Como lo hace casi de forma permanente, Netflix sumó a su catálogo una nueva serie de terror y suspenso que viene precedida de una serie de detalles que, al menos, llaman la atención de los abonados. Se trata de Algo terrible está a punto de suceder, que en principio lleva la firma de los muy efectivos hermanos Duffer, que pasaron casi del anonimato al estrellato internacional gracias a la taquillera Stranger Things, que terminó, luego de varias temporadas, a fines del año pasado.
Nuevamente sumidos en un universo denso, complejo y particularmente incómodo, los Duffer cuentan aquí la historia de una pareja que atraviesa la semana previa a su boda. Lo que debería ser un momento de celebración se transforma en una experiencia cada vez más inquietante. Cada episodio representa un día distinto, acercándose lentamente al evento central. Pero lejos de construir una expectativa romántica, la serie apuesta por todo lo contrario: un descenso progresivo hacia un caos de corte infernal.
La protagonista, Rachel (Camila Morrone) comienza a percibir que algo no encaja. La familia de Nicky (Adam DiMarco), lejos de resultar acogedora, esconde comportamientos extraños, silencios incómodos y una tensión constante que se vuelve imposible de ignorar.
La narrativa juega con el espectador a partir de una pregunta clave: “¿Por qué dos personas son almas gemelas?”. Pero hay más detalles. A los productores ejecutivos de Stranger Things hay que sumar a la directora de Bebé reno, Weronika Tofilska. Esa juntada hace que Algo terrible está a punto de suceder se corra ampliamente de la media del género para proponer algo diferente y al mismo tiempo, atrapante.

La historia se emparenta con una época obsesionada con las apps de citas y fórmulas algorítmicas para conocer a alguien y eventualmente formar una pareja. Y en el mismo sentido, pone en tensión el riesgo que supone confiar a ciegas en eso, por la urgencia o la necesidad de amar y ser amado. De modo que desde el primer momento, el espectador sabe que algo no va a estar bien, que algo falla y se rompe, aunque no pueda identificar exactamente qué es.
De hecho, esa ambigüedad se convierte en el motor principal de la narrativa que viene dejando una huella en el trabajo que proponen los hermanos Matt Duffer y Ross Duffer. Aunque esta vez no están a cargo del guion principal, su participación como productores ejecutivos marca una línea clara: el terror psicológico es el gran protagonista.
El verdadero descenso a la locura comienza cuando Rachel cruza la puerta de la casa de sus parientes políticos y dos cosas suceden de inmediato. Por un lado, que no es bienvenida y se lo hacen saber. Por otro lado, que el rechazo de la familia de Nicky (o lo que ella cree que es un rechazo) sea tan inexplicable como tenebroso. Todo ocurre en ese incómodo punto medio donde la cortesía parece ensayada y actuada. Mucho más porque la familia Cunningham se comporta como un sistema cerrado, casi como una secta, en la que cada integrante cumple un rol preciso y donde cualquier elemento externo, como en su caso una futura esposa, altera el equilibrio establecido.

De este modo, más allá de que es un tema conocido como disparador del terror, a medida que avanza la historia, Algo terrible está a punto de suceder crea sus propias reglas para explicar el misterio terrorífico que le da sentido. El misterio de lo que sea que acecha a Rachel se convierte en algo más complicado que sólo antipatía familiar o celos.
La serie juega con la idea tramposa de un narrador poco fiable, por lo que nunca está muy claro si su angustiada protagonista imagina todo lo que le pasa o realmente está ocurriendo, dejando al espectador atrapado frente a la pantalla.
