Rosario, martes 31 de marzo de 2026
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Rosario, martes 31 de marzo de 2026

Habló el portero que redujo al tirador: «Me apuntó, estaba ido»

Fabio, el encargado de mantenimiento de la escuela Moreno, relató el momento en que se abalanzó sobre el agresor de 15 años. "No sabía lo que había hecho", aseguró
Habló el portero que redujo al tirador: "Me apuntó, estaba ido"
San Cristóbal se detuvo. Entre banderas rojas y blancas del Club Independiente y un silencio que solo rompía el llanto, el pueblo despidió a Ian, el chico de 13 años que era hijo único y el tesoro más buscado de sus padres.

Pero la tragedia, que ya es inmensa, pudo ser una masacre definitiva de no haber sido por Fabio, el portero que cambió las herramientas de mantenimiento por un acto de arrojo heroico.

En diálogo con Cadena 3Fabio reconstruyó los segundos de terror que se vivieron durante el izamiento de la bandera. Lo que al principio parecieron globos reventados eran, en realidad, los disparos de una escopeta 12.70. «Vi a los alumnos salir corriendo y me acerqué. Había un chico con una escopeta. No se me pasó nada por la cabeza, solo reducirlo y sacarle el arma», relató con la calma de quien todavía procesa el shock.

El enfrentamiento en el pasillo

El encuentro entre el trabajador y el adolescente fue directo. Al verse perseguido, el tirador intentó escapar por los pasillos del colegio. «Él se asustó y salió disparando. En un momento se dio vuelta y me apuntó», recordó Fabio.

Sin embargo, su determinación fue más rápida que el gatillo: «Como yo venía más fuerte, lo alcancé a tumbar y a sacarle la escopeta».

Tras reducirlo, Fabio mantuvo al joven contra el suelo hasta la llegada de la policía. En esos minutos de tensión, la respuesta del atacante lo dejó helado. «Le pregunté qué había hecho y me dijo que había cazado el fin de semana. No registraba lo que acababa de pasar, estaba desorientado, ido», explicó el portero.

Un pueblo que busca resetearse

Mientras Fabio daba su testimonio, a pocas cuadras el cortejo fúnebre hacía una parada obligada en la cancha de fútbol donde Ian era feliz. El grito de «Dale campeón» y el aplauso de sus compañeros marcaron la despedida de un chico que, según sus allegados, fue el fruto de años de búsqueda y deseo de sus padres.

La imagen final en la escuela Moreno es la síntesis del espanto: el patio quedó poblado por decenas de bicicletas encadenadas que sus dueños abandonaron para salvar la vida. San Cristóbal tardará tiempo en volver por ellas; hoy, la ciudad solo tiene fuerzas para llorar a su hijo y agradecerle a un hombre que, sin buscarlo, evitó que el luto fuera aún más extenso.

Fuente: cadena3.com