Rosario, miercoles 15 de julio de 2026
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Rosario, miercoles 15 de julio de 2026

El gobierno ahora también culpa a las familias por endeudarse: “No saben manejar sus ingresos”

Después de decirles que se abriguen, como solución ante el aumento de tarifas, el flamante vocero Adrián Ravier habló de la morosidad y le tiró la responsabilidad a la población. Hugo Yasky le respondió: "Se endeudan para comprar comida, remedios y pagar servicios básicos"
El gobierno ahora también culpa a las familias por endeudarse: “No saben manejar sus ingresos”

Fuente: www.tiempoar.com.ar 

Hay un axioma que dice que cuando se juntan más y más casos de algo, ya deja de ser un problema individual y pasa a ser social. El de las familias endeudadas es un drama social. Pero para el Gobierno nacional, el problema es de la propia población. «No saben manejar sus ingresos», declaró el vocero presidencial Adrián Ravier.

La situación crítica de morosidad es inedita. Va desde el sistema financiero de bancos hasta las billeteras virtuales y los negocios. Pero según La Libertad Avanza no es por los costos de los productos, por la caída de los ingresos familiares, por la creciente desocupación o por los tarifazos, sino porque la gente no sabe usar su tarjeta de crédito.

Así respondió Ravier cuando le preguntaron sobre el tema: “A veces, la gente se pone en riesgo de impago simplemente por no saber manejar sus propios ingresos y obligaciones”.

Según expresó, la solución a este problema es entender que “hay un proceso de aprendizaje” que la población todavía no entendió.

“Uno agarra la tarjeta, la lleva al límite y al otro mes se encuentra apretado. Tenemos que volver a aprender cuál es el límite al que nuestros ingresos nos permiten acceder”, lanzó desde el atril de Casa de Gobierno.

Desde ese mismo lugar había afirmado hace apenas dos semanas, en su flamante reemplazo de Manuel Adorni, que las tarifas de los servicios iban a aumentar hasta el triple porque estaban «atrasadas» y que la gente tenía pagar o abrigarse y no usar la calefacción.

“Las familias deberían decir ‘bueno, ahora que está más caro el gas, voy a tratar de abrigarme en vez de prender el gas’”, aseguró.

Las críticas al vocero

La frase de Ravier encendió nuevas críticas. Una de ellas fue la del diputado nacional (UxP) y secretario general de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), Hugo Yasky, que le respondió: «Las familias no caen en la morosidad porque están aprendiendo a usar el crédito. Se endeudan para comprar comida, remedios y pagar servicios básicos porque este gobierno desató una tormenta perfecta: aumentos de precios y tarifas, cepo a los ingresos con paritarias pisadas y destrucción del salario real y tasas de interés liberadas».

«Esta es la combinación que provocó una crisis de deuda familiar inédita. En lugar de brindar una solución tratando en la Cámara de Diputados los distintos proyectos presentados sobre el tema, el oficialismo se burla de la gente a través del vocero presidencial. Lo único que les falta es ponerlo a Adorni para asesorar a las familias en el manejo de sus ingresos», acotó.

El drama de las familias endeudadas

En abril, la morosidad de los hogares llegó al 12,1% y siguió creciendo al 12,7% en mayo. Se trata de números que marcan récords en los últimos 16 años y arrastran una inercia que puede llevar el problema hacia el próximo año.

Según un último informe basado en datos del Banco Central (BCRA), casi 7 millones de personas fueron excluidas de recibir nuevos préstamos por no poder saldar los que habían tomado. Y en billeteras

De acuerdo al análisis, la carga financiera consolidada —que contempla tanto al sistema bancario formal como a los Proveedores No Financieros de Crédito (PNFC)— saltó del 17% en 2024 al 30% de la masa salarial en el presente. Todo este ahogo está traccionado por una tasa de interés real promedio del crédito de consumo que se sostiene en niveles del 58%.

Otro reciente informe del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales indicó que el 56,6 por ciento de los hogares no logró cubrir de forma adecuada la Canasta Básica Alimentaria y el 89% financió la compra de alimentos mediante compras de fiado, tarjeta de crédito o dinero prestado.

Pero para Ravier, la morosidad es señal de que la economía está creciendo: “Cuando una economía recupera el crédito es normal que aparezca la morosidad. Esta Argentina que recupera el crédito inicia un proceso de aprendizaje crediticio al que nos tenemos que adaptar. El banco debe ver a quién le otorga el crédito” y las personas “deben saber hasta dónde puede tomar crédito”.

La pregunta más básica es por qué si en estas últimas décadas las familias ya usaban tarjetas de crédito y había crecimiento, no se registra este nivel de endeudamiento. La respuesta, de nuevo, está en los tarifazos, en los salarios en caída, en la canasta básica que no se puede solventar.

Historias de la morosidad

Un reporte de la Cámara Argentina Fintech muestra que la morosidad en préstamos de billeteras virtuales superó el 30 por ciento. Otro, de JP Morgan, refleja que los atrasos en pagos de más de 90 días escalaron al 8,7% en créditos de Mercado Pago: un año antes estaban en el 1,8 por ciento.

Un informe de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia advierte que la irregularidad bancaria en créditos a familias se cuadruplicó en un año y que ya son más de 6 millones los adultos con dificultades para pagar sus créditos, préstamos y tarjetas. Pero detrás de los números están las historias y los pesares invisibilizados por el Gobierno que solo habla de una «macro» cada vez más ficcional.

Paola Relea alquilaba un departamento en Caballito. Lo compartía con su hija adolescente y con una hermana. Trabaja en relación de dependencia como administrativa desde hace seis años, pero desde que comenzó el gobierno de Javier Milei el sueldo dejó de alcanzarle. La primera vez que tomó deuda fue para pagar alquiler y expensas. La rueda empezó a crecer. “Me endeudé con el banco donde cobro el sueldo y con billeteras virtuales como Ualá. Más que nada, con la tarjeta. Hoy debo arriba de 7 millones de pesos”, lamenta. Con ingresos fijos de 500 mil pesos y sin cuota alimentaria por parte de su exesposa, debió dejar el departamento que rentaba y mudarse a la vivienda familiar.

La casa era de su mamá, quien falleció de cáncer y pasó su última etapa reclamando para conseguir su medicación, cuenta Paola. En esa vivienda de Mataderos ya conviven 13 personas, entre hermanos, sobrinos e hijos. “Estamos todos con deudas. Mi hermano con discapacidad tuvo que empezar a trabajar como bachero porque no le alcanza con la pensión. Otro hermano labura prácticamente 24 horas haciendo viajes con Didi para mantener a sus hijos. Hay peleas a diario y ya notamos cambios en el estado de salud por trabajar tanto”, describe Paola. Además de su empleo formal colabora en un comedor comunitario. Ahí la ayudan con una ración de comida.

Vanina Lescano vive en la capital de Santiago del Estero junto a su hijo Cristian, de 13 años. El nene tiene síndrome de Prader-Willi, un trastorno genético poco frecuente, y es electrodependiente. Solo se alimenta con una leche especial cuyas latas cuestan más de 180 mil pesos. Cada lata dura un día y medio. Desde que se interrumpió la entrega por parte de Incluir Salud, la familia comenzó a hacer rifas, pedir donaciones… y endeudarse.

“Tenía un maxikiosco. Lo tuve que cerrar. Salía a hacer Uber, pero me chocaron y no tenía seguro. Perdí el auto. Tuve que sacar préstamos con Tarjeta Naranja, con Dinámica y otras así, además de Mercado Pago. La situación se fue agravando. Ya son incontables las deudas. Seis millones solo con una tarjeta. Es imposible de pagar. Y la prioridad sigue siendo mi hijo, que necesita sus leches todos los días”, remarca la mujer.

Su marido y uno de sus hijos no tenían trabajo en Santiago del Estero. Se mudaron a Mar del Plata, donde consiguieron empleo como ayudantes de albañilería. Otro se fue a México a probar suerte y otro se mudó a la casa de su abuela. Ella quedó sola con su nene de 13. “Hemos tenido que disolver la familia porque era imposible sostenernos. No podíamos comer. Hemos tenido que decidir cosas que nunca pensamos que haríamos. Dentro de todo, antes vivíamos bien. Hoy estamos en la clase más baja. La situación es dolorosa. Sobre todo porque he votado a este presidente, creyendo que podía hacer algo mejor”, confiesa Vanina. Y llora.

Fernando Pérez tiene 58 años y sacó su primer préstamo en 2025. Le pidió tres millones de pesos a su banco, porque no llegaba a fin de mes. Lo usó para compras de supermercado. Paga 300 mil pesos por mes para devolverlo con intereses. Hace tres meses, el cuadro se agravó: perdió el empleo que tenía desde hacía 21 años en una pyme. La indemnización se está yendo en devolver el préstamo y comer. “Espero que salga algún trabajo. Soy de los que hace cuatro o cinco cuadras de fila cuando hay un puesto, y me la paso mandando currículums. Pero a mi edad es difícil”, suelta. De sus ingresos dependen su esposa y su hijo con discapacidad.

En otros casos, el endeudamiento crece aún sin pérdida de empleo. Cuando una situación inesperada obliga a gastos que hacen colapsar presupuestos sin margen. Como le pasó a Gerardo Subero. Cumplió 40 años el día después del derrumbe en el complejo Estación Buenos Aires, en Parque Patricios. Al drama se sumaron las deudas.

“La situación ya venía compleja. Nos daba cierta estabilidad estar pagando un crédito bajo. Pero todo se complicó. Para cuidar nuestra salud mental, sobre todo la de mi nene de siete años y por recomendación de su psicóloga, buscamos otro departamento para alquilar. Ahí nos empezamos a endeudar con la tarjeta”, relata. También le pidió prestado a un familiar, y va devolviendo de a poco. En otros casos el círculo vicioso supera la línea de familiares y amigos y caen en prestamistas.

Gerardo es empleado de comercio con 20 años de antigüedad. Gana menos de un millón y medio de pesos. Paga 850 mil entre alquiler y expensas. Antes complementaba sus ingresos con viajes para plataformas los fines de semana, pero su auto quedó sepultado por el derrumbe. Su compañera tiene un local de manicuría: “Mantiene su clientela, pero bajó mucho. Con la gente que hablo, está complicada. Se perdió mucho poder adquisitivo, mucha gente quedándose sin trabajo. Quien antes tenía un manguito, ya no. Quien antes se hacía las uñas con mi señora, hoy no. Nos vamos perjudicando todos”.