Cada 24 de marzo, como este martes, la Argentina recuerda el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, una jornada que invita a mirar al pasado y recordar lo sucedido durante la última dictadura cívico‑militar, además de sostener el compromiso con los derechos humanos a 50 años del golpe que marcó una bisagra en la historia del país.
En ese contexto, el cine argentino, una de las banderas de la cultura nacional que en la presente gestión de Milei fue intencionalmente desfinanciado, se convierte en una herramienta clave para acercarse a los hechos, sus protagonistas y las consecuencias que todavía atraviesan a la sociedad que no olvida a sus desaparecidos.
Tanto el arte, las películas y las obras de teatro traen ese momento a las vidas de las personas para que las nuevas generaciones entiendan lo que sucedió y para que las viejas no repitan la misma historia.
Entre las producciones más recientes se destaca la multipremiada Argentina, 1985, dirigida por Santiago Mitre y protagonizada por Ricardo Darín. Esta película reconstruye el juicio a las Juntas militares y muestra el trabajo del fiscal Julio Strassera y su equipo en un momento decisivo para la democracia. Algo que hoy es moneda corriente, en ese momento fue un acto de justicia social y democrática.
Otro título central es La noche de los lápices, de Héctor Olivera, que relata el secuestro de estudiantes secundarios en 1976. Este film está basado en hechos reales, ya que la historia expone cómo la represión alcanzó a jóvenes militantes y se convirtió en uno de los relatos más representativos sobre ese período.

Por otro lado, el documental El silencio de otros, dirigido por Almudena Carracedo y Robert Bahar, aporta una mirada internacional: aunque aborda los crímenes del franquismo en España, establece un vínculo directo con la experiencia argentina en la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia.
Desde otro enfoque, Crímenes de familia, de Sebastián Schindel, con Cecilia Roth, no trata de forma directa la dictadura, pero permite pensar las tensiones sociales y el funcionamiento de la justicia en la actualidad.

En el recorrido por el cine nacional aparecen obras fundamentales como Tiempo de revancha, de Adolfo Aristarain, que refleja el clima de persecución y miedo en aquellos años. Asimismo, La historia oficial, dirigida por Luis Puenzo, logró visibilizar la historia de aquellas mujeres que no sabían la identidad de sus hijos y la conciencia sobre los desaparecidos a nivel internacional; marcó un hito en el cine argentino al ser la primera película argentina en ganar un Oscar a mejor película extranjera.
También se suma Juan, como si nada hubiera sucedido, de Carlos Echeverría, que investiga un caso de desaparición y expone las contradicciones de los responsables en un contexto de silencio e impunidad.
La crudeza del sistema represivo aparece en Garage Olimpo, de Marco Bechis, que muestra el funcionamiento de un centro clandestino de detención, mientras que Los Rubios propone una mirada personal sobre la memoria y la identidad desde la experiencia de una hija de desaparecidos.
Por último, entre muchos otros materiales, El Juicio, de Ulises de la Orden, recupera material de archivo del proceso a las Juntas militares y construye un relato que vuelve a poner en primer plano uno de los momentos más importantes de la historia democrática argentina.
Estas películas y documentales permiten abordar distintas dimensiones de la dictadura, como el terror, la resistencia, la búsqueda de justicia y las marcas que aún persisten. Por esa razón, es a través del cine que el 24 de marzo se transforma en un ejercicio activo de memoria que busca mantener vigente el #NuncaMás.