Por David Ferrara
Ya se ha dicho en estas líneas: el Central de Holan no te falla. El Profesor está generando un equipo que no depende exclusivamente de sus figuras, que halla recambio y que se afirmó en la convicción de intentar incluso cuando las cosas no salen.
Y eso que el Manual de Pesimismo del hincha aparece en cada visita al Monumental, con una serie de máximas que suelen cumplirse a rajatabla y que tras la ilusión del inicio de juego con gol amenazaron con copar la parada otra vez.
Es que un River que llegaba con algunas dudas mostró su mejor rendimiento en mucho tiempo, mientras los jugadores de Central se la pasaban resbalándose, sobre todo un Bravo que hizo mérito para cambiarse el apellido a Pésimo (habrá que enseñarle que su chamba es despejar). Ni hablar de que siempre un pibe del rival mete el primer gol de su vida contra nosotros, o que las líneas del Var siempre miden para el otro.
Pero en este Central los que entran creen, los que se equivocan no se rinden, y aunque nada sobra, siempre se busca. Y muchas veces encuentra.
Por eso las quintas amarillas duelen, pero no son definitorias; por eso las lesiones de jugadores clave molestan, pero no aseguran derrota; por eso el inexplicable fixture con 7 partidos de 11 como visitantes es un papelón, pero no es excusa.
Y por eso llegó el empate contra River en un partido que en cualquier otra temporada hubiera perdido, y que hubiera sido victoria de no ser por la definición ya marca registrada de Copetti, el delantero de contención que tiene el equipo y que a esta altura pasa de simpático a trágico.
¿Será tal vez una de las anécdotas para recordar en una temporada exitosa? Es que partido a partido siempre alguien da la cara y se potencia. Y nadie se achica, porque esto es Central.