El gobernador Axel Kicillof está listo para confirmar el paso que lo posicionará como uno de los principales candidatos de la oposición nacional para dar la pelea presidencial en las elecciones ejecutivas del próximo año. Sin embargo, como es sabido, no le será fácil. La diferencias con el kirchnerismo duro son grandes. Y pese a que puertas adentro, desde ambos sectores, hablan de una “unidad amplia”, no es posible bajarle el tono a los cruces.
Lo sucedido en Ensenada, donde la militancia local cantó en favor de “Axel Presidente”, algo que el gobernador acompañó con un aplauso sostenido en complicidad con los presente, fue una de las primeras chispas que se encendió para comenzar a terminar de darle forma a un proyecto que cuenta con el aval de un sector del peronismo pero que es cuestionado desde la pata que pretende que el mandatario provincial reconozca el liderazgo de la expresidenta, Cristina Fernández.
Fue el intendente Mario Secco quien, sin rodeos, oficializó la consigna “Kicillof 2027”. El mismo mandamás que ocupa, desde hace tiempo, la mesa chica entre los pares que van en busca de un mismo objetivo. Y tiene sentido. Muchos alcaldes se juegan demasiado. Sucede que, de no haber cambios en la ley que prohíbe las reelecciones indefinidas, son 53 los jefes comunales del peronismo (de un total de 84) que no podrán ir por un nuevo mandato. Entre ellos, Secco.

La validación pública de Kicillof sirvió como reflejo de lo que mucho se habla por los pasillos y en los medios, pero que el gobernador todavía no acompaña de manera directa. Los motivos son amplios. La necesidad de no quemar antes de tiempo los papeles, la construcción federal y el equilibrio interno de un sector que intenta no mencionar a CFK pero que sabe del piso electoral que representa la exprimera mandataria.
Sin embargo, este movimiento hacia el centro del escenario nacional tensó más la situación interna. Y las reacciones no tardaron en llegar. El presidente del bloque de senador de Unión por la Patria en la Cámara alta de la Legislatura bonaerense, Sergio Berni, se convirtió en la voz más ruidosa de esta resistencia interna.
Si bien en otras ocasiones elogió la gestión del gobernador, de quien fue ministro de Seguridad durante su primer mandato, de gestión de Kicillof, el senador fue contundente al manifestar que «Kicillof tiene que tomar una decisión. Si quiere ser el candidato a presidente de todo el peronismo o de un sector”.
En ese sentido advirtió que para conducir no hay margen para la ambigüedad. “Lo que no puede es dudar o hacerse el distraído”, manifestó. Y fue más allá al asegurar, alineado al liderazgo de CFK, que «si no acepta la conducción estratégica, buscaremos otro candidato”.

La postura de Berni refleja el malestar de un sector del kirchnerismo que ve en la autonomía de Kicillof una amenaza al orden jerárquico establecido. Para estos dirigentes, el gobernador tiene la responsabilidad de fortalecer la unidad bajo el mando de Cristina y cualquier intento de construcción “sin sectarismos”, como lo que propuso el gobernador en Ensenada, es interpretado como un distanciamiento peligroso.
“¿A qué conducción se refiere, Berni?”, le preguntó a este medio una voz autorizada del MDF. Y respondió con una consulta: “¿En qué capítulo está de los idas y vueltas con Cristina? Entiendo que parte del acuerdo para que sea jefe de bloque del peronismo en el Senado viene por ahí”.
Destino Córdoba
Con este marco de fondo, Kicillof desembarcará este jueves en Córdoba. No se trata de un hecho administrativo más. El gobernador dará un paso más en su posicionamiento nacional en una de las provincias más observadas por todo el arco político debido a sus vaivenes electivos.
Córdoba es, en los hechos, el epicentro del voto antikirchnerista que impulsó a Mauricio Macri como presidente y, más acá en el tiempo, a Javier Milei. El viaje a la provincia mediterránea será para firmar convenios de colaboración y mostrarse junto a figuras locales, pero también en busca de mostrarse como parte de un peronismo abierto a sumar junto a otros colores políticos.
En la lógica de la candidatura 2027, Córdoba representa el examen de aptitud política para cualquier dirigente que pretenda gobernar la Argentina: si Kicillof logra establecer un puente con el electorado cordobés, su valor como presidenciable se disparará y desafiará incluso las advertencias de quienes, como Berni, pretenden mantenerlo confinado a las directivas del Instituto Patria.
Fuente: DataClave