Miguel Passarini
Una de las novelas icónicas de Manuel Puig es El beso de la mujer araña, publicada en 1976, donde una serie de escenas de películas clásicas son narradas entre un recluso homosexual y su compañero de celda, un militante político, y donde el poder de la narración, como en toda la obra de Puig, sirve para que ambos, al menos por momentos, puedan romper los barrotes de la celda y sentirse en libertad, mientras propone un ejercicio donde se filtran una serie de problemáticas de absoluta vigencia como la identidad de género, el deseo, la militancia política y la represión y el amor real, entre otras.

Puig dijo alguna vez al momento de la presentación de su novela: “Muchas veces, muchas personas me han preguntado el porqué de la elección de esos personajes y de algún modo siento que es una continuación de mis temas de siempre; necesitaba que uno de los dos protagonistas defendiese el rol clásico de la mujer sometida. Y ese personaje es el homosexual, que como no puede realizar esa experiencia, sí puede aún creer en esa ilusión, y para el otro personaje necesitaba alguien dialéctico, alguien abierto a la discusión”.
Con infinidad de versiones tanto teatrales, como musicales y hasta cinematográficas (incluso una muy reciente), El beso de la mujer araña tiene en el país, desde hace varias temporadas, una elogiada y premiada versión porteña en la que actúan el rosarino, radicado en Buenos Aires, Pablo Pieretti, junto a Oscar Giménez, bajo la dirección de Valeria Ambrosio, que este domingo 22 de marzo llegará a la ciudad para ofrecer una única función (al menos por el momento) en el Teatro Broadway.
Un amor salvador
En ciernes, El beso de la mujer araña narra la historia de dos prisioneros que comparten una celda en la Argentina de los años 70. Uno de ellos es militante de una organización revolucionaria y el otro un homosexual acusado de corrupción de menores. “El espectáculo habla de ideales, de compromiso, de limitaciones, de miserias, de libertad y todo lo inherente al ser humano, y por sobre todas las cosas habla de amor. Del amor más allá de la sexualidad. Del amor salvador, aquel que no distingue, que permite abrir la conciencia y permite vernos, encontrarnos en el otro y ser el otro. A lo largo de la obra veremos cómo Valentín (Pieretti) y Molina (Giménez) se atraviesan, se transforman y se unen, signando un destino fatal y esperanzador a la vez. El beso… es una de aquellas obras maestras que permanecen siempre actuales y que ofrecen la posibilidad de ser vistas a través de muchos lentes. No se detiene en la formalidad de la palabra sino que usa la palabra para abrirnos un espectro infinito de sub textos e interpretaciones”, detallan desde el equipo artístico a través de un parte de prensa.
“Esta historia transcurre en una celda. Según Manuel Puig en la novela, es en la Cárcel de Devoto en los años 70, en tiempos de nuestra historia negra, en plena dictadura. Valentín y Molina se encuentran en este lugar y comienzan una relación que no se hubiera dado en ningún otro lugar. Se da justamente allí por lo que implica ese encierro, estar adentro de una celda donde no te queda otra más que vincularte con tu compañero, donde está todo a la vista. Y en el caso de Valentín, que es mi personajes, comienza a mostrarse de una manera muy lejana a Molina, muy parco, muy distante y marcando los límites, siempre haciendo foco en sus ideales, en su lectura, en seguir en estado de introspección y tratando de ver cómo hace para seguir con su revolución dentro de la cárcel, mientras tanto Molina va relatando películas que lo van enredando y acercando de un modo muy singular. De allí la alegoría del texto de la mujer araña, porque Molina teje esa trama y, obviamente, va atrayéndolo a Valentín”, contó Pablo Pieretti, actor rosarino radicado en Buenos Aires hace más de quince años, donde se formó con grandes maestros y desarrolló una importante carrera en las escénicas, tras hacer en Rosario sus primeros pasos junto al director de cine y teatro Gustavo Postiglione.
“Estos personajes, que están bastante desolados, se van encontrando en su esencia. Se van desnudando de todos los prejuicios, de todos los valores que tenían en la cabeza antes de ingresar a la celda, hasta que, cada uno con lo suyo, se terminan encontrando en el sentido más profundo que se pueden encontrar dos seres humanos. Hay un momento en el que finalmente se ven, porque si nos ponemos a pensar, si sacamos todas nuestras ideas y todos nuestros prejuicios hacia los demás, nos encontramos con que todos somos iguales y vivir en un mundo así sería mucho más armonioso y sano, donde todos respetemos y convivamos más allá de cualquier posible diferencia o elección”, sumó Pieretti que también destacó el recorrido que hacen los personajes que están todo el tiempo en escena.
Drama y transformación

“Valentín es un personaje que tiene un arco dramático y transformador muy grande, él comienza de una manera bastante ruda, inflexible, y se va liberando, va desnudando su alma que es lo más importante, se va entregando a que toda esa revolución que él tenía pensada también se modifique. Es un personaje muy complejo, de muchos sentimientos encontrados, y en el vínculo con Molina surge una versión de Valentín que dista mucho de quién es en el comienzo”, destacó el actor.
En el tránsito de más de 550 funciones en la cartelera porteña y varios premios ACE 2022, la obra, que sale a girar por primera vez a otros destinos, propone entre ambos personajes una especie de complejo alter ego del también autor de Boquitas pintadas y Cae la noche tropical. Pareciera que allí, en esos dos que logran ser uno, se expresa la ambigüedad del notable Manuel Puig, por suerte redescubierto y reivindicado.
“Nosotros tuvimos el privilegio de ir a hacer la obra a General Villegas (Buenos Aires), la tierra natal de Manuel Puig (en 1932), y estuvimos charlando con una amiga de él, que nos mostró un montón de cosas. Por ejemplo: cartas que se escribían cuando Manuel estaba en el exilio. Y ella nos hablaba de toda su personalidad, de cómo era él y mi compañero Oscar le preguntó si sentía que en Molina estaba Manuel, y ella se sonrió. Seguramente Manuel se sintió reflejado en Molina, pero también nos preguntábamos si existía algún Valentín real; en ese sentido, es verdad que entre ambos personajes terminan por definir un alter ego del autor. Quizás mirando más en profundidad, Manuel tiene un poco de cada uno. Creo que en gran medida eso termina dándole el carácter de clásico a esta obra. Por momentos parece una historia recién escrita y tiene cincuenta años. Manuel era un adelantado en el tiempo, era un visionario, él hablaba de cosas que no se podían decir en una época en la que estaban prohibidas, pero se las ingenió para contarlas en sus novelas. En este evento al que fuimos invitados en General Villegas, le hacían un reconocimiento a él por el 90° aniversario de su nacimiento. Y fue una jornada de muchos contrastes porque era encontrarse con ese ámbito donde, por decirlo de algún modo, lo apedrearon para que él se vaya”.
De regreso y por la memoria

La de este domingo no será cualquier función para el actor, en la actualidad de 40 años, porque vuelve a su ciudad natal donde aún están muchos de sus afectos y recuerdos, mientras que la obra se estará presentando a sólo dos días de que se cumplan 50 años del último golpe de Estado en la Argentina, del 24 de marzo de 1976.
“Es un lugar y una fecha muy especial; en lo personal, me moviliza y entiendo que lo mismo le va a pasar al público. Espero que los que vayan el domingo no sólo vayan a ver un espectáculo teatral, sino que vayan a ver una revolución y vayan a entender, como yo, que no lo entendía porque no lo había vivido, lo que significó todo aquello. Tuve que analizar un montón de cosas cuando enfrenté a Valentín para entender lo que realmente la gente que vivió esa época, sufrió y padeció. Y no es una función más para mí bajo ningún punto de vista, sino que es un sueño por cumplir. Yo me fui hace 16 años de Rosario a buscar mi sueño de triunfar en esta profesión tan maravillosa y me encontré con esta joya que es El beso de la mujer araña que me dio tanto y me sigue dando. Y llegar a Rosario a ese teatro gigante con esta obra tan profunda, donde van a encontrarse con dos personajes entrañables, van a escuchar hablar de lealtad, de amor, de amistad, de valentía y muchos se verán reflejados en varios aspectos, se vuelve un enorme desafío para nosotros”, contó Pablo.
Finalmente, el actor habló de la exigencia de exposición física de su personaje, tan en carne viva, en un lugar de verdad y vulnerabilidad insoslayable como es el fenómeno vivo del teatro donde, ante semejante material, no se puede ocultar casi nada. “Son muchas funciones; esta de Rosario será la número 551. Y la exposición parte del vínculo con mi compañero y de la confianza absoluta. Yo con Oscar tengo una amistad muy grande. Oscar es un ser maravilloso, al que quiero mucho, no sólo lo admiro como actor sino también como persona. Entonces, siento que en gran medida, y más allá de todo, la base del éxito de este espectáculo es el vínculo que tenemos nosotros que lo sostenemos sin egos y qué siempre es bueno, empujando para adelante los dos junto con la directora, dado que hace seis años que hacemos esta obra y no existe otro modo de hacerla que no sea con el corazón en la mano. No nos guardamos nada, terminamos muertos. Es una obra que dura aproximadamente 1 hora 45 con dos personajes que están siempre en escena, que no salen nunca, y eso requiere de un trabajo no sólo físico sino también mental y particularmente emocional”.
Para agendar
El beso de la mujer araña, versión teatral de la novela de Manuel Puig, se presenta en Rosario este domingo 22 de marzo, a partir de las 21, en el Teatro Broadway (San Lorenzo 1223). Las entradas se pueden adquirir en la boletería de la sala, en horarios habituales, o bien de forma online ACÁ.