La industria textil atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente. Con niveles récord de capacidad ociosa, fuerte caída del empleo formal y un avance sostenido de las importaciones que reemplazan producción local, el sector se consolida como un caso emblemático de deterioro estructural, según datos de la Fundación Pro Tejer.
En ese contexto, los reclamos empresariales por una baja de impuestos para mejorar la competitividad chocaron esta semana con una respuesta directa del ministro de Economía, Luis Caputo, que reavivó el debate.
En diálogo con Radio Mitre, Caputo fue tajante al referirse al esquema de protección histórica del sector y reconoció que nunca compró ropa en la Argentina por sus elevados precios.
El ministro fue más allá y apuntó a la distribución de los beneficios del modelo: “Las 50.000 personas que trabajan en el sector no son millonarias. Quienes realmente se beneficiaron fueron los dueños, a quienes conozco desde hace muchos años, y a los que les fue muy bien gracias a que los argentinos subsidiamos ropa hasta diez veces más cara. Lo que no se paga de más en indumentaria queda disponible para gastar en otras cosas, y esos recursos se terminan destinando a otras industrias. No todos van a reaccionar igual: habrá que competir por diseño”, afirmó.