El gobernador Maximiliano Pullaro armó las valijas y viajó este miércoles a Buenos Aires. El destino final es el despacho del nuevo jefe de Gabinete de la Nación, Diego Santilli. El encuentro marca el primer termómetro oficial de la relación entre la Casa Rosada y Santa Fedesde el desembarco del exdirigente del PRO en la mesa chica de Javier Milei, un movimiento con el que el Ejecutivo nacional busca dejar atrás la etapa de los «vínculos fríos» y el ring de boxeo permanente con las provincias.
La encargada de anticipar la jugada fue la vocera del gobierno santafesino, Virginia Coudannes, quien remarcó que Pullaro va con el objetivo de “avanzar en una clave agenda para Santa Fe”. El libreto que lleva el mandatario provincial no tiene sorpresas: el histórico reclamo por la millonaria deuda previsional que Nación mantiene con la Caja de Jubilaciones de la provincia, la reactivación de la obra pública nacional y definiciones sobre el caótico estado de las rutas nacionales que atraviesan el territorio, vitales para la seguridad vial y el corazón de la logística agroexportadora.
La contraoferta de la Rosada: leyes y reformas
Pero en el toma y daca de la política, Santilli también tiene su lista de pedidos. El gobierno de Milei necesita blindar gobernabilidad y aceitar los números en el Congreso para reformas de alto impacto.
Dos temas desvelan hoy a la Jefatura de Gabinete:
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El hachazo a la «Zona Fría»: El oficialismo quiere avanzar en el Senado con la modificación del subsidio al gas, que ya tiene media sanción de Diputados. Para Santa Fe es un dolor de cabeza directo: de prosperar, el recorte impactará en los bolsillos de casi dos millones de usuarios de ocho departamentos del sur provincial. La tensión ya quedó expuesta en la Cámara baja, donde la exvicegobernadora Gisela Scaglia —del núcleo duro de Pullaro— votó en contra del proyecto libertario.
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La cancha electoral para 2027: Santilli busca cosechar apoyos para la reforma política que elimine o suspenda las PASO. Para el plano estratégico de Milei, la caída de las primarias es una herramienta de doble efecto: le permite mayor control sobre el armado de listas propias y deja al peronismo sin su principal herramienta para ordenar una unidad que hoy asoma compleja.
Negociar sin colgarse la escarapela ajena
La designación de Santilli fue leída en el mapa político como una bandera blanca hacia los gobernadores «dialoguistas». El ex vicejefe de Gobierno porteño mantiene una buena sintonía previa con Pullaro y encarna la «apertura política» que el Gobierno nacional debió activar tras semanas de sequía legislativa y vínculos rotos.
Sin embargo, en la Casa de Gobierno de Santa Fe tienen claro que la buena onda no se traduce en un cheque en blanco. La mejor prueba de esa distancia calculada se verá la semana próxima: Pullaro ya avisó que no viajará a Tucumán para la foto federal que Milei prepara por el 9 de Julio. Mientras el presidente busque su postal de respaldo político en el jardín de la República, el santafesino se quedará en la provincia cumpliendo agenda local.
La moneda está en el aire. Santa Fe tiene reclamos concretos que afectan su caja y su infraestructura; la Casa Rosada tiene una necesidad famélica de votos en el Senado. En ese fino cruce de intereses, Pullaro y Santilli reactivan el diálogo institucional: una negociación abierta, pero sin alineación automática.