Rosario, sábado 21 de febrero de 2026
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Rosario, sábado 21 de febrero de 2026

Historias de vida: quiénes son los jubilados de los miércoles en Rosario

Todos los miércoles hay marchas de jubilados en Buenos Aires. En Rosario también, todas las semanas un grupo de mujeres y hombres jubilados denuncian la miseria que cobran, reclaman una jubilación mínima de 1.600.000 y que se reponga la entrega de medicamentos gratuitos que cortó el gobierno nacional. Se juntan los miércoles en la puerta de Pami
Historias de vida: quiénes son los jubilados de los miércoles en Rosario

Foto: Juan José García

Rondan los sesenta, los setenta, los ochenta años. Algunos se llevan reposeras, hay uno que completa planillas, casi todos llevan pecheras naranjas que en letras imprentas y negras dicen: Plenario de Trabajadores Jubilados. Sostienen carteles escritos con fibrón negro, reparten volates e intentan charlar con las personas que entran a este policlínico de Pami en Rosario. Son los jubilados de los miércoles, los que vemos en canales de televisión porteño cada miércoles de marcha y represión. Nuestra ciudad también tiene sus militantes jubilados, El Ciudadano habló con cinco de ellos en la puerta de Pami, por San Lorenzo al 800, donde se juntan a reclamar.

A María Elena Molina la señalan como la portavoz del grupo. Tiene 70 años y está jubilada hace diez. Empezó a trabajar a los 21, como profesora de lengua y literatura en escuelas secundarias.

“Nos dicen que los jubilados siempre estuvimos mal y es cierto pero ahora el golpe que le está dando este gobierno a las jubilaciones es terrible. No es solo el monto, son las condiciones. Ya no accedemos a los medicamentos. Y damos una lucha por la moratoria, la gente no se va a poder jubilar. Estamos pensando en los que vienen también porque es nuestra vida, todos tenemos hijos, hermanos más chicos. Es la vida. hemos vivido y luchado porque realmente uno iba armando las cosas para poder disfrutar nosotros y las futuras generaciones”, explica a este medio.

Foto: Juan José García

Además, Molina plantea que una de sus consignas más importantes tiene que ver con “el control de las cajas”: “Llámese Pami, Anses o Iapos, porque son las cajas donde está el dinero que ha aportado una vida, ¿por que esas cajas están eternamente intervenidas?”.

No pierde de vista el impacto de la reforma laboral, recientemente aprobada en el Congreso:  “Ahora mismo la reforma laboral saca directamente de las cajas del Anses para pagar lo que van a ser las indemnizaciones. Entonces ¿cómo que no hay plata? Plata hay lo que pasa es que la están utilizando para algo que no tiene nada que ver. Es el gobierno de las cajas y nosotros siempre vamos a patear para el lado que nos conviene a nosotros, a nuestros hijos, nuestros nietos”. 

Todos plantean la enorme dificultad que les impuso la quita de medicamentos gratuitos que ofrecía el gobierno nacional hasta la llegada de La Libertad Avanza al poder. En los volantes y pancartas piden una jubilación mínima que alcance 1.600.000 pesos, actualmente la mínima es de 359.254. También reclaman que se amplíe la moratoria para quienes no llegan a 30 años de aportes y se oponen a la reforma laboral que acaba de ser aprobada por el Congreso.

Leonardo Perel es uno de los más activos, envía todas las semanas la convocatoria y sus volantes con consignas por Whatsapp. Y está ahí, presente, todos los miércoles. Tiene 76 años, se jubiló hace 9 y no es de Rosario, pero se mudó acá cuando salió su jubilación. A lo largo de su vida se dedicó a dos cosas: ser trabajador metalúrgico y docente de escuelas secundarias. Vivió en San Nicolás, San Isidro, la Patagonia.

“Hay una especie de conclusión ‘bueno, ya estoy viejo, ya estoy enfermo’. Tampoco es jugarse la vida. Uno participa igual. Además de la tarea reivindicativa tenemos una contención social que es clave en la vida de una persona mayor. Uno cuando es joven tiene amigas y amigos por todos lados, no lo siente, pero una persona mayor va quedando aislada aun de sus propios hijos y nietos porque son de otra generación. Venir me hace bien a mi y a todos. Es un momento grato porque terminamos la actividad, nos sentamos y hacemos un balance. Ahora iniciamos actividades literarias una vez por mes y nos ayuda muchísimo”, cuenta a este medio.

Perel no gana la mínima pero, aclara, que está “muy lejos del millón seiscientos que pedimos y esa cifra no es una locura, son 50 mil pesos por día”: “Recuerdo otros momentos que viví con un poder adquisitivo muy superior al actual, con el sueldo común. Esto es elemental y yo convoco a todos los jubilados, pensionados, a que vengan. Porque una debilidad que tenemos es la escasez de gente que acompaña el movimiento y esa participación cambiaría notablemente las cosas”. 

Este hombre es el que más subraya la importancia de juntarse con otros, a acompañarse, escucharse, agruparse. ““Es un vox populi el ser humano está compuesto de físico pero también de mente, o sea o mens sana in corpore sano. Hay gente que tiene dolencias, camina con bastón o tiene patologías muy graves e igual viene porque es una contención”. 

¿Su ídola? Norma Plá. “Un faro de iluminación”, indica. “Ella tenía cáncer, se le plantó a Domingo Cavallo que era una fiera como lo son actualmente quienes tratan con los jubilados en este gobierno. Fue una de las mejores dirigentes del movimiento de jubilados. Ahora hay que estar en la puerta del PAMI como estamos, escuchando a los jubilados. Los relatos demuelen porque la gente se muere, no es que solamente la pasa mal. Hay medicamentos que no pueden adquirir o si los adquiere no puede comer o no puede pagar el alquiler. Esto es un genocidio desfinanciando. No dicen “cerramos esto”,  sino que no ponen la plata. Y se nos hace imposible porque el poder económico del Estado es inigualable con el de un individuo”.

“No tengo dinero para comer”

El mayor de todos es Alberto Torrente, de 85 años. Él viaja todas las semanas en colectivo, “tengo boleto gratuito por ser jubilado”, aclara. Lleva consigo una reposera y la planta en la vereda, en la puerta de Pami.

Torrente está jubilado hace veinte años, tuvo muchos trabajos. Fue empleado de comercio, trabajó en los rubros de la metalurgia y la construcción, también fue electricista. “No tengo dinero para comer. No tengo dinero. Estoy en una situación muy grave y eso que me ayuda un hijo. Si no, no hago nada”, dice con una pena que le toma la voz.

Foto: Juan José García

Es el que más tiempo se toma para esta nota, repasa su vida como militante. Lo es desde los 14 años, cuando en 1955 derrocaron a Perón, indica.

Empezó en la Juventud Comunista porque ahí también militaba su papá. Su recuerdo más férreo de aquel inicio tiene que ver con el tema educación: su padre le inculcó la mirada laica en este ámbito y ambos se opusieron a la cercanía que mantenía el peronismo con el catolicismo. Después, el justicialismo quedaría enfrentado a la Iglesia Católica. Se acuerda bien de eso y del bombardeo a la plaza de Mayo que dejó más de 300 muertos.

Cuando con Frondizi fue la disputa por las universidades conocido como “laica o libre” en 1958. él apoyaba las universidades públicas. Cayó detenido pero lo soltaron rápido. Estuvo en las marchas del Rosariazo en 1969. Recuerda la masacre de Trelew en 1972. Siempre en la izquierda, nunca dejó de militar. Rompió con partidos, fue parte de la construcción de otros. Dice, pícaro, que ahora está en el Partido Obrero “hasta el momento”.

“Era un mundo distinto, la actualidad es un retroceso total de la sociedad. La gente  antes tenía una conciencia de clase mucho más grande, una conciencia obrera. La clase obrera era una vanguardia, era distinta, era una masa. Hoy las masas están idiotizadas entonces gana la gente que gobierna”, se lamenta.

“Vengo todos los miércoles. Desde que me jubilé hace veinte años nunca pasé una situación tan grave. Vengo porque estoy en contra de este gobierno nacional que nos está hundiendo, está destrozando a todo el pueblo argentino con el apoyo de la población misma. Me duele porque la sociedad es cómplice. Nunca viví una cosa tan grave como esta, porque antes tenía trabajo y ganaba bastante bien. Ahora cobro la mínima. Me operaron de los ojos, hace seis años tuve un ACV, me olvido todo. No creo que cambie nada pero voy a seguir viniendo. Milito desde los 14 años. Soy un militante de muchísimos años”.

Foto: Juan José García

Dejar algo bueno

Otra de las docentes jubiladas presentes en la puerta de Pami es Esilda Alarcón, de 65 años. Consiguió su jubilación en pandemia, hace seis años. Siempre militó, era profesora de biología en escuelas secundarias públicas de Rosario y el cordón industrial.

Explica a este medio que ya han sido recibidos por funcionarios, “reconocen la falencia pero responden a una gestión nacional”. Pero para ella, más allá de estas reuniones formales, es necesario “plantear la lucha callejera, la movilización y la visibilización porque es una forma de darle cuerpo a la lucha”. 

“Todos los gobiernos de una u otra línea responden a un sistema, el sistema capitalista y sabemos que es un sistema de acumulación que hace que una minoría retenga el dinero y tenga las ganancias a costa de la pobreza de la enorme mayoría. Eso se revierte únicamente en la calle”, sintetiza.

Gerónimo Jorge Medina faltó varios miércoles porque tuvo algunos problemas de salud, tuvo una operación. Pero volvió. Tiene 76 años, se jubiló hace once. Viene con lentes de sol y bastón. Fue trabajador metalúrgico y su último trabajo fue como empleado en fábrica de plásticos

“Pensé que teniendo 42 años de aportes, no te digo que iba tirar manteca al techo, pero pensé que iba a estar un poquito mejor. Pero no, no se dio. El gobierno que tenemos nos deja las jubilaciones bajísimas. Cobro la mínima y esos 70 mil pesos de bono son inamovibles, yo me quiero morir cada vez que escucho a alguien decir ‘menos mal que nos dan ese bono’”, cuenta.

“El reclamo que hago es para todo el mundo, para los jubilados que están ahora, para los que se están por jubilar, para los que están recién trabajando. Para dejar algo bueno para las futuras generaciones. Dejar algo bueno”, concluye. Todos comparten esa mirada: es por ellos, es por todos.