajadores y sus familias y que afecta a las localidades donde se ubican las plantas, situadas en una de las cuencas lecheras más importantes del país. «Lehmann, Suardi y Totoras son ciudades chicas que dependen de esa mano de obra porque es la fuente de trabajo más grande que tienen. Y esto corta el circuito productivo. Si no cobrás, no cobra el de la despensa, la farmacia, la tienda», señala Díaz.

Muchas familias que alquilaban tuvieron que dejar sus hogares y volver a vivir con sus padres, endeudarse en créditos para pagar cuentas, dejar de pagar servicios básicos o decirles a los hijos que estaban estudiando afuera que vuelvan. Algunos trabajadores comenzaron a hacer otras labores, como cortar el pasto, generando aún más crisis en las pequeñas localidades ya que compiten entre vecinos.

Díaz describe la situación como un «daño psicológico terrible que atraviesa directamente a la familia». Comenta: «Los trabajadores llegan a casa más rotos de lo que se van a la fábrica a cumplir ese horario por nada, o por todo a su vez, porque están luchando».

Anriquez manifiesta: «No podemos aguantar más. Estamos quebrados en el cuerpo y en el espíritu. Es mucho más que solamente el dinero o la justicia de lo que estamos hablando, es sufrimiento». Lo que quedan son preguntas: qué pasará con las tres plantas, hoy paralizadas. Qué pasará con la leche que se produce. Qué pasará con los trabajadores si quedan finalmente sin trabajo.

«El empleado con menos antigüedad trabaja en Verónica hace 15 años. Hay personas que tienen hasta 40 años de antigüedad, personas a las que les faltan meses para jubilarse», dice Berra. E insiste: «Estamos pidiendo una mesa de articulación donde estén presentes las diferentes patas de esta situación para poder encontrar una salida beneficiosa para todos».

Quiénes ganan y quiénes pierden

El Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (CESO) elaboró el informe «Ganadores y perdedores del modelo de Milei». Detalla que en 2024 y 2025, con el modelo de primarización y exportación propuesto por el gobierno, ganaron los sectores exportadores (el agronegocio creció un 17 por ciento y la minería un 16). Entre los sectores perdedores están los «mercado internistas» y el trabajo intensivo: construcción (-16 por ciento), industria manufacturera (-10) y comercio (-6).

Echavarri explica el contrapunto entre la situación del agro y de la lechería a partir de la relación con los mercados externo e interno. “La ganadería de carne, sobre todo la cría, hoy está viviendo un buen momento porque creció la demanda, sobre todo del exterior, y por la poca oferta. El agro concentrado, la producción de soja, maíz y trigo, siempre tiene una demanda creciente de granos”, apunta. Y señala que hoy quedan muy pocos productores de menos de 1.000 hectáreas, lo que les da a los propietarios de campos más grande otra capacidad de compra y de negociación.

Añade que otro problema de la lechería es que produce un alimento perecedero y que requiere de ordeñe diario. “Aún perdiendo plata tenés que ordeñar la vaca y a la leche no la podés conservar, la tenés que vender y con suerte a los 30 días te enterás de cuánto te la van a pagar. Esa debilidad no existe en otros rubros del campo: a la soja la metés en los silobolsas y la vendés cuando el precio te gusta”.

Explica que la industria láctea argentina, salvo en muy pocas excepciones como Saputo, nunca se preparó para la exportación. Y que eso se debe al contexto de inflación que lleva varios años, a buscar una rápida rotación de las ventas y «hacer caja continuamente». Indica: «Es una industria que siempre apuntó al mercado interno. Cuando hay una sobreproducción y una caída del consumo, quien paga los platos rotos es en parte la industria y sobre todo el productor primario».

Edición Darío Aranda