La psicología, la filosofía y la escritura fueron tres prácticas que el recientemente fallecido Juan Bautista Ritvo llevó a terrenos inéditos desde su singular mirada indagadora y apasionada con la que intentó ver siempre más allá de las apariencias. En este sentido, no le fueron ajenas la literatura, la música, la novela policial, la crónica. Se trata de una pérdida notable para el pensamiento, ya no local, sino argentino, algo que inició luego de estudiar filosofía, cuando comenzó a enseñar y practicar psicoanálisis en Rosario y en Buenos Aires. Fue parte del grupo que creó la Escuela de Psicoanálisis Sigmund Freud en 1979, durante los oscuros años del terrorismo de Estado.
En el regreso a la democracia se lo nombró profesor titular de “Teoría de la lectura” en la carrera de Filosofía de la facultad de Humanidades y Artes y de “Desenvolvimiento histórico epistemológico de Psicología II”, en la facultad de Psicología (UNR). Curioso e inquieto y con un avezado sentido de lo que podría resultar un contenido que se prestara al debate con los lectores, participó activamente en los comités o consejos editoriales de revistas dedicadas al pensamiento crítico.
Algunas de ellas fueron Sitio, Paradoxa, Redes de la letra, Conjetural, publicaciones de importante circulación en el mundo académico, pero que a la vez eran un puente para sopesar teorías y prácticas desde diversas miradas ligadas a otras expresiones. Publicó varios libros de ensayo en los cuales examinó las causas y los efectos de procesos característicos de la sociedad contemporánea, desde lineamientos de la teoría crítica cruzadas con agudos y sutiles conocimientos incorporados por su voraz apetito intelectual y que invariablemente producían nuevos enfoques sobre lo tratado.
Entre esos textos se destacan La edad de la lectura (1992 y reeditado en 2017); Del Padre. Políticas de su genealogía (2005); Decadentismo y Melancolía (2006); Figuras del prójimo. El enemigo, el otro cuerpo, el huésped (2006); El silencio femenino. Hacia (desde) la filosofía (2015); Enigmas y transformaciones del fantasma: fantasma y diagnóstico (2020); Orfeo o el nacimiento de la noche (2021), y La partición del psicoanálisis o el torbellino de los signos (2022). En 2020 se embarcó en un proyecto editorial llamado Nube Negra junto a Germán Armando, en el que publicó El malentendido: la naturaleza de la conjetura, perteneciente al libro Lo inhumano en lo humano y otros ensayos, publicado por las editoriales Otro Cauce y Nube Negra y que había sido publicado en el número 69 de la revista Conjetural.
Hay hechos muy precisos y que marcaron momentos clave en la trayectoria de Ritvo, como cuando dictó la clase inaugural para la mencionada cátedra de Teoría de la lectura. El despliegue que el filósofo hizo sobre la obra del crítico y escritor Maurice Blanchot fueron fundamentales para la construcción de la “idea” de la lectura que iría a desarrollar en las clases. Sus intervenciones pueden entenderse como señalamiento de lo que se conoce como “resistencia de la teoría”, lo que redundaría en una gran contribución de Ritvo, nada menos que la enseñanza de una manera particular de leer, donde se inquiere sobre el difícil vínculo afectivo del lector con el texto, desligándose de cualquier método.Fue autor de aseveraciones que generaron no pocas polémicas.
Una de ellas fue la de que el “psicoanálisis lacaniano brotó de fuentes no psicológicas”. En una línea que podría verse emparentada con la de Oscar Masotta, Jorge Jinkis o el narrador Luis Gusmán, campeó con soltura dentro del universo del psicoanálisis sin haber hecho la carrera de psicología. Poco después advirtió sobre una “parálisis” en el psicoanálisis en su incidencia como pensamiento en la cultura.
De este modo Ritvo ocupó siempre un lugar tan incómodo como fascinante, y en ese sentido sus postulaciones se dirigían siempre hacia la polémica, porque para él pensar tenía que ver con quitar la vestimenta con que se acostumbra a paralizar o fijar algo. Ritvo nunca paró de escribir porque esa búsqueda era el combustible que necesitaba para sus conversaciones generosas y entusiastas, para incorporar un nuevo título a su lista de libros que no había leído –su casa era una suerte de Biblioteca de Babel, donde una inconmensurable cantidad de volúmenes tapizaban las paredes–, para tomarse el tiempo de conocer a alguien más a fondo cuando una chispa de interés por algún comentario o mirada le activaba su escucha atenta y pródiga. En los últimos años dictó clases en la Maestría en Psicoanálisis y en el Doctorado en Psicología en la UNR, y se dedicaba con fruición a su labor editorial en Nube Negra. Juan Ritvo falleció el martes 12, a los 85 años.