La informalidad laboral volvió a expandirse en Argentina y suma un dato especialmente preocupante: el crecimiento entre personas mayores de 65 años. Según datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, el 43% de los ocupados se desempeñó en condiciones informales durante el cuarto trimestre de 2025, lo que marca una suba de un punto porcentual interanual y de 1,6 puntos frente a 2023.
Detrás de ese promedio, sin embargo, se esconde una dinámica que enciende alarmas. La informalidad entre adultos mayores crece a un ritmo superior al promedio general, reflejando el deterioro de los ingresos y la necesidad de seguir trabajando incluso después de la edad jubilatoria. La informalidad entre mujeres mayores de 65 años subió 5,2 puntos porcentuales entre fines de 2024 y de 2025, mientras que entre varones el aumento fue de más de 10 puntos porcentuales.
En términos absolutos, sobre unos 13,5 millones de ocupados, casi 6 millones tienen en la informalidad su principal fuente de ingresos. A la vez, unos 7,7 millones cuentan con empleo formal, lo que da cuenta de una estructura laboral frágil y segmentada.
Para Paula Durán, directora de la Usina de Datos de la Universidad Nacional de Rosario, el fenómeno es consistente con el contexto económico actual. En diálogo con el stream de economía analizó: “Se vio algo esperable en el contexto que atravesamos, que es un aumento del empleo informal de 1 punto porcentual durante el cuarto trimestre de 2025 respecto al mismo trimestre del año previo y también respecto al mismo trimestre de 2023 cuando la informalidad era del 41,4% (ahora es del 43%)”.
Además, advirtió que el problema podría ser incluso mayor al que muestran las estadísticas oficiales y dijo: “La informalidad puede ser aun mayor, ya que hay gente que tiene un empleo formal y uno adicional informal; en ese caso solo se lo considera un trabajador formal”.
El dato más preocupante: más adultos mayores en la informalidad
Si bien jóvenes y mujeres siguen siendo los grupos más afectados, el foco se desplaza hacia un segmento que históricamente tenía menor participación, el de los adultos mayores. “Lo que viene aumentando y me parece preocupante es el crecimiento en la población mayor, de 65 años y más”, señaló Durán.
Los datos son contundentes. La informalidad alcanza al 61,6% de las mujeres de 65 años o más y al 55,6% de los varones en esa franja etaria. En este último caso, el salto es significativo: el año anterior era del 45%, lo que muestra un crecimiento por encima del promedio general.
Para Durán, este fenómeno tiene una explicación clara: “Cuando la situación ocupacional se deteriora y hay que complementar ingresos o cuando la jubilación mínima es insuficiente, tienen que seguir trabajando, y por lo general en el sector informal”.
Más oferta laboral en un mercado debilitado
El aumento de la participación de personas mayores en el mercado laboral no es una señal positiva. Por el contrario, refleja una estrategia de supervivencia frente a la pérdida de ingresos y termina agravando la situación general.
“Este sector presiona la fuerza de trabajo, algo que en otro contexto económico más favorable no sucedería”, explicó la entrevistada y completó: “Cuando vemos momentos de mejor contexto económico, la tasa de actividad de las personas mayores tiende a bajar, porque no tienen necesidad de buscar un empleo”.
El crecimiento de la informalidad entre adultos mayores expone así una doble problemática: por un lado, la insuficiencia de los ingresos previsionales, por otro, la incapacidad del mercado laboral para generar empleo de calidad.
En ese contexto, el 43% de informalidad deja de ser solo un indicador agregado y pasa a mostrar una transformación más profunda: cada vez más personas que deberían estar fuera del mercado laboral se ven obligadas a reinsertarse, y lo hacen, en la mayoría de los casos, en condiciones precarias.