Rosario, viernes 13 de marzo de 2026
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Rosario, viernes 13 de marzo de 2026

Cuando dormir y pensar se cruzan: el vínculo entre sueño y salud mental

En el Día Mundial de Sueño expertos señalan que dormir mal no solo afecta el descanso, sino que aumenta el riesgo de desarrollar trastornos del estado de ánimo
Cuando dormir y pensar se cruzan: el vínculo entre sueño y salud mental

El sueño es una función de nuestro cuerpo esencial para la salud, al igual que la alimentación y la actividad física, mientras que contribuye a la memoria y al aprendizaje, ayuda a eliminar los desechos producidos por las neuronas en el cerebro y fortalece la salud cerebral.

Un sueño deficiente puede tener un impacto significativo en la salud humana y la falta de sueño se relaciona con obesidad, diabetes, enfermedad coronaria y muertes de causa cardiovascular, mientras que puede reducir la respuesta inmunitaria, lo que aumenta la susceptibilidad a infecciones, las cuales a su vez disminuyen aún más la calidad del sueño, según un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas.

En un contexto donde el ritmo de vida, el estrés y la hiperconectividad afectan cada vez más los hábitos de descanso, la calidad del sueño se convirtió también en un indicador clave del bienestar psicológico y diversos estudios científicos muestran que dormir mal de forma persistente no solo impacta en la energía diaria, sino que también puede aumentar el riesgo de desarrollar trastornos del estado de ánimo.

En el marco del Día Mundial del Sueño, que se celebra este viernes, la neuróloga Stella Maris Valiensi, autora de La Ruta del Sueño, publicado por la editorial de la Universidad Hospital Italiano, indaga en la estrecha relación que existe entre dormir mal y los trastornos del estado de ánimo, como la depresión y la ansiedad.

“Las personas que duermen poco o mal durante períodos prolongados como, por ejemplo, dos años, tienen más del 50% de probabilidad de desarrollar síntomas depresivos. A su vez, la depresión y la ansiedad también pueden alterar el sueño. Hablamos de relación bidireccional porque el insomnio puede ser causa, consecuencia o ambas cosas al mismo tiempo”, explica la neuróloga especialista en patologías del sueño.

Es importante destacar que no todo episodio de mal dormir es un problema clínico. El insomnio puede estar asociado a situaciones de estrés como exámenes, viajes o conflictos personales. En ese caso, hablamos de insomnio circunstancial, mientras que hablamos de insomnio crónico cuando persiste durante más de 3 meses. Los síntomas más frecuentes incluyen fatiga constante, irritabilidad, bajo rendimiento, cambios en el estado de ánimo, sensación de no poder “apagar” la mente, y una preocupación excesiva por no lograr dormir. “En este último caso, se instala con frecuencia un círculo ansiedad–insomnio: el miedo a no dormir empeora el problema”, desarrolla Valiensi.

“Existe una tendencia a medicalizar el insomnio, en parte por falta de tiempo en la consulta médica o por dificultades de acceso a terapias especializadas como la Terapia Cognitivo-Conductual para Insomnio (TCC-I)”, explica la experta, quien añade: “Además, cuando no se abordan causas subyacentes -ansiedad crónica, depresión, estrés laboral o conflictos emocionales- el síntoma puede persistir, aunque la medicación ayude temporalmente”.

El uso sostenido de medicación para dormir no es inocuo, especialmente cuando comienza en edades tempranas y se prolonga durante años. La melatonina, por ejemplo, se popularizó por su perfil “natural”, pero natural no significa inocua ni adecuada para todos los tipos de insomnio.

“Puede ser útil especialmente cuando existe una alteración del reloj biológico. Su indicación depende de la edad, características personales y tiempo de uso, y es fundamental que sea evaluada y controlada médicamente”, desarrolla la médica, quien agregó: “La evidencia es clara: cuidar el descanso es también cuidar la mente. Promover hábitos saludables y consultar ante dificultades persistentes puede ser clave para romper el círculo entre insomnio y trastornos del estado de ánimo”.

Claves para un sueño saludable

Ciertos trastornos del sueño, como la apnea obstructiva del sueño y el trastorno de movimientos oculares rápidos (REM, en inglés, o MOR, en castellano), se asocian con deterioro cognitivo, demencia, riesgo de convulsiones y un mayor riesgo de accidente cerebrovascular. Dormir mal puede reducir el tiempo de reacción, deteriorar el juicio y generar deterioro cognitivo con efectos similares a los de la intoxicación alcohólica. De esta manera, la somnolencia puede afectar la conducción.

“Planificar la salud del sueño requiere adaptar las estrategias a la vida de cada persona. Es clave controlar el entorno de descanso: minimizar la luz, mantener la temperatura fresca y sentirse cómodo y relajado. Establecer horarios de sueño regulares y dormir al menos siete horas por noche ayuda a mejorar el descanso. También es importante reflexionar sobre la satisfacción con el sueño, monitorear el progreso y crear un plan de acción gradual. El primer paso fundamental es reconocer que el sueño es esencial para la salud y convertirlo en una prioridad en la vida diaria”, comentó el Dr. Eduardo Borsini (M.N. 99.551) Servicio de Neumonología, Unidad de sueño del Hospital Británico de Buenos Aires.

La salud del sueño es multidimensional y va más allá de simplemente “dormir lo suficiente”. Un sueño saludable implica considerar varias dimensiones que afectan tanto la calidad del descanso como el bienestar general. Entre ellas se incluyen la duración, es decir, cuánto se duerme durante las últimas 24 horas; la eficiencia, que evalúa qué tan fácilmente se duerme y se mantiene el sueño; el tiempo y la regularidad, que se refiere a los horarios de sueño y vigilia; el estado de alerta, relacionado con la capacidad de mantener concentración y atención durante el día; y la calidad, que refleja si la persona se siente satisfecha con su sueño y cómo se encuentra al día siguiente.

Fuente: Noticias Argentinas