¿Está bien negar lo evidente? El gobierno de La Libertad Avanza dice que no hay cambio climático, pero en geografías donde no hay memoria que haya ocurrido un evento climatológico extremo, hay casos hasta fatales
Claudio Gambale / Notigital
Las recientes tormentas que azotaron el Área Metropolitana de Buenos Aires (Amba) y la provincia de Buenos Aires (PBA) dejaron imágenes impactantes: barrios enteros bajo el agua, familias perdiendo todo y una sensación de impotencia generalizada. En algunos municipios, la cantidad de agua caída superó los 400 milímetros en pocas horas, una cifra que desafía cualquier sistema de drenaje urbano, por más moderno y eficiente que sea.
Sin embargo, en lugar de abrir un debate serio sobre las causas profundas de estos fenómenos extremos, parte de la dirigencia política y algunos sectores mediáticos optaron por negar el cambio climático o minimizar su impacto, reduciendo la discusión a una simple pelea partidaria. Se señala a gobernadores, intendentes o a «el peronismo» como responsables exclusivos de las inundaciones, como si el clima y la naturaleza respondieran a banderas políticas.
Es cierto que la infraestructura urbana en muchas ciudades argentinas necesita mejoras urgentes. Sin embargo, ¿realmente alguna obra podría haber evitado el desastre ante semejante volumen de lluvia? Los datos y los especialistas coinciden: no existe sistema que resista lluvias tan intensas y concentradas, que cada vez son más frecuentes debido al calentamiento global.
En la Ciudad de Buenos Aires (CABA), donde los recursos y la infraestructura suelen ser mayores, también hubo barrios anegados. Esto demuestra que el problema va más allá de la gestión local: estamos ante un fenómeno global que exige respuestas colectivas y políticas de Estado, no chicanas de ocasión.
Lejos de reflexionar sobre cómo el modelo de consumo y el capitalismo desenfrenado están llevando al planeta al límite, el debate público se reduce a peleas en redes sociales y a la circulación de información sesgada, diseñada para alimentar la grieta y contentar a ciertos públicos. Mientras tanto, miles de ciudadanos pierden sus hogares y pertenencias, y la empatía parece haber quedado en suspenso.
Argentina, un país con profundas raíces católicas, debería ser ejemplo de solidaridad y compasión. Sin embargo, la retórica del odio y la división, instalada desde hace años en la política y los medios, solo profundiza el dolor y la impotencia social.
La historia argentina ofrece ejemplos claros: la proscripción, la dictadura y la exclusión del otro nunca trajeron soluciones duraderas. Hoy, la negación del cambio climático y la búsqueda constante de un enemigo político solo nos alejan de las verdaderas respuestas.
Tampoco la ausencia total del Estado es garantía de mejora: en casi dos años de gestión nacional sin presencia estatal, ninguna empresa privada reactivó las obras paralizadas. El «Estado cero» no es la solución, como tampoco lo es el Estado ausente o ineficaz.
Es momento de parar la pelota. Dejar de negar la evidencia científica y de buscar culpables en la vereda de enfrente. Es tiempo de construir consensos básicos para enfrentar el cambio climático, mejorar la infraestructura y, sobre todo, recuperar la empatía y la solidaridad como valores centrales de nuestra sociedad.
El desafío es enorme, pero la respuesta no puede ser el odio ni la negación. Solo un debate serio, informado y responsable nos permitirá encontrar soluciones reales para que, la próxima vez que caigan 400 milímetros de agua, estemos mejor preparados y, sobre todo, más unidos.
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