La cifra es alarmante: más de 8.000 personas murieron el año pasado en accidentes de tránsito. El número mayor, desde luego, le correspondió a la provincia de Buenos Aires: 3.195 personas. Pero a nuestra provincia no puede decirse que le haya ido mejor en tal funesto aspecto, y así las estadísticas arrojan un número de 698 personas fallecidas en igual período, obteniendo el segundo y lamentable puesto en el país, superando incluso a la Capital Federal y a Córdoba.
Ayer, los medios rosarinos dieron cuenta de la muerte de un motociclista en un accidente protagonizado por este muchacho y un taxista en la céntrica esquina de Paraguay y Rioja. Lo cierto es que, tal como está el tránsito en Rosario, es un verdadero milagro que no se produzcan más accidentes con consecuencias lamentables.
Es que a la hora de hablar de este tema en la ciudad, es imposible no realizar la comparación con lo que ocurre en el ámbito penal o delictivo; y a poco que se realice este examen, se advertirá que, como los delincuentes, muchos conductores desaprensivos gozan de absoluta impunidad. Abundan en las calles rosarinas conductores del transporte privado y público que ponen en riesgo la vida de los peatones, sin que la autoridad municipal adopte medidas enérgicas para poner orden en un ámbito en donde, según parece, vale todo.
Como se ha dicho en reiteradas oportunidades, cruzar la calle en la ciudad de Rosario, y en otras ciudades del país para ser justos, es toda una aventura que termina con un suspiro de alivio cuando la persona ha cumplido su propósito. La invasión de la senda peatonal por parte de automovilistas, taxistas y colectiveros es ya una cultura. Lo que importa a esta gente tan mal educada, que a veces está rayana con actitudes homicidas, es adelantarse para pasar en la intersección, pero el derecho del peatón y su seguridad poco importan.
Lo lastimoso del caso es que la Municipalidad poco hace para mitigar esta situación. Una máquina espléndidamente aceitada para recaudar vía acta de infracciones a los vehículos que estando en infracción no generan peligro, se olvida de los conductores amenazantes que cruzan semáforos en rojo, que circulan a excesiva velocidad o que con maniobras peligrosas ponen en riesgo la vida de las personas.
Es así que es dable observar a la grúa trasladando automóviles mal estacionados al corralón, mientras al mismo tiempo alguien pasa conduciendo un automóvil a una velocidad de 70 kilómetros por hora en las calles céntricas, sin que nadie de las autoridades pertinentes atine a ponerle freno a una falta (o dolo) que se ha tornado en costumbre escandalosa.
No es casual que los índices de accidentes de tránsito mortales en la provincia de Santa Fe no hayan disminuido en los últimos años (en el año 2007 se registraron 707 muertes; en el año 2006 la cifra estuvo en 643 personas muertas); ello se debe a esta política de la indiferencia que sustentan los funcionarios por aquellos problemas que generan pesar en la sociedad, como la ola delictiva en la que se debe contemplar, también, a los accidentes de tránsito que provocan muchos conductores inescrupulosos.