Rosario, lunes 05 de octubre de 2026
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Rosario, lunes 05 de octubre de 2026

¿El último apaga la luz?

Tras el final, en Arroyito hubo clima de acefalía. Manuel Usandizaga se fue del estadio en el entretiempo.

Sería un caso atípico que una debacle futbolística no esté acompañada de una crisis institucional. Es más, generalmente, una es consecuencia de la otra. O entre ambas se gesta un cóctel que deriva ineludiblemente en el fracaso. En este caso, la concreción del tan temido descenso. El aviso de la temporada pasada, en la que también se jugó la Promoción, no fue suficiente. Y esta vez, los errores costaron más caro.

Y sin ánimo de buscar responsables en un momento tan delicado, fue notable el desamparo que volvió a padecer ayer el pueblo canalla. Es que tal vez especulando con la posibilidad de que el equipo no lograra el objetivo, tal como sucedió, la mayoría de los pocos directivos que quedan en funciones decidieron no ir a la cancha. Así siguieron la conducta del presidente, Horacio Usandizaga, quien por prescripción médica lleva buen tiempo sin ocupar su lugar en el palco de autoridades del Gigante.

Otro que en esta instancia brilló por su ausencia fue Manuel Usandizaga. El asesor futbolístico auriazul venía acompañando a la delegación en cada uno de los últimos encuentros, viajando en el mismo micro. Pero ayer, optó por dejar el Gigante de Arroyito en el entretiempo. Así, una vez finalizado el partido, en el medio del caos generado por el resultado adverso, no hubo nadie que se hiciera cargo de nada.

Los jugadores dejaron el vestuario más de dos horas después del encuentro. Y la delegación subió al micro, de regreso a la concentración de Arroyo Seco, sin la compañía de dirigente alguno. Sólo los empleados del club cumplieron con sus funciones. Y un confundido Leonardo Madelón fue el único que aceptó entregar declaraciones a la prensa. Demasiado poco para la lógica necesidad de explicaciones del hincha canalla

Lejos de aceptar con hidalguía la responsabilidad que les cabe por los cargos que detentan, y al igual que los jugadores, los directivos auriazules tampoco estuvieron a la altura que requerían las circunstancias. Central se fue al descenso y la crisis institucional que vive el club es terminal. La sensación de acefalía que se vivió ayer en el Gigante impone la necesidad de un cambio urgente.