
Si algo nos dejan de enseñanza las pascuas judías y cristianas, más allá de lo estrictamente religioso, es ese mensaje de posibilidad cierta de liberación, de salir de la tristeza, de huir de los presidios que impone a veces la vida o las circunstancias. El mensaje concreto es: “En todo momento se puede resucitar a una nueva vida”.
El pueblo judío, sojuzgado y humillado en Egipto, totalmente entristecido, se lanza con fe, con esperanza y absoluto coraje a la maravillosa aventura de la libertad y logra su propósito. Festeja al fin la llegada a la Tierra Prometida, no sin antes pasar y padecer en el desierto (hay que decir que ninguna liberación, o al menos muy pocas, están libres de costo). La pascua judía, que acaba de concluir, evoca la salida de Egipto y da, además del mensaje estrictamente social (libertad), una magnífica enseñanza sobre qué hacer y cómo ante las adversidades en la vida.
Por otra parte, la Semana Santa del cristianismo recordó el domingo último la resurrección de Jesús después de haber pasado por el sufrimiento y la muerte. Ambos pueblos, con una misma raíz y muy pocas diferencias (aunque parezca lo contrario) envían un mensaje al hombre de nuestros días, al hombre de siempre atribulado por la injusticia, por el dolor que provocan tantos sucesos adversos en la vida: es necesario liberarse del sufrimiento y su causa, es obligación resucitar a una nueva vida.
Fácil es decirlo, claro, en ocasiones no es tan fácil lograrlo. No porque esté vedado el alcanzar el objetivo, sino porque el ser humano no suele encontrar fácilmente el modo de lograrlo, el camino adecuado. A veces ante el desierto el ser humano escapa o se confunde: ¿Cómo puede ser el desierto el camino que lleve a la liberación, a la paz interior?
Creo sinceramente, por otra parte, que la persona de estos tiempos está un tanto abandonada por aquellos que deberían guiarla. Sin dudas el ciudadano de hoy ha sido desamparado por los gobernantes, por los políticos, por los dirigentes del ámbito privado. También ha sido desprotegido por los guías espirituales que en lugar de ocuparse de la problemática del ser en este espacio y este tiempo, en este mundo, han modificado el discurso de Dios y se han ocupado de vender parcelas en el cielo descuidando la vicisitud en el terreno de este mundo.
No es que esté mal, lo aclaro, el ocuparse de las cosas del cielo, el hablar de la salvación del alma; lo que está mal es descuidar aquellas cosas que de manera contundente fueron expresadas en la ley de Dios: “Que al ser humano le vaya bien sobre la faz de la Tierra”.
Así tenemos religiosos que hablan de la fiesta de tal o cual cosa, pero jamás dan un consejo en sus discursos sobre cómo superar la soledad, la tristeza, el enojo y terminar con aquellas causas que provocan tales sentimientos. Ni siquiera, si no son capaces de orientar a la persona para mitigar el dolor, se las arreglan para sugerirles alternativas tales como el consejo sano que consiste en la visita a un profesional, o a determinada persona preparada para ayudarla en el tránsito del camino hasta llegar a eso que doy en llamar “La Tierra Prometida”, es decir el estado de calma y superación del conflicto.
Algunos están tan cerrados en sus visiones religiosas que ni siquiera son capaces de recurrir a las enseñanzas de aquello que, se supone, deberían haber comprendido cabalmente (las antiguas escrituras) para mitigar la pena, la decepción en que a veces se ve involucrado el hombre de nuestros días. No es casualidad, por tanto, que algunos templos de diversas religiones estén casi vacíos. El discurso o sermón muchas veces aburre. Aburre y no allega soluciones al ser apenado. Ni siquiera encuentra una palabra de aliento, un refugio en el mensaje. Pocos religiosos o guías espirituales desmenuzan y enseñan sobre aquellas ciertas palabras de Moisés teniendo al ejército egipcio a sus espaldas y al Mar Rojo por delante: “No temáis, permaneced firmes”. Ni tampoco el discurso metafórico del nazareno: “Si tuvieran fe como un grano de mostaza, le dirían a esa morera «arráncate de raíz y plántate en el mar» y ella les obedecería”.