Por Gustavo Grazioli, especial para El Ciudadano
Año mundialista. 46 selecciones, más de 100 partidos y por primera vez, habrá cuatro tiempos. En principio para “hidratarse”, pero también para vender. Este fútbol es la contracara de lo que alguna vez emocionó. La FIFA administra los caprichos de los que financian y ya ni siquiera organiza.
Los goles se festejan por reels, las jugadas se comentan como highlights, los jugadores son influencers del deporte y lo que toma relevancia es la vestimenta que llevan puesta, sus peinados y los lujos que adquieren. Pasamos a la etapa del “postfútbol”, como describe Juan Pablo Meneses en su genial ensayo –que entiendo será la biblia de estos tiempos– sobre este juego que dejó de tener a la pelota como principal protagonista.
Pero, ese es un escenario del fútbol (o, mejor dicho, del Postfútbol), porque en los márgenes de la gran industria, en los barrios, en los clubes, sociedades de fomento, se sigue jugando al fútbol y lo que alimenta la felicidad, todavía, es el grito de gol.
La trinchera reside en estos lugares, lejos del alcance de las grandes transmisiones y en pie de seguir generando espacios para construir desde el deporte.
La prueba está en la creación de Norita Fútbol Club, un equipo que homenajea a Nora Cortiñas y lleva adelante la consigna de la memoria, la militancia y el legado de una de las figuras más emblemáticas de los derechos humanos en Argentina.

La historia arranca en 2017 con un grupo de compañeras, militantes políticas, que se empezaron a juntar a jugar a la pelota porque de esa manera fortalecían lazos de solidaridad entre ellas y conectaban con sus cuerpos e identidades.
“Es un club de fútbol para mujeres y disidencias que pretende acercar una nueva forma de entender el fútbol y de jugarlo, desde una perspectiva feminista”, dice Tamara Haber, presidenta y jugadora de este equipo que luce una camiseta celeste a la que le cruza una v anaranjada y del lado izquierdo lleva el escudo con la cara de la cofundadora de Madres de Plaza de Mayo.
“Veíamos en el fútbol una potencia. El cuerpo empezó a ser un aliado de fuerza y, además, nos hermanaba y nos ponía en un espacio colectivo”, dice Haber, quien empezó a jugar al fútbol a los 27 años y hoy con 37, no pensó que el proyecto de Norita FC en 2022 iba a lograr constituirse oficialmente como club.
“Llevamos la democracia en los botines”, es el lema del equipo que se entrena una vez por semana en la zona de Flores y participa de torneos.
El nombre de Norita surgió de manera espontánea ni bien las invitaron a participar de un torneo con perspectiva feminista y de Derechos Humanos. Enseguida se reconocieron con las luchas que llevó adelante y no dudaron que su equipo tenía que contar con el bautismo de esta incansable militante.
“Fue una de las primeras madres y abuela que se reconoció como feminista, llevó el pañuelo verde con orgullo y para nosotras eso es muy significativo porque nos permitió tejer las luchas, tejer la historia de nuestro país con la memoria, la verdad y la justicia, y la masificación de la agenda de los feminismos que acontece a partir de 2015 con la marcha Ni una menos”, explica Haber.
El último 24 de marzo, durante la marcha por los 50 años del golpe militar, organizaron una especie de picadito en la calle, en el que la gente se acercó a participar y gritar el gol de la memoria, la verdad y la justicia.
Además, repartieron camisetas del equipo que la gente les compró a través de su página de Instagram (@noritafutbolclub) para ayudar con el proyecto de que la Casa Norita se convierta en una casa museo.
“El fútbol no es solamente un deporte. Estamos justamente en un momento donde se ve que interviene en la geopolítica mundial. No haber formado parte durante tantos años, como mujeres y disidencias, significó no discutir de cómo entendemos el mundo, de cómo queremos que sean las relaciones entre las personas”, reflexiona Haber.
“La exclusión sistemática durante tantos años, significó también una exclusión de un sentido cultural y social más grande del que estamos convencidas hay que transformar y liderar para que, tanto el fútbol y la sociedad, pueda alcanzar niveles de igualdad entre los géneros”.
El espíritu de este equipo es producto de la vocación de lucha que le transmitieron los movimientos sociales, las madres y las abuelas.
Con el fútbol como herramienta para trazar el camino de lo colectivo, encuentran una forma pedagógica de seguir disputando la trama de una historia que está en constante batalla simbólica. Con los elementos adquiridos y las enseñanzas de resistencia de Norita Cortiñas, su mayor influencia, se sostienen dentro y fuera de la cancha.
“Vamos a dar vuelta este partido que nos toca vivir ahora con esta crueldad y este fascismo que hoy nos gobierna”, concluye.