El universo del tango está de luto, dado que en el mediodía de este domingo se conoció la triste noticia del fallecimiento de María Nieves, la mujer que logró dejar una huella en el mundo del espectáculo nacional e internacional con su talento y su impronta únicos siendo, además, la histórica compañera de baile del también recordado Juan Carlos Copes.
María Nieves Rego, tal su nombre completo, de 91 años, fue una milonguera argentina nacida el 6 de septiembre de 1934, que vivió de pequeña en un conventillo de Saavedra junto a sus cinco hermanos y que, a pesar de las dificultades y de la miseria que le tocó pasar, logró con el tiempo salir adelante y lucirse dando sus primeros pasos en la milonga del Club Atlanta, en Villa Crespo.
Su encuentro con Juan Carlos Copes dio origen a una de las duplas más impactantes de todos los tiempos. Juntos formaron la histórica pareja Copes-Nieves, sinónimo de elegancia, sensualidad y perfección escénica, al tiempo que fueron los más destacados maestros del tango bailado para las generaciones venideras.
Con ellos, el tango salió de los clubes barriales para conquistar el mundo. Brillaron durante años en Broadway, deslumbraron en Las Vegas, Miami, Hollywood, París, Tokio, Roma y Madrid, e incluso bailaron en la Casa Blanca frente al entonces presidente Ronald Reagan.
Antes de la gloria, hubo lucha, ya que María Nieves y Juan Carlos Copes pasaron años varados en Nueva York intentando abrirse paso, sin dinero y sobreviviendo gracias a la ayuda de otros argentinos hasta que un día todo cambió.
Llegaron a presentarse en televisión en El show de Ed Sullivan y luego explotó el fenómeno mundial del tango. Más tarde, integraron el mítico espectáculo Tango Argentino, considerado una obra histórica que reposicionó al género en el mundo entero.
Cada 6 de septiembre, fecha de su cumpleaños, en Buenos Aires se celebra el Día de la Bailarina de Tango en su honor. Un reconocimiento merecido para quien dedicó casi siete décadas a los escenarios.
Según publica en su biografía José María Otero, durante décadas fue el sueño erótico de tantísimos espectadores deslumbrados por su estampa y las armoniosas figuras que garabateaba con Copes. Y también la mujer que codiciaban como compañera de pista los mejores milongueros de los años 50 y 60, cuando bailar tango era una religión.
“María Nieves Rego, hija de humildes emigrantes gallegos es otro fruto tanguero de aquellos conventillos con su pereza de patio y cotorro donde se enquistaba la pobreza y donde los sueños chocaban con las peripecias que imponían el diario subsistir. Su padre fallece joven y de la pieza de cuatro metros por cuatro, donde convivía con dos hermanos varones y dos mujeres, amén de la mamá, tuvo que largarse a laburarla como sirvienta en la Boca. Tan lejos de su casa de Saavedra que debía tomar tres colectivos y quedarse trabajando toda la semana hasta la media tarde del sábado en que regresaba, abandonando el colegio en 4º grado”, destaca Otero.
Y agrega: “El espectáculo Tango Argentino, que integraron, demostró en todo el mundo que la semilla que ellos sembraron, por fin había germinado, tras el hueco borroneado del pasado. Descascarada por el tiempo, la pareja se deshizo”.