La última medición de pobreza del Indec, que arroja un significativo descenso en el segundo semestre de 2025 contra igual período del año previo, fue puesta en entredicho por varios economistas que explicaron los sesgos metodológicos que distorsionan la medición festejada por la Casa Rosada. En Santa Fe también saltaron las alarmas. Desde el área social del Ejecutivo rosarino contrastaron la cifra estadística con la realidad que se evidencia en el trabajo territorial. En cambio, el Ministerio de Economía provincial expresó confianza en los números oficiales, pero acotaron que reflejan una realidad aún preocupante.

El Indec dio para el Gran Rosario (uno de los 31 aglomerados urbanos que analiza en la Encuesta Permanente de Hogares, EPH) que los hogares por debajo de la línea de la pobreza por ingresos bajaron del 23,8% calculado en el segundo semestre de 2024 al 16,6% en mismo período de 2025.
En la medición por personas, la estadística oficial señala que la caída entre los dos períodos va del 32,4% al 22,3%.
Metodologías y otras variables que encienden dudas
La conclusión de una pobreza en baja en el Gran Rosario (y no solo en este aglomerado) contrasta con otros datos, también oficiales.
Por ejemplo, el aumento de la desocupación en el conurbano rosarino que, en la misma comparación temporal, creció desde el 6 al 6,5%.
Y a eso se suma, para la desconfianza, que el cálculo de la canasta básica, umbral estadístico por debajo del cual se califica a hogares o personas como pobres según ingresos, se elabora en base a una estructura de consumos ponderados de 2024, que contempla una menor incidencia de servicios, entre otras cosas, que la actual. El Gobierno nacional se negó a actualizarla.
Otro factor distorsivo es el nuevo cuestionario, más exhaustivo, de la EPH para evaluar ingresos, que obtiene valores más elevados. Es que no se hizo el empalme con el viejo esquema para evitar el «salto» estadístico distorsivo. Esto sobre todo impacta en el cálculo de los ingresos de trabajadores informales, sobre los que no hay datos duros registrados. En cambio, se hace sobre las respuestas a las preguntas de los encuestadores.
Por eso, a contrapelo de una observación en terreno y otros indicadores, los sueldos del sector «en negro», para el Indec, subieron más que la inflación y así levantaron el promedio salarial en el calculo de pobreza: si superan o no el valor de la canasta básica (alimentos más servicios esenciales).
Contraste con la realidad en el terreno

El secretario de Desarrollo Humano y Hábitat de Rosario, Nicolás Gianelloni, marcó el desfasaje entre el cálculo estadístico y lo que surge de analizar el terreno.
«En Rosario, tenemos nuestro monitoreo de la cuestión social«, abrió el cuestionamiento. «Lo hacemos de manera multidimensional, viendo el acceso a la salud pública, las asistencias alimentarias, el pedido de trabajo», precisó para señalar: «En todas esas variables, nos da unos números muy distintos a los de Indec».
Un día después de publicadas las cifras oficiales, el funcionario, consultado durante su presencia en la feria municipal por Semana Santa, ofreció más datos que surgen de la intervención pública en territorio.
«Tenemos un crecimiento de más de un 30% del pedido de ayuda social en la ciudad, sumado al crecimiento de las personas en situación de calle», señaló la contradicción. Y destacó que esa distancia es evidente: «Cualquiera que camina por la ciudad lo sabe».
De todos modos, Gianelloni prefirió no cargar tintas en la actual gestión nacional al señalar que la ausencia de estadísticas serias en el país data de años. Y enfatizó ese déficit de insumos para políticas públicas ajustadas a la realidad: «La Argentina decidió volar en un avión al que se le rompieron los relojes, y de esta manera no sabemos a qué altura volamos, la velocidad, estamos así, manejando sin estadística».
Construir datos propios
En base a ese diagnóstico, Gianelloni explicó que los gobiernos locales o provinciales se ven obligados a desarrollar «formas propias de monitoreo y seguimiento, ya que el Indec hace tiempo que perdió el carácter técnico que tendría que tener para hacer una medición consistente».
El secretario municipal fue contundente: «En Rosario, tenemos otros números, otra percepción de la realidad social«. Y ejemplificó con el acuse de recibo de lo que auscultan en la ciudad: «La cuestión se está sobrecalentando en la cantidad de gente que deja de tener obra social porque pierde el trabajo».
El Estado sobrecargado
Sobre el último punto, el funcionario completó que «esas mismas personas pasan al sistema público de salud, gente que viene a los centros Cuidar a pedir asistencia alimentaria, gente que no puede pagar un club y va a los polideportivos municipales, todas las actividades sociales de municipios están en un incremento de un 30%».
Desde la provincia confían en los datos oficiales
El ministro de Economía de Santa Fe, Pablo Olivares, avaló los resultados del Indec. «El dato de Santa Fe ha sido así», dijo, y lo remitió, también a tono con las cifras oficiales de Nación, a «la evolución de ambas canastas (básica y total) en función de un proceso de desaceleración inflacionaria». Un panorama que calificó como «positivo».
En conferencia de prensa en la Casa Gris, no obstante, el funcionario se corrió del optimismo sobreactuado con que el Ejecutivo nacional saludó las recientes estadísticas. «Tenemos que seguir avanzando, porque marcar que ha habido una mejora es un punto importante, pero estamos más cercanos del 30 que del 20 por ciento (de pobreza, con el promedio nacional en 28%), por lo cual eso también es un tema que nos lleva a reflexión», contextualizó.