Rosario, domingo 15 de marzo de 2026
Search
Rosario, domingo 15 de marzo de 2026

Mucho maíz, poca industria: el 70% de la cosecha se exporta sin procesar y profundiza la primarización de la economía

Un informe del Cepa revela que ese porcentaje del maíz producido en el país se exporta como grano sin procesar, un perfil muy distinto al de las principales potencias maiceras, que lo destinan a la producción de carne, energía y otros derivados industriales. Argentina apenas industrializa el 9% de su cosecha para usos como etanol, lo que limita el agregado de valor, la generación de empleo y el desarrollo de encadenamientos productivos
Mucho maíz, poca industria: el 70% de la cosecha se exporta sin procesar y profundiza la primarización de la economía

Argentina se posiciona como uno de los principales productores de maíz a nivel mundial, apenas por detrás de EE.UU, China y Brasil, pero con la particularidad de que esos volúmenes se destinan casi en su totalidad a la exportación, dejando de lado la industrialización. Este modelo primarizador limita la generación de valor agregado, el desarrollo de encadenamientos productivos, el impacto sobre el empleo y el mercado interno y una menor generación de divisas. 

Durante los últimos cinco años el 68% de la cosecha se destinó a la exportación directa, evidenciando las limitaciones en materia de agregado de valor y desarrollo industrial asociado al grano. Esta tendencia se aleja del esquema predominante a nivel internacional que llevan adelante las potencias mencionadas, donde el cultivo presenta mayores niveles de industrialización y encadenamientos productivos. 

Ucrania es el único país que supera a Argentina en exportaciones de grano de maíz sin procesar. Este hecho resulta particularmente relevante si se considera que Ucrania atraviesa un conflicto bélico desde hace cinco campañas que dificulta su capacidad de industrial el recurso

Cabe mencionar que ese agregado de valor puede materializarse a través de su incorporación en diversas cadenas productivas como el uso forrajero como insumo de la industria cárnica, la industrialización para la producción de etanol y su posterior transformación en energía, o su utilización en la elaboración de bioplásticos, entre otros destinos industriales.

Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (Cepa), en base a datos del Departamento de Agricultura de EE.UU., mientras que en Argentina cerca del 70% del maíz producido se destina, en promedio, a la exportación directa, en el resto de los principales países productores el destino del cereal presenta un perfil marcadamente distinto. En estos casos, el maíz se orienta prioritariamente a su integración en la industria cárnica y a la producción de energía, consolidando esquemas de mayor agregado de valor y encadenamientos productivos internos.

Argentina suele identificarse como un país esencialmente productor de carnes. Sin embargo, el rezago y el estancamiento de la producción cárnica nacional han limitado de manera significativa su potencial exportador, que se mantiene en una situación de marcado atraso frente a sus principales competidores: Brasil, Estados Unidos y Australia. Por su parte, China se posiciona como uno de los mayores productores mundiales de carne, aunque su producción se orienta fundamentalmente al abastecimiento del mercado interno y no al comercio internacional.

Desde Cepa destacan que el caso de Brasil resulta particularmente llamativo y lo explican no solo por la mejora de las condiciones de vida internas, sino también por su estrategia de inserción exportadora en el sudeste asiático. En 1976, Brasil producía aproximadamente 500 toneladas de carne menos que Argentina; sin embargo, hacia 2025, su producción supera a la nacional en más de 10 mil toneladas. “Esta dinámica evidencia una trayectoria de expansión sostenida de la producción y las exportaciones brasileñas, en contraste con el estancamiento relativo del desempeño argentino”, señalaron.

En relación con el destino de la cosecha a la categoría Alimentos, Semillas e Industria (ASI) (medida en miles de toneladas y donde el componente central corresponde a la producción de etanol combustible y otros alcoholes industriales), Argentina destinó en las últimas campañas apenas 9% de su producción maicera al agregado de valor con fines industriales. Este guarismo la ubica aproximadamente en la mitad del volumen industrializado por Brasil, su competidor regional más próximo. 

La cuestión adquiere relevancia estratégica si se considera que la principal forma de manufactura del maíz es su transformación en etanol, un biocombustible con ventajas significativas: constituye una fuente de energía renovable, genera mayor valor agregado que la exportación primaria del grano y presenta una marcada impronta federal en su estructura productiva. En el caso argentino, los principales polos de producción se localizan en las provincias de Tucumán, Salta, Jujuy, Córdoba, Santa Fe y San Luis. 

En este escenario comparado, Argentina solo se posiciona por encima de Ucrania en términos de industrialización del maíz. Ambas economías se ubican, así, en el segmento inferior de la cadena global de valor del grano, caracterizadas por un perfil predominantemente primario-exportador. 

w