Fue un mediodía de campo, asado de por medio, pero la visita de Máximo Kirchner a María Teresa, hace ya una semana, terminó siendo mucho más que una foto. Allí, en ese distrito del departamento General López, a 50 kilómetros de Venado Tuerto, el hijo de Cristina Fernández se encontró con un dirigente peronista que no solo le había juntado avales en la interna del PJ nacional, sino que también le mostraba una gestión con ribetes singulares: una plaza que se llama Néstor Kirchner, una gigantografía del ex presidente en el núcleo productivo, y una tasa rural segmentada donde “el pequeño agricultor paga 80 por ciento menos que un gran productor que no vive en María Teresa”.
En diálogo con el stream Política de El Ciudadano, Gonzalo Goyechea, presidente comunal desde 2019, farmacéutico, 58 años, se definió como alguien que “es peronista porque es ante todo kirchnerista”.
Y esa identidad política, forjada en los años de Néstor y Cristina, fue el puente natural para una relación que empezó hace casi un año, cuando Florencia Carignano le pidió que juntara avales para la posible interna entre Cristina Kirchner y Ricardo Quintela. “La verdad que me resultó muy fácil”, dice Goyechea. Y cuando los avales llegaron, Máximo Kirchner lo invitó a tomar un café. “Al final estuvimos como cuatro horas. Fue una de las mejores charlas políticas que he tenido en mi corta carrera”, confesó el presidente comunal, que aún hoy recuerda aquel diálogo “picante” pero fructífero. “Me aclaró un montón de cosas”, agregó.
De aquella charla que la invitación a comer un asado en María Teresa. Y semanas atrás, Máximo llamó para confirmar. Y lo que iba a ser un asado íntimo de diez o doce personas terminó siendo un encuentro de 60 o 70. “La pudimos manejar como para tener un intercambio válido”, dijo Goyechea.
Sabe que cualquier reunión con un referente de la talla de Máximo Kirchner tiene una lectura interna y externa en el peronismo, todavía en proceso de definición de sus candidaturas y sin reglas electorales claras, pero Goyechea prefiere bajarle el tono a las interpretaciones grandilocuentes: “No vino a reunirse puntualmente con Vamos —el espacio de presidentes comunales que integra junto a Pablo Corsalini y otros intendentes—, fue una visita más personal, yo la hice extensiva”.
Goyechea se enorgullece de tener un estilo directo: “Me trae muchos problemas, pero me trae más diversión que problemas”. A pesar de gobernar en el corazón de la pampa sojera, con una relación “extraordinaria” con los productores agropecuarios, Goyechea no reniega de sus símbolos. En María Teresa, una plaza lleva el nombre de Néstor Kirchner y una gigantografía del expresidente está colocada en el núcleo productivo. “Eso le llamaba la atención a Máximo”, cuenta. Y también le llamaba la atención su apuesta por “la industria del cuidado”: una residencia de adultos mayores y un centro de rehabilitación.
Más allá de la foto con Máximo Kirchner, Goyechea aprovechó la entrevista para poner el foco en lo que considera el verdadero problema de fondo: la asfixia financiera de los gobiernos locales en medio de una región que genera enormes recursos. “Imaginate los recursos que salen de María Teresa”, planteó. Y enumeró: retenciones, Impuesto a las Ganancias, impuesto al combustible, débitos y créditos. “Imaginate la cantidad de dinero que mandamos a Nación y lo que vuelve en coparticipación, que cada vez es menos porque baja el consumo”.
“Entre lo que mandamos a Nación y a provincia, y lo que hemos recibido en María Teresa, nos deben 170 millones de dólares”, explicó. Y remató con datos concretos de las carencias de un distrito de altísima productividad: “No tenemos gas natural, solamente el 20 por ciento de cloacas, tenemos el 80 por ciento de pavimento”. Y las rutas, afirmó, “son un desastre”.
Goyechea no ahorra críticas a la reforma constitucional santafesina que impulsó la reelección de Maximiliano Pullaro. “Una pena que después de tantos años de una buena Constitución, que había que actualizarla con mucho respeto y trabajo, no se hable de los recursos. Se habla de intendencias de cuatro años, todo para la clase política, pero no se habla de recursos”, sentenció. Y agregó: “Nosotros desde las comunas no andamos con la Constitución abajo del brazo. La seguridad no es competencia nuestra, pero con el desastre de la policía provincial, todas las comunas tenemos guardias urbanas y cámaras. La salud no nos corresponde, pero yo no le puedo decir a los vecinos que se tienen que enfermar de lunes a viernes de 7 a 12 porque ahí están los cargos provinciales. Contratamos guardias médicas las 24 horas, los 365 días. En educación, tenemos gabinetes psicopedagógicos y clases de apoyo”.
Mientras la cosecha gruesa avanza con buen clima —“los mejores días del año”, dice Goyechea—, el presidente comunal mira el calendario político con la idea de que los gobiernos locales tienen que dejar de ser meros administradores para convertirse en actores políticos. “No podemos ser solo gerentes de nuestras localidades y después que nos vendan como ganado”, sentenció.