Existe una Rosario que se ve y otra que, desde el subsuelo, narra el pasado y garantiza la funcionalidad del presente. Es la ciudad de las redes de infraestructura; una Rosario que, lejos de ser mitológica, permite el crecimiento metropolitano y sostiene el curso de la modernidad. Mientras los símbolos —estatuas, monumentos y placas— se exhiben en la superficie, debajo de nuestros pies corre la verdadera ingeniería que define la historia urbana.
Ver esta publicación en Instagram
Una publicación compartida de Diario El Ciudadano (@diarioelciudadano)
El hallazgo en la Plaza 25 de Mayo
Durante las reformas realizadas en la Plaza 25 de Mayo —en el marco del Tricentenario de la ciudad—, las excavaciones dejaron al descubierto una cámara subterránea con un tanque de combustible frente al edificio de Correos. Tras ser estudiada, la estructura se preservó en el lugar, y hoy una tapa es visible sobre la vereda de la plaza.
El museólogo, arquitecto y arqueólogo Gustavo Fernetti explicó que el hallazgo, aunque curioso, refleja una época sin registros técnicos: “Está bajo la superficie porque no se debía ver, y ahora tampoco. Sabíamos que debajo de la plaza había instalaciones del Correo Central (ex Jefatura Política), pero no hay documentación que detalle por qué está ahí”.
Se trata de un tanque de hierro remachado en óptimas condiciones, con caños adosados para carga y purgado. Junto a él, apareció una lata de alcohol de la marca Alcoluz, datada entre las décadas del ’30 y ’40. “El problema de la infraestructura histórica es la falta de registros; recién en los años ’50 o ’60 aparecen planos precisos de las redes de agua y cloacas”, señaló el especialista.

El arqueólogo indicó que en el centro empezaron a aparecer planos en la década del ´50 con líneas rojas, líneas amarillas, líneas verdes, líneas azules donde se podía distinguir algunos caños.


La arqueología urbana estudia lo encontrado, pero que tenga un patrón repetitivo para entender la historia, para entender diferentes patrones de comportamiento de la sociedad. Si bien no es de interés arqueológico, se cree que hay otro tanque de combustible en bulevar Oroño casi Córdoba, pero eso queda por investigar aún, según contó el propio Fernetti.
Redes cloacales: el motor de la salubridad
Para la arqueología urbana, el estudio de las redes sanitarias es clave para entender la transición de Rosario de un entorno rural a uno moderno. Fernetti destaca cómo la ciudad fue abandonando los pozos ciegos para integrar cañerías.
En barrios como Alberdi, el sistema original era mixto: recolectaba agua de lluvia y desechos cloacales. Sin embargo, la falta de sifones provocaba que los olores y el aire contaminado retornaran por las rejillas, lo que obligó a evolucionar hacia sistemas separados. “El avance del gas y el agua potable permitió que los barrios periféricos se integraran a la ciudad en un sistema de igualdad sanitaria”, ratifica el arqueólogo.

El agua potable como frontera de salud
El paso del agua de pozo al suministro de agua de río —filtrada, depurada y clorada— representó un hito en la salud pública local. Sin embargo, el desafío persiste. Fernetti advierte sobre la contaminación actual de las napas por residuos agrícolas y microplásticos: “Hoy la infraestructura empieza a ser insuficiente y aparecen los filtros domésticos para reforzar la potabilidad”.
El agua potable llegó a los barrios, pero los costos eran muy elevados en comparación al centro. La ciudad fue teniendo agua potable y eso justamente implicó un crecimiento en la ciudad. Cuando los lugares dejaron de ser rurales o semirurales para ser barriales a ser parte de la ciudad en un sistema de igualdad en cuento al agua o al gas.
“El agua potable surge como una necesidad muy importante y también como un negocio. El agua potable implicaba que ya no se utilizaba agua de pozo”, ratificó.
La importancia arqueológica reside en la evolución sanitaria.

Plazas: el contrato social del espacio público
Un dato revelador de las excavaciones en plazas públicas es la ausencia de basura. A diferencia de los baldíos o veredas, las plazas se mantienen limpias de residuos históricos. “La plaza es tierra de todos, pero también una ‘tierra sagrada’. Hay un contrato social implícito: la gente no tira basura en las plazas”, explica Fernetti.
Además de su función cívica y monumental, estos espacios cumplían roles funcionales: en la época colonial, solían albergar pozos de agua comunitarios. Ejemplo de esto son los hallazgos en el Pasaje Juramento y el aljibe del Museo Estévez, diseñados para recolectar agua de lluvia en una Rosario donde el recurso era vital.

Cisternas documentadas
Existen documentos, un contrato para construir una cisterna con el pedido de unos 300 barriles en la Jefatura de Policía. También hay otra cisterna en la escuela Bernandino Rivadavia sobre la calle Buenos Aires (ex 25 de Diciembre).
“En Rosario había muy buena agua de napa, por eso era tan común hacer pozos de balde», explicó.
Desmitificación de los túneles
Fernetti reitera que los túneles han estado relacionados a diversos mitos y lo primero que sostiene que hay que “descartar es el tema de contrabando. El contrabando es una cuestión de facturación, no es una cuestión de esconder los materiales”.
Los túneles existentes no han sido utilizado con ese fin y sostiene que hay que hace runa categorización sobre los mismos. “No es lo mismo el túnel que une la facultad de Ingeniería en la Siberia con la Escuela de Música que era para transportar valores, cheques o encomiendas importantes en un contexto donde los asaltos con automóvil eran mucho mayores o túneles cloacales que eran de gran tamaño” dijo y siguió: «Otra cosa, son las cloacas de gran tamaño que parecían túneles como por ejemplo bulevar Oroño, lo que une al lado del Museo Macro que es desagües puentes que se tapó para el paso de los trenes, otra cosa las cloacas que pueden ser de ladrillo, Alberdi está plagado de ese tipo de construcciones abovedadas de mampostería porque no había caños. Era muy costoso a nivel público comprar semejante cantidad de caños de un diámetro importante para el desagüe pluvial”.

Haciendo referencia al barrio y sus hallazgos hace poco en la página Facebook Arqueología Urbana mostraron una foto en Washington y J. C. Paz donde están arreglando las calles, encontraron un conducto de agua pluvial de lluvia. “Eso lo podía construir fácilmente obras públicas con un albañil. En cambio, comprar conductos de cerámica escoceses o ingleses era muy costoso”.
Se han hallado estructura de ladrillo o una mampostería y en realidad se trata de un pozo absorbente con una bóveda de tipo cañón y tiende a confundirse con la estructura de un túnel.

Sí hay construcciones con la finalidad del túnel: trasladar de un sitio a otro. Es el caso de los hospitales, que llevaban a los enfermos en camillas o sillas de rueda por túneles subterráneos para evitar contagios. Como en el Hospital Provincial, el Clemente Álvarez o en el Hospital Italiano.
La Rosario de ladrillo visto y bóvedas de cañón que yace bajo el asfalto es, en definitiva, el testimonio de una ciudad que aprendió a construirse a sí misma desde lo invisible.