Hay músicos que son muy talentosos, que tienen un dominio envidiable del instrumento que ejecutan, que en sesiones en vivo despiertan la admiración, y que muchas veces son parte fundamental para que la banda o formación que integran tenga un plus de calidad sonora que la destaca por sobre sus similares. La más de las veces, esos músicos no suelen ser muy conocidos, se los suele ver y escuchar en diversas jam sessions o directamente integrando formaciones, a veces por un tiempo determinado, puesto que cierta inquietud los lleva a buscar otras propuestas estéticas, tal vez más afines a sus preferencias. Algunos, con el correr del tiempo, se yerguen como figuras indispensables o, ya convencidos de sus bondades instrumentales o vocales, se largan con una carrera solista.
Uno de estos músicos fue el baterista y percusionista Sly Dunbar; el pasado remite a la reciente muerte del músico de origen jamaiquino que tocó con Bob Marley, Ian Dury, Joe Cocker, Yoko Ono, Mick Jagger (y también los Stone);con Grace Jones en los discos Warm Leatherette, Nightclubbing y Living My Life, en pleno apogeo de la cantante negra; con el francés Serge Gainsbourg, en un disco que incluía una polémica versión reggae de La Marsellesa, el himno nacional francés; con Bob Dylan en los álbumes Infidels, Empire Burlesque y Down in the Groove, entre otros.
Influenciado por las rítmicas de Otis Redding, Booker T. and the MGs, Sly and the Family Stone (de allí su apodo ya que su nombre verdadero es otro), tuvo su debut con Lee “Scratch” Perry, el famoso productor jamaiquino y uno de los pionero del dub y el reggae. A principios de los 70, Dunbar, que ya manejaba patrones percusivos de pulsos y silencios con gran destreza, se encontró con el bajista Robbie Shakespeare, despertándose entre ambos afinidades electivas muy precisas –las concepciones sobre el reggae y el groove, sobre todo–, algo que los llevaría a conformar un proyecto musical conjunto basado en la rítmica sincopada y la electrónica.
Como sección rítmica –nombrados como Sly & Robbie– fueron clave para el despertar del reggae durante los años 70 y pronto acompañaron al cantante Junior Marvin en el tema que lo hizo famoso, “Police and Thieves”, y a Marley en otra canción con la que el rey del reggae ocupó primeros puestos en rankings radiales, “Punky Reggae Party”, participaciones que promovieron la calidad del dúo, sobre todo entre músicos ingleses que se acercaban o incorporaban esa rítmica, hasta llegar a oídos de los Rolling, quienes los convocaron para una gira por Estados Unidos en 1978 para promocionar Some Girls, el nuevo álbum de la banda.
También Dunbar estuvo con el grupo de cantantes de reggae Black Uhuru, junto a quienes obtuvo un Grammy por el intenso disco Anthem, en 1985, que sería el primero de esos galardones, porque en 1999 se llevó otro junto a Shakespeare por el álbum Friends, habiendo sumado 13 nominaciones durante su trayectoria. La última vez que estuvieron ternados sería en 2020, con el disco The Dub Battle. Una vez, el compositor y cantante Brian Eno dijo sobre el percusionista jamaiquino: “Cuando compras un disco de reggae, hay un 90% de probabilidad de que el baterista sea Sly Dunbar”. Otro piropo se lo tiraría Dylan, fue sobre la participación de Dunbar en los tres discos grabados durante los 80. El autor de “Hurricane” expresó que esas sesiones habían estado “entre las más geniales y eso que ya he tenido muchas, pero Sly te sugiere cosas todo el tiempo”.

Dar siempre un paso más allá
No solo sería la opinión de Dylan la que halagaba las bondades del baterista, sino que fue su singular estilo lo que impulsaría el subgénero reggae roots hasta consustanciarlo de modo original con el rock, el funk y hasta la música disco. Con el bajista Shakespeare fundaron el sello productor Taxi Records, en el que dieron cabida e hicieron conocer a una buena cantidad de músicos de origen jamaiquino cuyos talentos hubieran quedado en el ostracismo de no ser por este empuje. Pero Sly sería el faro bajo cuyo influjo muchos querían estar, porque además aprendían de sus conceptos musicales que parecían no tener límites.
Luego de participar con los Stones en grabaciones de simples y largos, Mick Jagger le pidió que sea el batero de She´s the Boss, su disco solista. El líder de Sus Majestades expresó después de la grabación de ese disco que “ya que Sly esté en el estudio es suficiente para sentir que todo saldrá bien; si además toca, la satisfacción es completa. Incluso cuando uno cree que sabe mucho acerca de cómo conseguir que un tema suene perfecto, Sly puede sugerirte algo impensado, y eso no pasa a menudo”.
Evidentemente así funcionaba la cosa con Sly y, por supuesto con su compañero bajista. En 2008 ambos hicieron un disco impresionante titulado Drum & Bass Strip to the Bone junto al productor escocés Howie B, un registro inmersivo lleno de detalles sonoros experimentales pero a la vez muy concretos para un estilo dub que expandía sus posibilidades en terrenos algo desconcertanes. Sly había dicho esa vez: “Robbie y yo nunca vimos límites en el reggae. Siempre queremos ir un paso más allá. Si este fuera sólo un álbum de dub, no tendría sentido; hay muchísimos álbumes de dub. Ahora tenemos que hacer algo diferente. Tenemos que ir poco a poco, pero siempre avanzando”.
El disco es poderoso, rotundo, bailable, flexible, casi vanguardista. En un documental de la BBC hecho en 2011, llamado Reggae Got Soul: The Story of Toots and the Maytals y que tenía un epígrafe que rezaba ““La historia jamás contada de uno de los artistas más influyentes de Jamaica”, puede escuchárselo a Sly dar algunas pista sobre sus conceptos musicales, sobre el origen de su inspiración y el estilo del reggae roots definido como “One Drop”.
“Mucha gente me ve y no sabe la inspiración que me da tocar esto. A veces la inspiración viene de la línea de bajo o del cantante. Porque toco una canción, y toco una parte no como un baterista, sino como lo haría un tecladista. Busco el patrón o el ritmo que podría cambiar en el estribillo. Hay una canción llamada «How Could I Leave», de Dennis Brown, que toqué en la toma original. Cuando volví de la gira, me dijeron: «¡Tocá lo que quieras!», porque sabían que no iba a tocar el one drop. Empecé a tocar y todo el estudio se puso furioso, diciendo: «¡Ya está! ¡La canción está terminada! Pero yo simplemente me movía al ritmo de la línea de bajo. Todas esas cosas pude aprenderlas en Kingston (Jamaica) donde todo el mundo hacía música y uno encontraba diversidades inimaginables en cuanto a extraer sonido nuevos a cualquier instrumento”.
Raíces e ideas comunes
Seguramente su encuentro con Shakespeare fue una de las mejores cosas que le pudieron haber pasado, ya que ambos tenían raíces e ideas comunes con el reggae y con ese universo surgido de las barriadas pobres de Jamaica. Y pensaban que no había géneros que no pudieran dialogar con algo que consideraban, sobre todo, un sentimiento.
Ambos dejarían su huella en hits de distintas décadas y estilos. Además de las mencionadas más arriba participaron en grabaciones de No Doubt (Underneath it All y Hey Baby); de Fugees en su álbum The Score; de Maxi Priest en Easy to Love. Por supuesto, Dunbar también hizo la percusión del disco Undercover de los Stones.
Luego sería parte de varios éxitos del súper dúo jamaiquino Chaka Demus & Pliers, con los temas “Tease Me” y “Murder She Wrote”, canciones embanderadas en lo que se conoció, durante los años 90, como dancehall; su rítmica impulsa la hermosa versión de la canción “Night Nurse”, de Gregory Isaac, que hizo la banda británica Simply Red. Sly moría hace unos días, a los 73 años, y se pierde así a quien marcó un verdadero hito en la era del reggae, género al que supo impregnar de imaginación creativa, como una usina que no paraba de expandir sus posibilidades sonoras, que asombraría a otros grandes músicos que se disputaban su compañía musical.