Fito Páez Solo Piano. Solo un piano. Solo un Fito. Que no estuvo solo. Que fue uno con el piano. Que fue uno con el público. En una presentación de formato intimista, que no dejó de brillar como un verdadero recital de rock, el artista brindó el segundo de los conciertos en Rosario en el marco de Casa Páez, la serie de shows donde revisa su historia musical a lo largo de cuatro espectáculos en la ciudad. El de este miércoles por la noche tenía un condimento especial. Fue en el escenario del Teatro Fundación Astengo donde Páez eligió sentarse junto al piano para repasar una selección de los grandes éxitos de su carrera artística y también homenajear parte del repertorio del cancionero popular de grandes íconos de la música nacional. Fue en ese mismo teatro –en la fila 7, detalló– que un Páez de 13 años vio por primera vez a La Máquina de Hacer Pájaros y escuchando a Charly García tocar “Rock and Roll” en plena dictadura militar sintió la revelación: “Me voy a dedicar a esto. Y acá estoy. Gracias Charly”, contó ante un público que colmó la sala, acompañó, coreó y aplaudió cada uno de los temas que sonaron durante cerca de una hora y media de show.
Sentado solo con un piano en el centro del escenario, Páez buscó conectar con un público eufórico por su presencia al que le pidió evitar los gritos para disfrutar de la ceremonia, en una especie de comunión con un auditorio colmado al que invitó a “dejar de scrollear” para recuperar “la magia, la locura y la frescura” de los artistas a los que homenajeó y que formaron parte de la historia nacional e internacional.
“Hago hincapié en todos estos artistas que han fundado algo que no existía porque en la búsqueda de eso que no se sabe qué es, esa invención termina alegrándonos a todos. Por eso es importante buscar, descubrir, curiosear, dejar de scrollear. Estamos viviendo en un mundo ultraconservador que ha perdido toda esa magia, esa locura y esa frescura. Entonces voy a por ello”, dijo antes de interpretar a Nebbia con “Viento dile a la lluvia”.

Ese sentido homenaje a los artistas nacionales no sólo se vivió en la interpretación del repertorio, sino en la elección de hacerlo solo con el piano para crear una atmósfera íntima y de cercanía -aunque por supuesto contó con momentos de palmas y euforia popular- en una búsqueda de generar una conexión en el presente, un encuentro vivo que escape a la comunicación mediante pantallas, un espacio que sirva como refugio colectivo y emule, de alguna forma, un momento de creación, de revolución de las letras y del sonido como aquellos destacados artistas lograron imprimir en la historia nacional.
“Esto que está pasando acá es buena dopamina. El silencio, el amor, la transmisión de energía es sana. Hay que agarrarse a eso en estos tiempos como a un palo en altamar. Y vamos a llegar a la orilla. Lo sé”, aseguró.
A puro rock
El concierto comenzó cerca de las 21.30 cuando Páez subió al escenario coreando a capella una estrofa de “Dale alegría a mi corazón” acompañado por un público que celebró su aparición con aplausos y gran entusiasmo. Ya sentado en el piano abrió la noche con “Giros”, a la que le siguió el primero de los homenajes al interpretar “El Oso”, la cual contó con una sorpresa especial: la aparición del propio Moris en el escenario al terminar el tema para fundirse en un abrazo con el músico y despertar la admiración y ovación del público.
“Me siento parte de la historia de esta ciudad”, dijo Páez y contó que hace 45 días se prepara para este serie de conciertos y “para no emocionarse”, aunque con voz quebrada confesó: “Me estoy emocionando un montón”.

Luego fue el turno de “Dos días en la vida” y “El cuarto de al lado” a los que le siguieron otros grandes éxitos de su destacada trayectoria musical como “La Despedida”, “Waltz for Marguie” -en homenaje a su hija Margarita quien estaba presente junto con su otro hijo Martín-, “La rueda mágica” y “Pétalo de sal”, que fueron interpretados por el artista intercalados con temas de otros compositores del repertorio nacional.
También sonaron “Nocturno en sol”, “Bello abril” y la aclamada “Brillante sobre el mic” con la que dio paso al último tramo de la noche.
Homenajes
“Mirá lo que estaba haciendo este hombre en 1978, en plena dictadura militar”, le dijo Páez al público en referencia a Charly García cuando tocó «Desarma y sangra». Otro de los atributos que sumó al repertorio fue “Viento dile a la lluvia”, de Lito Nebbia, que consagró la noche junto con “Zamba del cielo”, que el artista grabó con Mercedes Sosa y Liliana Herrero en el álbum Cantora, “Los ejes de mi carreta”, de Yupanqui -para el que el músico pidió bajar las luces de sala al mínimo y crear un clima de gran intimidad- y “El fantasma de Canterville”, de Sui Generis, con el que Páez se despidió del auditorio para regresar -con un cambio de ropa- y dar paso a los bises.
Ya en el final de una noche que se vivió como una celebración compartida, Páez entonó “11 y 6” la que enganchó con una versión del tango “Los Mareados”, de Cobián y Cadícamo –donde reemplazó– “dopados” por “drogados” y “amor, Rosario, dolor” como las “tres cosas que llenan el alma herida”. “La vida es una moneda”, de Baglietto, fue el último de los tributos para cerrar la noche con “Dar es dar” y la aclamación de un público que pedía que no dejara de tocar.

Tras una breve salida, Páez regresó ya por última vez al escenario y pidió dejar las luces prendidas de la sala para culminar la noche con “Mariposa Teknicolor” y “A rodar mi vida” ante un auditorio que coreó cada estrofa, alzó brazos, banderas y hasta camisetas de Central para cerrar un show que despertó la emoción del público al grito de “Olé, olé, Fito…Fito” y lo ovacionó de pie.
El músico volverá este viernes, a las 21, al teatro El Círculo para presentar el disco Novela. En tanto este domingo dará un concierto gratuito en el Monumento Nacional a la Bandera.