Este domingo, a los 88 años, murió el destacado periodista Rómulo Berruti, comunicador especializado en cultura y espectáculos, cuya trayectoria dejó una huella imborrable en la difusión del teatro, el cine y la actividad artística del país desde sus comienzos hasta el presente, con su programa de radio.
Nacido el 23 de octubre de 1937, desarrolló una extensa labor desde 1960 en medios gráficos, radiales y televisivos. Su deceso se produjo este domingo 22 de marzo, pero la noticia se conoció recién este lunes 23 por la mañana.
Rómulo fue parte de redacciones emblemáticas como las de El Mundo, Crítica y, durante más de dos décadas, Clarín, donde se desempeñó como jefe de la sección Espectáculos. Su mirada analítica y su compromiso con la cultura contribuyeron a visibilizar el trabajo de artistas, creadores y trabajadores del sector en todo el país.

En televisión, alcanzó gran reconocimiento como uno de los conductores, junto con Carlos Morelli, del siempre recordado ciclo del viejo Canal 7, Función privada, una marca del regreso de la democracia desde 1983 que luego pasó al canal de cable Space, y en radio sostuvo durante años espacios dedicados a la difusión cultural.
Su tarea también incluyó la participación en jurados de premios fundamentales para la actividad artística, así como el acompañamiento constante a la producción nacional.
A lo largo de su carrera, vivió momentos gloriosos del periodismo de espectáculo como corresponsal de los principales festivales de cine del mundo, donde entrevistó a grandes estrellas, muchas de las cuales luego venían al país para participar del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.
“¡Hasta el sábado, Rómulo!”

En las últimas horas, con el título “¡Hasta el sábado, Rómulo!”, su colega y amigo Carlos Morelli publicó en su redes sociales un texto en el que repasa el camino compartido y los años gloriosos de Función privada.
“Nos habíamos conocido en 1965, y en Mar del Plata. Por entonces, él era crítico teatral de Clarín y yo colaboraba en La Nación, haciendo críticas de cine y notas para el «huecograbado» del fin de semana. Allí y entonces habíamos ido, casi en modo «vacaciones profesionales», invitados a la presentación de un espectáculo de revista producido por el Teatro Maipo porteño. Así, entre plumas y monólogos políticos, empezarían nuestra amistad, nuestras coincidencias y nuestra pequeña, feliz historia en sociedad”, escribió al comienzo del texto.
“Dos años después, Rómulo Berruti «me llevó» a su diario, al que ingresé como aspirante y llegaría a ser Prosecretario de Redacción a cargo del suplemento de Espectáculos, contando siempre con él como Jefe de Sección. A la vez, ambos continuaríamos ejerciendo activamente en esas páginas como críticos, en nuestras respectivas especialidades”, sumó.
“Y, de pronto, la radio, con una incorporación de ambos al elenco del exitosísimo ciclo El Clan del Aire en las mañanas de Radio Mitre. Y después la televisión, con un pasaje inicial por el legendario Buenas tardes, mucho gusto y un posterior anclaje, siempre en el Canal 13 de Goar Mestre y «los cubanos», en aquel ambicioso noticiero de la medianoche que se llamó Actualidad en 24 horas. Y hubo bastante más, en ambos medios. Hasta que en 1977 aterrizamos en el viejo Canal 7, y en su trasnoche de los jueves, con un programita, Microcine 7, que fue, seis años antes, el primerísimo embrión de nuestra marca, de nuestra propuesta y de nuestra huella esenciales y definitivas, ya en un país diferente”, profundizó Morelli.
“En el medio haríamos otro «ensayo general» de lo que soñábamos con Sábado segunda noche, compartimos las célebres veladas con chambergo y llavero de Augusto Bonardo en La Gente, y nos convocaron para distintos especiales en la hoy Televisión Pública. Hasta esa tarde de 1983 en que el recordado Miguel Ángel Merellano, director general del canal estatal una vez concretada la resurrección de la democracia en el país, nos llamó para decirnos: «Muchachos: de ahora en más, cine argentino. Con lo mejor de lo mejor. Lo nuevo y, especialmente, lo viejo que la tele nunca mostró. Sin miedo ni a la fecha de producción ni al blanco y negro. ¡Ah!: y van a ir los sábados y en horario central. Si les gusta, bien. Y si no… Eso sí: el título lo ponen ustedes. Tienen una hora para decidirlo»”, rememoró.
“Después del primer café con Merellano, el segundo fue a solas, y en el emblemático Rond Point. Ahí tratamos de digerir la sorpresa y el peso del encargo. Deliramos modestas exigencias para condimentar y, de alguna manera, personalizar el ciclo que debíamos sacar adelante: de allí surgirían las travesuras con las viejas ediciones de Sucesos Argentinos y del Noticiero Panamericano, y la temeraria jugada con los paleozoicos episodios de la serie Flash Gordon. Y, fundamentalmente, nos abocamos a elegir un rótulo para la mucho más que incierta aventura ¿Qué resolvimos?: trasladar a la difusión de la cinematografía nacional y al prime time el titulito que veníamos usando en la invisible medianoche de los viernes para presentar módicos productos extranjeros, esencialmente hollywoodenses”, describió.
“Allí nació otra Función privada. La segunda y definitiva. La que sumó otros doce años en Canal 7. Y luego estuvo cinco más en Space, como nueva mimada de la televisión por cable. La que dejó una impronta, forjó algo parecido a una leyenda y, hasta hoy mismo, nunca se fue de las retinas, los afectos y la gratitud de su gigantesca platea. Y, siempre, con Carlos y Rómulo, Rómulo y Carlos. Con la cara de Marilyn y con la música de Amarcord. Con la barra y con la champagnera. Con Susana Tenreiro, enorme productora. Con mi hijo, Ignacio, dirigiendo las cámaras; y con mi hija, Gabriela, controlando la ambientación”, recordó.
Y cerró: “Ahora, Rómulo nos dejó. Y el vacío es tan abismal como doloroso. Pero también la memoria es tan indeleble como estimulante. Por eso prefiero regresar a ese pasado que se confunde con el presente, levantar con mi amigo y mi compañero la copa del cierre de cada emisión, y despedirlo, apenas, hasta el sábado que viene”.