Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, conocida popularmente como Taty Almeida, falleció este domingo a los 95 años. Fue una de las principales referentes de la Asociación Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y una figura central en la defensa de los derechos humanos en Argentina. Su voz representó a miles de familiares de víctimas del terrorismo de Estado.
Nacida el 28 de junio de 1930 en una familia con fuertes vínculos militares, se dedicó durante años a la docencia hasta que su vida experimentó un quiebre definitivo en junio de 1975, cuando un comando de la Triple A secuestró a su hijo Alejandro, un joven de veinte años que militaba en el ERP, trabajaba como empleado público de la agencia Télam y cursaba sus estudios de medicina en la Universidad de Buenos Aires (UBA).
Frente a la tragedia, Taty Almeida comenzó una intensa búsqueda de respuestas. Con el tiempo, se integró a la organización Madres, donde encontró la contención necesaria para enfrentar la impunidad estatal.
Con su pañuelo blanco en la cabeza, recorrió calles, medios de comunicación y foros internacionales para denunciar los crímenes de lesa humanidad. Su figura se convirtió en un símbolo de resistencia pacífica. A más de 50 años del secuestro, su hijo Alejandro permanece desaparecido.
En abril de este año, la UBA le otorgó el Doctorado Honoris Causa por su labor fundamental en la denuncia de los crímenes de la dictadura y su militancia por la paz social.
«Sinceramente agradezco, y de qué manera, este premio que me han hecho que, por supuesto, en mí están todas las madres. La única lucha que se pierde es la que se abandona», aseguró la dirigente, conmovida.